Capítulo 13 #2
Con tristeza y resentimiento, agarro la tarjeta que me dio Mariano, la clave de las cámaras, y se la mando a Néstor.
Después tiro el celular a un costado, como queriendo sacarme de encima el problema.
Ojalá con esto se calme, porque no quiero seguir sufriendo por esa clave.
No tengo nada que esconder y me molesta que crea que soy capaz de manipular, cuando siempre prioricé a Brune por encima de todo, incluso de mis propios sueños…
Juli, notando mi gesto, se quita las gafas de sol y me mira con curiosidad.
—¿Qué te sucede? ¿Por qué traes esa cara?
Sus ojos revelan su belleza natural, y me doy cuenta de que no llevaba las gafas para ocultar ojeras, como había asumido por error.
—Siento que Néstor intenta hacerme sentir culpable.
—¿Por qué?
—Creo que está diciendo mentiras sobre mí. Y ahora le parece bien publicar fotos de Brune en las redes sociales, a pesar de que acordamos no hacerlo para protegerla —le explico, sintiendo que me quiebro cada vez un poco más.
—Ya veo… Muestra su papel de padre ejemplar con la idea de que todos lo vean.
—No quiero suponer así, pero… —Mi voz se desvanece, dejando espacio para mis dudas y temores.
—Si estuviera en tu lugar, también pensaría lo mismo.
Decididas a cambiar de tema y alejar la negatividad, se ofrece a encargarse de preparar algo rápido y saludable. Con su característica energía, asume la responsabilidad y me libera de esa tarea.
Por más que intento distraerme, la tensión con Néstor sigue dando vueltas en mi cabeza. Sé que necesito concentrarme en el ahora, y entonces Juli rompe el silencio con una pregunta que me atrapa de inmediato:
—¿Dónde prefieres almorzar?
La emoción se nota en sus ojos cuando le digo que podemos disfrutar la comida en el balcón. El sol me calienta la cara, la brisa del mar me acaricia la piel y el aire fresco del mediodía llena el ambiente. Es como si el entorno acompañara perfecto nuestro deseo de relajarnos y conectar.
Juli consigue que la emoción me gane. Me reconforta verla tan dispuesta a compartir este rato especial, como si armara un refugio de tranquilidad en medio del desorden. Con ella cerca, las preocupaciones se van apagando.
—Me voy a morir de hambre —admito con un suspiro mientras veo lo que ha servido en mi plato.
Mis ojos se fijan en la porción diminuta de comida, apenas suficiente para calmar el rugido de mi estómago vacío.
Sentada frente a mí, Juli suelta una risa melodiosa que llena el aire. Sus ojos brillan con diversión mientras me observa con cariño.
—¡Es broma! Es que suelo almorzar demasiado… Gracias, se ve delicioso.
La comida siempre ha sido una fuente de placer y consuelo para mí. Juli me sirve otra hamburguesa de garbanzo, una versión en miniatura de su creación culinaria. Observo el pequeño bocado con curiosidad y un poco de incredulidad. ¿Cómo puede algo tan diminuto saciar mi apetito?
—Listo, ya me has salvado de morir por inanición —bromeo.
Sonríe, satisfecha con mi respuesta.
—¡Quiero tratarte como si fueras una reina! —exclama.
Una oleada de gratitud y afecto me inunda mientras la miro. Es increíble la manera en la que ha logrado convertir este pequeño momento en algo especial, incluso cuando las circunstancias no son las ideales.
—¿Tienes que trabajar? —pregunto, tratando de cambiar de tema y distraerme de mis pensamientos negativos.
Juli estalla en una risa contagiosa que llena el espacio.
—¿Estás loca? ¡Es domingo!
—Oh, cierto. Ya ni sé qué día es hoy…
—¿Adivina qué? He invitado a Dan y a Marcos. Nos juntaremos a cenar esta noche —anuncia emocionada.
Un escalofrío recorre mi cuerpo y mi corazón da un vuelco. La idea de reunirnos con Dan y Marcos, en especial con Marcos, despierta emociones extremas dentro de mí.
Durante estos años, he soñado con un reencuentro, pero también me aterra la posibilidad de ser rechazada por quien me he convertido, por los cambios que he experimentado. Han pasado tantos años desde que nos vimos por última vez…
Juli, como si pudiera leer mi mente y percibir mi inquietud, me mira con ternura y habla con voz suave:
—¡Qué guapa eres!
Me quedo sin aliento por un momento, sorprendida por su elogio inesperado. Mi mente se esfuerza por aceptarlo, para dejar que esas palabras se hundan en lo más profundo de mí y disipen cualquier rastro de duda que pueda albergar.
—Pero ¿qué dices? —respondo, tratando de sonar casual mientras pongo los ojos en blanco. Es un gesto teatral para ocultar la vulnerabilidad que siento.
—Que eso será lo primero que pensará.
—¿Quién?
—No tengas miedo, So. Ya sabes a qué y a quién me refiero.
No, Marcos no… Voy a pasar por alto el tema, hago como si no hubiera escuchado y le pregunto si ha conocido a un chico interesante. Juli, entendiendo mi indirecta y con un gesto maternal, no insiste y acepta seguirme en la corriente.
Después de disfrutar de nuestro almuerzo, nos acomodamos en el sofá y nos entregamos a una maratón de películas. Juli se recuesta sobre mis muslos, y mis dedos se deslizan con suavidad por su cabello.
—¿Por qué siempre nos han gustado las pelis que nos hacen llorar a mares? —quiere saber, levantando una mano para secar una lágrima que se ha escapado de sus ojos—. Hace dos o tres días, vi Blue Valentine, ¿sabes cuál es?
Asiento, recordando que es una historia intensa y conmovedora sobre el amor y el desamor.
—Sí, la vi hace unos años…
No quiero admitir en voz alta cuánto me identifiqué con esa película en particular, cómo resonó con las experiencias y los sentimientos que he guardado durante mi relación con Néstor.
—Cuando la vi, no pude dejar de pensar en ti —confiesa.
Mi corazón se acelera y un torbellino de emociones me envuelve. Me recojo el cabello, buscando un gesto sencillo para ocultar el nerviosismo que se apodera de mí.
—Pero ¿qué es esto? ¡No lo puedo creer! —exclama, tomando mi mano entre las suyas con una expresión de horror.
Mi corazón se detiene por un momento, temiendo lo peor. Clava la mirada con intensidad en mis uñas.
—¿Por qué están tan maltratadas? —continúa—. ¿Cómo no lo noté antes? ¡Esto es inaceptable!