Volver a mí Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Empujo un poco más, queriendo llegar al meollo del asunto:

—No me refiero a que te hiciera daño físico, sino al miedo de perder muchas cosas, incluida esa supuesta estabilidad económica de la que a menudo hablas.

Las palabras flotan en el aire, cargadas de una verdad incómoda. Observo el rostro de Miriam, buscando señales de reconocimiento o negación. Puedo ver una mezcla de sorpresa e inquietud en sus ojos, mientras lucha por encontrar las palabras adecuadas.

En un acto impulsivo, tomo el esmalte rojo y sin querer mancho sus dedos. Mi corazón se acelera mientras ella se lleva una mano al pecho en señal de sorpresa y alarma.

—¡Sofía! —exclama frunciendo el ceño—. ¿Cómo te atreves?

Me doy cuenta de que he ido demasiado lejos.

Mis palabras han tocado una fibra sensible y he perturbado la tranquila superficie de nuestra conversación.

Me disculpo, sintiendo la necesidad de enmendar mi audacia.

Bajo la mirada, avergonzada por haberme dejado llevar por la emoción. Contengo el aire esperando su reacción.

Toma una profunda inspiración y luego la exhala. Su expresión se suaviza, aunque sus ojos aún muestran un rastro de tristeza y vulnerabilidad. Las palabras que siguen a continuación son pronunciadas en un tono más pausado, con una mezcla de reflexión y melancolía.

—Ya… —dice, su voz ahora más serena—. ¿Sabes?

Tú sí que tienes una hermosa familia, unida y llena de amor.

Me alegra ver que las épocas han cambiado.

Néstor es un ser increíble, no solo te tiene consideración y respeto, sino que además se nota que te quiere, Sofía.

Deberías estar feliz por tus propios logros y no opinar sobre las relaciones ajenas.

Se levanta de su asiento con elegancia y camina hacia las rosas que florecen en el jardín.

La suave brisa acaricia su cabello, dándole un aspecto etéreo mientras se sumerge en su tarea favorita: cuidar y embellecer la naturaleza que la rodea.

Observo su figura alejarse, perdida en sus pensamientos, y siento un atisbo de compasión mezclado con nostalgia.

El entorno parece envolvernos, como si nuestras palabras desenterraran emociones y recuerdos.

Así que, sumida en una mezcla de tristeza y frustración, decido sumergirme en mis redes sociales y comienzo a ocultar cada fotografía que alguna vez compartí junto a Néstor.

A decir verdad, eran muy pocas imágenes; sin embargo, cada una de ellas evoca recuerdos y emociones que prefiero enterrar en lo más profundo de mi ser.

No sé por qué, pero desde el momento en que leí aquel desalentador mensaje de Nina durante mi embarazo, me di cuenta de que estaba quedando como una completa idiota a los ojos de muchas personas, aunque tal vez nadie más lo supiera.

Fue en ese instante cuando la sombra de la duda se apoderó de mí y decidí restringir cualquier rastro tangible de nuestra relación.

Ahora elimino cada publicación y los recuerdos compartidos, y los oculto de las miradas indiscretas.

Además, tengo la esperanza de que nadie más se dé cuenta de esta minuciosa purga virtual.

Es un proceso que me lleva tiempo, ya que a lo largo de los años he mantenido las mismas cuentas.

La noche ha caído y, en medio de mi intento por seguir adelante, me sumerjo en la tarea de preparar la cena. Miriam, atenta a mis acciones, regresa al interior de la casa y su mirada se encuentra con la mesa servida y la comida lista.

—Pensé que ibas a cenar con tu familia —comenta, dejando entrever su sorpresa tras unos minutos de observación.

—No —le respondo con voz apagada—. Néstor y Brune están en casa de Silvia y Samuel. Se quedarán allí durante las vacaciones.

—¿Y tú no irás?

Me tomo un instante para responder, sopesando mis palabras con cuidado.

—Fui, pero regresé por la mañana.

—No deberías dejar sola a tu hija. Tienes que estar con ella. ¡Tú eres su madre! Si le sucede algo, ¿no te sentirás culpable? ¡Dios, la juventud!

Sus palabras, aunque predecibles, no dejan de dolerme. Sabía que Miriam cuestionaría mi decisión, aferrándose a los valores tradicionales de la maternidad.

—¡Brune no está sola! Se encuentra con Néstor, siendo consentida por sus abuelos —respondo con un toque de amargura en mi voz.

—Tú eres su mamá, ¡por Dios, Sofía! No seas irresponsable. Una madre no se reemplaza.

La tensión entre nosotras aumenta. No me sorprende su postura, ya que siempre ha sido una mujer arraigada a las convenciones sociales.

—¡El papel de un padre es igual de importante que el de una madre!

Pero ¿por qué te lo explicaría? Tú siempre has anhelado ocuparte de las tareas del hogar, lavar y limpiar.

Nunca tuviste ambiciones ni deseos de desarrollarte como ser humano.

Solo aspirabas a tener una vida cómoda. —Mi voz se quiebra, dejando entrever mi decepción y frustración acumulada.

—¿Y por eso olvidarás cuál es tu responsabilidad?

—¡No, claro que no! —gruño, tratando de mantener la calma—. ¿Quién te crees para juzgarme como madre?

—El día de mañana, Brunella será quien te condene y te dejará sola porque no la cuidaste cuando debías hacerlo.

Respiro controlando la oleada de emociones que me amenaza.

También yo solía creer en la antigua noción de que debía estar presente las veinticuatro horas del día para mi hija, pero ahora, tras tomar la difícil decisión de separarme, todos debemos adaptarnos a una nueva realidad.

Soy consciente de que ya no compartiré tanto tiempo con Néstor como antes, y tendremos que encontrar una forma de dividir nuestras responsabilidades en la crianza de Brune.

Aunque aún no he tenido la conversación con Néstor, sé que deberemos organizarnos.

—Así será a partir de ahora. Nes y yo ya no estamos juntos —anuncio con una mezcla de tristeza y determinación.

—¡No, no puede ser!

—Pero lo es —le respondo con firmeza.

—¿Por qué? Tienes una familia maravillosa… ¿Qué has hecho, Sofía? ¿Qué locura se te ha metido en la cabeza? ¿Cómo has podido hacer algo así?

—¿Por qué piensas que la culpa es solo mía?

—Ese joven te ama, no puedo creer que él sea el culpable.

Me pongo de pie, sin haber terminado de cenar, y me dirijo hacia la puerta.

—No me importa. Me da igual lo que pienses de mí.

Y me marcho tras cerrar con un portazo que reverbera en el silencio de la noche.

No espero un autobús ni un taxi. Prefiero caminar despacio, sumida en mis pensamientos. Solo necesito deambular, fluir sin rumbo fijo. Busco el teléfono y marco el único número de una persona que de verdad se preocupa por mis sentimientos.

—¡Hey! —exclama con entusiasmo al contestar.

—¿Estás ocupada, Juli? —le pregunto, buscando compañía en medio de la noche.

—¡No! Solo estoy viendo una película en casa. Perdón, estaba llorando… ¡Es una peli triste!

—Es viernes —le recuerdo.

—¡Lo sé! No quise salir de fiesta. Tenía una cita, pero no me convenció. —Su tono revela cierta decepción.

—¡Es raro! Considerando que estás en la eterna búsqueda del amor de tu vida —comento con un toque de ironía, tratando de aliviar la tensión.

—Sí, ya… —Suspira—. Creo que buscar una relación estable a través de Tinder no es una buena idea. —Su voz se llena de resignación y desencanto.

—¿Qué es eso?

—¿Tinder? Una aplicación de citas —explica con una pizca de desinterés.

—¿En serio? ¿Cómo funciona? ¿De esa forma conoces gente y hablas con ellas?

—Sí, sí. Según tus intereses, aparecen personas que podrían gustarte o ser compatibles contigo.

—¡Ah, como un catálogo! Una especie de revista de Avon —comento con una risa, tratando de encontrar humor en la situación.

—¿Qué dices? —Juli se ríe también, permitiendo que un breve momento de alegría ilumine su voz—. En realidad, tienes razón… ¿Cómo estás, So? —Su tono cambia, mostrando genuino interés por mi estado emocional.

—Aquí, echándole ganas a la vida. Acabo de estar con Miriam y le confesé que me separé. —Mis palabras salen con cierta pesadez, llevando el peso de mi reciente decisión.

—Entonces, ¿vas a seguir adelante?

—Muy en serio. ¡Quiero llorar! Es la primera vez que siento la necesidad de dejarme llevar, lamentarme y… ¡Maldición! Nadie debería pasar por un duelo que dure tantos años.

Continúo narrándole lo que sucedió anoche con Néstor, compartiendo los detalles de nuestra separación y la nueva dinámica de estar sola en la ciudad, entretanto él y Brune se quedan con Silvia y Samuel por una semana más.

Camino por las calles iluminadas por la luna, atrapada en mis pensamientos, y Juli se vuelve mi apoyo con cada palabra que compartimos.

Aunque estemos lejos, siento que nos sostenemos mutuamente para no derrumbarnos.

Aun así, en lo más profundo, lo que más anhelo es un abrazo sincero, de esos que te envuelven y te recuerdan que no estás sola.

—¿Piensas quedarte en casa durante tus vacaciones? ¿De verdad, Sofía? —me regaña con una nota de preocupación en su voz.

Mis pasos cansados me acercan cada vez más a casa, sintiendo el dolor en mis piernas por la larga caminata. La noche ha caído, envolviendo el vecindario en un manto oscuro y silencioso.

—¿Qué más puedo hacer? —Suspiro con resignación—. Ya no podía sostener esa historia de cartón que llamábamos relación.

Juli se muestra persistente, insistiendo en su propuesta anterior.

—¿Y si consideras el hecho de venir a la costa como te había comentado? Sería un cambio de escenario y una oportunidad para encontrarte contigo misma.

Mis pensamientos se detienen un instante mientras reflexiono sobre la idea. No sé por qué, pero una chispa de emoción comienza a encenderse en mi interior.

—No lo sé… —respondo vacilante, imaginando la brisa marina acariciando mi rostro y el sonido relajante de las olas rompiendo en la orilla.

Juli no se rinde, comprendiendo mi conflicto interno.

—¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? Necesitas un respiro, Sofía. Permítete ser buena contigo misma, por favor. Quiero recuperar a mi amiga… a mi loca mejor amiga.