Volver a mí Capítulo 10
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Capítulo 10

Ya he leído alrededor de cuatro libros, cada uno con unas trescientas o cuatrocientas páginas. Cinco días han transcurrido desde que nos instalamos en la morada de Silvia y Samuel, y ya es jueves. Me sorprende lo llevadera que ha sido la convivencia hasta el momento.

No puedo evitar preguntarme qué pasa por la mente de Néstor, ya que su expresión siempre se mantiene imperturbable.

Aunque anhelo tener una conversación profunda sobre nuestros sentimientos y el futuro que nos aguarda, hasta ahora no ha surgido la oportunidad.

Sin embargo, no me siento incómoda en lo más mínimo.

Además de sumergirme en la lectura, dándome cuenta de que este entorno tranquilo y apartado es perfecto para relajar mi mente, he dedicado una hora diaria al ejercicio físico.

Es curioso cómo, en tan solo cinco días, he notado ciertos cambios en mi cuerpo.

Aunque no es una actividad que me apasione, siempre he sido buena en ello.

Tal vez mantener esta rutina me ayude a sentirme mejor en general.

Es el momento perfecto para soltar las preocupaciones y dejar que la mente respire un poco.

Decidí darme una vuelta hasta la tienda de la esquina para conseguir los ingredientes y preparar unas pizzas caseras para la cena de esta noche. Mientras regreso a casa con las bolsas llenas, Brune corre emocionada hacia mí, irradiando alegría y energía.

—¡Ma, mamá! Los abuelos quieren llevarme a cenar hamburguesas, ¿me das permiso de ir?

Antes de que pueda siquiera formular una respuesta, Silvia se acerca mostrando su amabilidad y consideración.

—¿Qué te parece, Sofi? Queremos asegurarnos de contar con tu aprobación, por supuesto.

—¡Claro que sí! No hay ningún problema.

—¿Podemos ir al cine también, abu? —pregunta Brune con entusiasmo y brillo en los ojos.

—¡Una idea maravillosa! Haremos todo lo que tú desees, mi amor.

—¡Qué lindo! Espero que se diviertan muchísimo.

—¡Sí! La próxima vez iremos juntas, mami.

Mientras nos despedimos, Silvia me guiña un ojo cómplice, transmitiendo un mensaje silencioso de que Néstor y yo tendremos tiempo a solas para hablar y compartir.

Observo que Brune se aleja emocionada, subiéndose al coche junto a Silvia y Samuel. Deseo desde lo más profundo de mi corazón que pasen una velada encantadora y llena de risas.

Mientras me encuentro inmersa en los preparativos de la cena, Néstor parece haber desaparecido en su refugio personal, quizás sumido en sus propios pensamientos o inquietudes. Pronto, cuando la comida esté en la mesa, me acercaré a su habitación con la intención de anunciárselo.

Juli, 8:31 pm

¿Ya estás lista? Recuerda que te estoy esperando en la costa.

Sofi, 8:32 pm

¡Claro que no! Deja ya de esperar…

Me reconforta saber que Juli está tan presente en mi vida. Aunque ella lo disimule, puedo percibir su preocupación genuina por mí y por todo lo que le he confesado. Su apoyo es un bálsamo para mi alma en momentos turbulentos como estos.

Juli, 8:33 pm

¿Qué tal siguen las cosas con Néstor? ¿Volvieron?

Sofi, 8:34 pm

No, aún soy una novata recién separada…

Juli, 8:34 pm

¡Así me llamaste cuando me separé de mi esposo! Deberías haber aprendido de mi experiencia.

—¿Puedo ayudarte? —pregunta Néstor mientras se acerca a mí por detrás.

—Claro. Ayúdame con la salsa —respondo, agradecida por su apoyo.

Se lava las manos con rapidez y se dedica de inmediato a prepararla. Su rostro refleja concentración y destreza mientras selecciona con cuidado los ingredientes y los combina en el recipiente. La cocina se impregna con el aroma irresistible de la salsa casera.

—En casa, siempre soy yo quien se encarga de hacer la pizza —comenta con una sonrisa de orgullo.

—Es verdad. ¡Tu receta es mi favorita! Aunque no eres un experto en la cocina, siempre te las arreglas de maravilla.

—¿Recuerdas por qué se volvió mi especialidad? —pregunta con una chispa de diversión en sus ojos.

—¡No, por favor! Fue tan vergonzoso.

—¡Fue gracias a tu intento fallido! Quisiste hacer tu primera pizza casera, pero estaba más dura que una roca —añade entre risas.

—¡Basta! No fue para tanto. —Nos echamos a reír juntos, reviviendo aquel incidente.

—Sí, estaba tan dura que apenas se podía masticar, Sofi.

—Tú lo has dicho: fue mi primera vez. Pero aprendí de mis errores. Ya sé buscar bien las recetas y los ingredientes antes de empezar a cocinar.

—¡Y no lo olvides! También descubrimos que yo hago una excelente pizza —afirma con orgullo.

—¡Es verdad! No tengo ninguna queja al respecto…

—Gracias a ti —dice, mirándome de reojo—. No sabía ni cocinar y aprendí muchas cosas gracias a ti. Compartimos muchas cosas… Me siento una mejor persona desde que nos conocimos.

Le sonrío, sintiéndome ruborizar. Estar junto a Néstor me hace sentir cómoda y feliz.

Sus ojos brillan con ternura, acercándonos de nuevo.

Es innegable que todavía existe un profundo cariño entre nosotros.

Me resulta difícil imaginar mi vida sin él.

La conexión va más allá de nuestra hija.

Nos han ocurrido momentos hermosos que trascienden la lógica y la razón.

Nos acomodamos juntos en el sofá del salón mientras disfrutamos de la pizza.

—¡Me encanta! Está deliciosa, de verdad. Gracias por ayudarme, eres el mejor.

—Las cosas salen mejor cuando se hacen con amor y dedicación.

—Además, tenemos mucha hambre —agrego riendo.

—¡Ah, se me olvidaba algo! —exclama, dirigiéndose a la cocina.

—¿Me puedes traer un plato, por favor?

—¿Estás loca? —grita en tono juguetón—. ¡La pizza se come con las manos!

—¡Oh, please! No quiero ensuciarme así. Además… ¡Me sentiría muy mal si arruino la tapicería de tus padres!

—Mira lo que tengo —anuncia, mostrando un plato en una de sus manos mientras agita una lata de cerveza con la otra—. ¿Todavía es tu favorita?

—Repito: ¡eres el mejor! Muchas gracias.

—He estado esperando el momento adecuado. ¡Por fin ha llegado!

Nos acomodamos juntos, como en los viejos tiempos, y la pizza desaparece más rápido de lo que debería.

La comedia nos hace reír a carcajadas, la bebida acompaña, y el ambiente se vuelve tan cálido que casi parece un chiste: dos ex compartiendo risas como si la vida fuera más simple de lo que realmente es.

—Mira esto… —dice, mostrándome otro meme político que anda dando vueltas—. La gente tiene una creatividad increíble: logran resumir la realidad en una imagen y encima hacerte reír.

—En realidad, reímos para no llorar.

—¿Te ayudo en algo?

—No, estoy terminando. —Me pongo a lavar los trastos y él se queda cerca, lanzándome esas sonrisas que casi hacen que fregar sea divertido.

—Oh, escucha…

La música comienza a sonar. Enseguida reconozco la canción que se desprende de los altavoces.

—¡Niña bonita!

—¡Niña bonita! —repite, contagiado por mi entusiasmo—. ¿Me concederías este honor?

Acepto su mano sin pensarlo. Hace siglos que no bailábamos y la mezcla de emoción y nostalgia me desarma.

Mis pies tropiezan con los suyos y terminamos riéndonos como cómplices, llenando el aire de carcajadas.

Cantamos a todo pulmón, sin preocuparnos por quién pueda escucharnos, mientras él me hace girar por la habitación como si fuera un escenario improvisado.

La canción, la primera que Néstor me dedicó, trae recuerdos que quiero guardar con cuidado…

aunque ahora se mezclen con risas y pasos torpes que la hacen todavía más especial.

Al llegar al último compás, nos abrazamos con fuerza, como si quisiéramos fundirnos en uno solo.

Al separarnos, encuentro su mirada llena de una profunda pena, y me doy cuenta de que acabo de despertar en él una chispa de esperanza.

Por un momento, sus ojos se posan en mis labios con un anhelo palpable.

Sin embargo, antes de que pueda acercarse más, lo detengo.

—¡No! —exclamo, impidiendo el beso que estaba a punto de suceder—. Por favor, no lo hagas.

—¿Por qué? ¿Por qué no podemos intentarlo? —pregunta con voz entrecortada.

—No quiero que me presiones. No es correcto.

—¡Pero nos amamos!

¿Lo amo? No tengo las fuerzas para decirle que no estoy segura.

—Necesito espacio. No me siento lista, perdón.

—¿Por qué nos haces esto después de tantos años juntos? ¿Por qué estás destruyendo lo que hemos construido?

—No sé qué decirte. Lo lamento.

Sus ojos se empañan con lágrimas que amenazan con escaparse.

—Por favor, no me odies.

—¿Qué podemos hacer para resolver esto? Busquemos el camino de regreso. ¡Ayúdame, Sofi!

—Es difícil. Me siento perdida por completo.

—¿No eres tú, soy yo? No me vengas con tonterías.

—¡Estoy confundida, Nes! Muy saturada. La cabeza me va a explotar y son cosas que van más allá de nosotros. Son mierdas internas. Dudas, desorden, planteamientos existenciales… ¡No me siento bien! Estoy…

—¿Por qué nunca dijiste nada, Sofi? Háblame. ¡Dime qué te sucede y por qué! No puedo adivinarlo, ni sacar conclusiones sin tu ayuda. No nos está haciendo bien. Resolvamos esto lo antes posible, recuperemos el control. Necesitamos estabilidad, sobre todo por el bienestar de Brunella.

—¡Lo sé!

—¿Por qué te comportas así? ¿Qué sientes? ¿Qué es lo que quieres? —pregunta, sumido en la desesperación.

—Solo deseo estar bien. Necesito encontrarme de nuevo.

Pero no esperes respuestas inmediatas, porque aún no las tengo.

Dame tiempo, Nes. Hay heridas que aún no han sanado, cosas que todavía me causan un profundo dolor.

Aunque no lo mencione, hay mucho que me cuesta perdonar, tanto de mí misma como de los demás, incluso de ti.

—No eres clara. ¡Siento que estás jugando conmigo, Sofi!

—No es así —exclamo, sintiendo cómo la histeria se apodera de mí.

—No voy a estar a tus pies. ¡He hecho todo bien! ¿En qué he fallado? ¿Dónde he fracasado?

—¿Por qué no puedes entenderme? ¿Es que no quieres esperar? Si de verdad me amas, debes darme algo de tiempo.

—¡He tenido paciencia de sobra durante años! ¿Qué ha sucedido hasta ahora con tus silencios? Nuestra vida sexual es un completo desastre.

—Por favor, deja de mencionar el sexo. ¡No todo es sexo!

—El sexo sí importa.

—Estoy tratando de encontrarme a mí misma, de sentirme bien. Así que… ¡No me presiones! Si decidimos seguir juntos, debe ser una elección honesta, no basada en manipulaciones.

—¿Sabes cuál es el problema, Sofía? ¡Te elegí a ti! Me duele que no puedas hacer lo mismo conmigo.

¿Me eligió? No entiendo a qué se refiere. Sacudo la cabeza, abrumada por la confusión.

—También te he elegido durante todos estos años, Nes.

—Cuando la distancia entre nosotros era gigante, Sofía, pensé en ponerle fin a nuestra relación. ¡Pero no lo hice porque te elegí! Creía que el dolor valdría la pena.

—¿Me estás acusando?

—Tenía opciones.

—¿De qué hablas? ¿Qué opciones? No entiendo.

—El amor no lo es todo.

—¡Sí, lo es!

—Hemos construido una familia, Sofía. ¿Comprendes lo que eso significa? Es lo más valioso que un ser humano puede tener. —Me mira de arriba abajo antes de agregar—: Pero te entiendo, tú no creciste con esos valores.

Mi corazón se parte en mil pedazos. Duele más que cualquier golpe físico.

—Eso fue cruel —susurro, luchando por contener las lágrimas—. Pero sigo sin entender. Dices que el amor no lo es todo, aunque es la base de una familia, ¿verdad?

—¿Todavía me amas?

—Me lo has preguntado miles de veces.

—Y nunca me has dado una respuesta honesta… para no lastimarme, ¿verdad? Bueno, yo tampoco quería lastimarte. —Hace una pausa—. ¿Serías capaz de destruir una familia si empezaras a amar a alguien más?

—¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

Lo comprendo en el instante en que nuestras miradas se encuentran. Veo… Percibo muchas cosas en sus ojos, desde su vulnerabilidad hasta su culpabilidad.

—¡Oh, no!

—No es lo que piensas.

—Te refieres a ti, ¿verdad? Estás hablando de Nina.

Él toma aire y lo suelta, tratando de calmar la ira que lo envolvía.

—Nina fue lo más hermoso que me pasó en la vida, así que ten cuidado con lo que vas a decir.

—¡Me has mentido todo este tiempo!

—Me he quedado a tu lado. La única víctima aquí es Nina.

—¿Y cuántas más?

—Oportunidades no me faltaron nunca. Pero no hubo nadie más, lo juro. Y no fue para tanto, yo… Nina y yo no llegamos a nada. No concretamos.

—¿No fue para tanto? Me engañaste igualmente.

—No tienes pruebas.

—¡Lo estás admitiendo! —grito.

—¡No fui infiel, Sofía! No tienes ninguna prueba, así que nadie te va a creer. Ahora estamos separados y yo estoy destrozado. La culpa es tuya.

Acabo de entender cuál es su estrategia, sus ganas de destruirme.

—Si tanto quieres saber, Nina intentó besarme miles de veces, pero yo no pude hacerlo. Y seguí a tu lado, fiel y leal.

Desconozco si llegaron a consumar. Solo me queda confiar en sus palabras. No tengo pruebas concretas, pero…

—Me hiciste creer que me amabas.

Aparta la mirada, dejando caer sus hombros y tragando con fuerza.

—La familia es lo más importante.

—Eres tan triste…

—Sofi, confía en mí.

—¡No te acerques! Me das asco…

Detengo su avance, impidiendo que ponga sus manos sobre mí. ¿Por qué vi amor donde no existía?

—Regresemos. Volvamos a estar juntos, mi niña bonita.

—¡Cállate!

—No me dejes, no hagas esto.

Duele saber que me mentía mientras me miraba a los ojos y juraba que conmigo era feliz.

—Lamento que me hayas elegido, Néstor. Si te hubieras ido con Nina, ambos seríamos más felices en estos momentos, ¿sabes? La historia sería otra. Me habrías ahorrado toda esta maldita culpa que he sentido hasta ahora.