Volver a mí Capítulo 9 #2
28%

Capítulo 9 #2

Lucía parece estar muy molesta y me pregunto qué habrá dicho Néstor para generar esa reacción.

Si él se siente herido, lo oculta muy bien.

Si Lucía no lo hubiera mencionado, no me habría enterado.

Estaba convencida de que su actitud no se vería alterada.

¿Por qué? Existen dos posibilidades: soy insensible o él está ciego.

¿De verdad creyó que nuestra relación marchaba de maravilla?

Era evidente que no. Además, no es algo que haya surgido de la noche a la mañana; esta situación comenzó a desmoronarse desde mi embarazo.

Nosotros permitimos que esto ocurriera, nos dejamos arrastrar hacia el agotamiento.

Me pregunto hasta qué punto Néstor quería llegar con sus acciones.

Aunque nuestra relación no estuvo marcada por el maltrato, tampoco ha estado llena de un amor incondicional y profundo.

Silvia y Samuel se encuentran radiantes de felicidad al tener a su hijo y a su nieta en casa.

La atmósfera rebosa de alegría mientras Samuel se ocupa de preparar una deliciosa cena, tras un día lleno de risas y diversión.

El aroma tentador de la comida invade la casa y todos nos lanzamos a devorarla con entusiasmo, dejando los platos vacíos.

El cansancio de a poco empieza a hacer estragos en mi cuerpo, recordándome la intensidad de las actividades del día: las carreras interminables, los juegos en la piscina, lanzar y atrapar balones.

El agotamiento se hace presente, generando un dolor generalizado en mi cuerpo.

Necesito descansar y recobrar energías, por lo que no demoraré en marcharme a la cama.

Samuel, sintiéndose satisfecho y agotado, es el primero en retirarse.

Aunque me ofrezco a ayudar a lavar los trastos, Silvia rechaza mi oferta con amabilidad, ya que desea hacerlo junto a Brune.

Me quedo en un rincón, con la intención de colaborar, pero ambas parecen pasar de largo, sumergidas en su propia dinámica.

Observo que se ocupan de la tarea, sin necesitar mi ayuda.

Al finalizar, Brune se sacude las manos, despreocupada, y anuncia su intención de irse a la cama para ver televisión.

Es entonces cuando Néstor sorprende a todos al manifestar su deseo de leerle un cuento, generando un brillo de asombro en los ojos de la niña.

Se abrazan con fuerza, y él la invita a seguirlo.

Me encuentro en un dilema, sin saber si debería acompañarlos o respetar su espacio íntimo.

No he recibido una invitación explícita, y esa incertidumbre me deja vacilante.

Silvia, como si captara mi inseguridad, coloca sus cálidas manos sobre mis hombros, transmitiendo su afecto a través del contacto físico.

—Gracias por regalarnos una nieta tan maravillosa.

Las palabras dulces de Silvia siempre me conmueven y despiertan sentimientos encontrados en mí. Contrastan con la actitud distante y fría de Miriam. Cuando me enfrento a situaciones tan diferentes a las que estaba acostumbrada, me resulta difícil responder de manera adecuada.

A veces siento que he vivido dentro de una burbuja, lejos de otras formas de querer y de ser querida. Y ahí me cae la ficha de lo corta que es mi visión: hay cosas que simplemente nunca voy a entender. Al fin y al cabo, soy humana, con límites que no me dejan abarcarlo todo.

—Eres como una hija para mí. Siempre serás parte de nuestra familia.

M doy cuenta hacia dónde se dirige la conversación.

La conclusión es clara: Néstor ha hablado con más personas de lo que yo imaginaba.

Lo ocurrido con Lucía tiene su lógica, ya que ella es su amiga, su apoyo y confidente.

Sin embargo, el hecho de que haya compartido nuestros problemas con su madre, y tal vez con su padre, me hace tomar conciencia de mi precipitada decisión.

Una oleada de frustración me inunda, pues entre nosotros aún existía la posibilidad de comunicarnos mejor, de intentar arreglar las cosas.

¿Por qué no esperó un poco más? ¿Por qué tuve que actuar de forma tan impulsiva?

Estoy segura de que aquellos como Lucía pensarán que he enloquecido o que he perdido la razón.

La imagen que los demás tenían de la relación era la de dos personas que se amaban con intensidad.

Siento que Néstor no ha respetado nuestros tiempos ni intimidad. No había necesidad de involucrar a otras personas en los problemas y diferencias que nos pertenecen.

—Lamento no tener una habitación de huéspedes disponible para que te alojes. Sin embargo, puedes utilizar el cuarto de Uriel, que sigue desocupado.

—Ve a la cama, no te preocupes por mí. Hablaré primero con Néstor.

Me dirijo hacia la habitación, tras despedirnos con un abrazo. El ambiente se carga de tensión mientras espero su llegada. Finalmente, él entra en la habitación y, por primera vez después de un largo día, nuestros ojos se encuentran.

—¿A quién más le has contado que nos separamos?

—¿Nos separamos? Tú me dejaste.

—Es lo mismo, ¿a quién más le has dicho?

—No me acuerdo.

—¿Por qué lo hiciste?

—Tengo el derecho de hablar. ¡No puedes prohibirme nada!

—Pero quiero saber…

—¡Me dejaste y punto! ¿Ahora qué te importa lo que yo hable con las personas que me quieren?

—En medio de tanta mierda, yo todavía veía una salida, Nes.

No soporto su mirada y el resentimiento que no para de crecer entre nosotros. Siempre seré yo la equivocada cuando él cuente la historia, por eso me enoja esta situación. Como si quemara mi piel, me retiro de su espacio y me encierro en el otro cuarto vacío. Prefiero dejarlo atrás, sin palabras.