Capítulo 7 #3
Me encontraba en la cama leyendo como todas las noches.
Néstor se unió a mi lado, aunque él se hallaba absorto en su teléfono y las redes sociales.
En un momento, se le abrió una conversación pendiente en la que había diversas fotografías de Nina junto a dos hombres, casi pornográficas por lo explícitas que eran.
―¿Esa es Nina? ―quise confirmar.
―Eh, sí ―contestó Nes, tratando de eliminar las fotos de la galería.
―Perdón que lo haya visto…
―No pasa nada.
―¿Por qué te envía esto? ―pregunté, tratando de comprender y no sacar malas conclusiones.
―Somos amigos y compartimos muchas cosas… ―respondió con desinterés, lo cual me dejó perpleja.
―Daniel y Axel no me envían imágenes de ellos en la cama teniendo sexo. Tampoco Julieta y eso que ella no tiene ningún tipo de reparos, Nes.
Estaba convencida de que la intención de Nina era despertar los celos de Néstor.
―¿Y tú lo haces? ¿Le enviarías fotos mías contigo? ―cuestioné, sintiendo una mezcla de enojo y curiosidad.
―Ni siquiera tenemos sexo, Sofía.
―Vamos a hacerlo ―lo desafié―. ¿Qué te parece?
Tragó saliva y negó con la cabeza, luciendo molesto.
―Nina es… Quiero cuidarla, está tomando malas decisiones y me preocupa.
Por el tono de su voz, tan indignado y rabioso, supe que Nina había logrado su objetivo: los celos de Néstor eran evidentes.
No volvió a mencionar a Nina por una larga temporada y, por primera vez, tuve la iniciativa de preguntarle por ella.
―No sé… Ya no quiero saber nada con respecto a esa mujer.
―¿Por qué? ―Si la sorpresa contara con un rostro, hubiera sido el mío en ese instante.
―No me interesa ser amigo de una persona inmadura e irresponsable. No tengo nada más que decir.
Así fue como Nina desapareció de nuestro camino, al menos eso es lo que aún creo.
Esa era la versión de Nes y me bastaba. Yo estaba batallando contra mis propios demonios como para querer indagar en la otra cara de la moneda.
No sé por qué Nina volvió a mi cabeza con tanta fuerza. En este día gris, su presencia se siente pesada, y sus recuerdos me dan vueltas como nubarrones a punto de soltar la lluvia.
Brune ya se fue a la cama, tranquila en sus sueños, y yo sigo peleando con mis pensamientos enredados. El libro que tengo en las manos está prácticamente olvidado; apenas avancé unas páginas porque mi cabeza anda en otra parte.
De repente, una voz interrumpe el silencio opresivo de la habitación.
—Hola —dice Nes, dejando una pequeña caja sobre la cama.
Su voz suena casi como un susurro en medio del aire cargado de tensión. Mis ojos se van directo al regalo: una cajita que parece traer promesas dulces, aunque pasajeras.
—Hola… ¿Es para mí? —pregunto, tratando de disimular la amargura que se me escapa en el tono.
—Así es.
Son pequeñas delicias que parecen un gesto de tregua en medio de la tormenta que nos rodea.
—Gracias… No hacía falta —murmuro, sintiendo cómo cada palabra arrastra lo que no me atrevo a decir.
Se acomoda a mi lado en la cama y me observa con detenimiento, buscando respuestas en los pliegues de mi rostro cansado.
—¿Ya reflexionaste? —indaga con una intensidad que penetra en lo más profundo de mi ser.
—Lo hago muy seguido.
—No es eso… Quiero saber si has aceptado que cometiste un error.
Los recuerdos se me cruzan con emociones confusas.
Nina sigue ahí, como un fantasma que no se borra.
Los boletos de avión que nunca existieron todavía pesan igual que una la promesa rota de una escapada.
Mis vacaciones terminaron siendo puro caos emocional.
Todo corre a una velocidad absurda, y yo me siento arrastrada sin poder frenar.
Una chispa de rebeldía arde en mi pecho.
Me levanto de un salto, dejando atrás los chocolates que ahora parecen malditos, cargados de insinuaciones y falsa dulzura.
Opto por buscar refugio en nuestro viejo sofá, en la comodidad desgastada de los momentos compartidos que ahora se sienten distantes y frágiles.
El silencio envuelve la sala mientras me acomodo, abrazando mi propia soledad.
Mis pensamientos van y vienen como una tormenta, siempre entre la aceptación y el dolor.
En la oscuridad me pongo a pensar en los errores y en esas decisiones que nos llevaron por rutas difíciles.
Mi vida parece un sendero lleno de espinas, donde las preguntas no tienen respuestas simples y las emociones se enredan en un nudo difícil de soltar.
Nina, esa presencia que no soporto parece haberse instalado en los rincones más oscuros de mi mente. Me sigue desafiando desde su escondite invisible.
Luego pienso en lo frágiles que son los lazos que tengo con quienes me rodean y en cómo se desvanecen con el tiempo.
Y en medio de mi propio caos, me pregunto si todavía se pueden curar las heridas, si hay forma de recomponer lo roto… o si lo más sano es dejar que todo se disuelva en el olvido.
Me hundo un poco más en el sofá gastado, sin saber si algún día voy a encontrar respuestas o si estoy condenada a seguir navegando entre mis propios fantasmas.
El tiempo se me escapa en silencio y mi corazón late al ritmo de las preguntas que no me dejan en paz.
Por ahora, me aferro a la calma momentánea que me da este sofá, esperando que en algún momento la claridad aparezca entre las sombras y me muestre el camino que tanto busco.