Volver a mí Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—Es mi exnovia —me explicó Néstor con calma—. Salí con ella antes de conocerte.

En fin, mi relación con su familia aún es así. Solo recibo palabras desagradables y con doble sentido, excepto cuando necesitan algo a cambio.

Los motivos fuertes que me empujaban a separarme de Néstor nacieron ese día con la mención de Nina. Resulta que tenían un noviazgo perfecto, y cortaron porque ella se mudó a varios kilómetros de distancia. A pesar de eso, se mantenían en contacto constante a través de las redes sociales.

Decidí llevar a Néstor a visitar a mi madre para presentárselo.

Ella estaba ilusionada, así que preparamos juntas un rico banquete.

Sin embargo, Néstor parecía estar más interesado en su teléfono que en nosotras.

Mientras yo servía la comida, el teléfono de Nes quedó expuesto a simple vista con un mensaje que no debería haber leído jamás.

En ese texto corto y directo, Néstor le confesaba a Nina que aún conservaba una foto suya, algo sobre un vestido rojo sexi, y le aseguraba que nunca la olvidaría.

Además, le pedía más imágenes de ella en ese estilo para recordarla mejor.

Fue doloroso, como si cientos de libros estuvieran aplastando mi propio cuerpo.

Fue Nes quien insistió en mil formas de tener una relación seria, pero ¿con qué intenciones si no sería capaz de olvidar a Nina?

Ya nos habíamos aceptado. Ya nos habíamos presentado juntos ante nuestras familias, así que no podía entenderlo.

No tuvo ni siquiera un mínimo de cuidado…

Era como si estuviera deseando que lo descubriera.

Después de despedirme de Miriam, lo increpé en el momento que intentó tomar mi mano. Se ofendió cuando mencioné a la chica del vestido rojo.

—¡Es ilegal que no respetes mi intimidad! El hecho de que me comunique con mi ex no es un delito, Sofía. ¡Podría denunciarte!

No respondí a semejante amenaza y seguí caminando a paso firme. No me detuve y, cuando miraba hacia atrás, lo veía siguiéndome con cara de perro herido. Al llegar a casa, después de caminar durante una hora, me pidió perdón.

—Nina y yo somos amigos, tenemos mucha confianza. Has interpretado muy mal las cosas, Sofi. Créeme.

Me mostró cómo entraba a su galería de imágenes y borraba esa foto de Nina con el famoso vestido rojo.

Desde ese momento hasta que quedé embarazada, ocurrieron otras cosas…

Cada vez que Nina era mencionada, notaba una chispa especial en la mirada de Néstor.

Sus padres también parecían obsesionados con ella, siempre trayendo un tema de Nina a colación cuando yo estaba presente, como si fuera a propósito.

Me preguntaba si Néstor también lucía esa mirada particular cuando hablaba de mí con los demás, algo imposible de confirmar.

Viví la peor etapa de celos durante el embarazo.

Cierta noche, alrededor del séptimo mes, quise aliviarme del calor insoportable con un poco de helado.

Lo primero que hizo Néstor al llegar del trabajo fue encender su portátil, justo frente a mis ojos, y dirigirse al cuarto de baño, donde se encerró durante varios minutos.

Mientras terminaba mi helado, él recibió una notificación de Facebook.

La curiosidad me venció y no pude resistir la tentación de mirar la conversación abierta.

Nina le cuestionaba por qué no le había dado «me gusta» a su foto de perfil.

La pose en la imagen era sexi, ella mostraba su espalda y resaltaba sus atributos gracias a un vestido negro muy corto.

No pude evitar compararme, ya que en ese entonces tenía casi quince kilos de más y me sentía horrible.

Mis emociones estaban a flor de piel. Intenté contenerme, me dirigí hacia la habitación, pero tuve que regresar y preguntarle por qué mi novio, en mayúsculas, debía darle «me gusta» a su foto.

Antes de enviar el mensaje, llegó otro de parte de Nina en el que le preguntaba si ya se había masturbado pensando en ella en el baño, tal y como le había prometido.

No pude evitar esa imagen de Néstor a unos cuantos pasos de mí…

Con lágrimas en los ojos, le envié un insulto, ya ni recuerdo cuál…

Nina respondió con rapidez, tratando de disculparse y argumentando que se había equivocado de chat, que el mensaje no era para Néstor.

Esas fueron las únicas palabras que pude leer antes de presenciar la reacción explosiva de él, quien soltó un grito de furia y salió del baño con una expresión de rabia descontrolada.

—¿Qué haces, Sofía? ¡Estás loca, maldita sea! —Me tomó del brazo—. ¡No toques mis cosas!

Fue la primera vez que sentí miedo. Lo que sucedió es simple de explicar: la notificación llegó a su teléfono, y por eso se enteró de que le había respondido.

El impacto fue abrumador. La angustia se apoderaba de mí, desgarrando mi corazón y dejándome vulnerable. Las lágrimas comenzaron a emerger sin control, mientras trataba de comprender la magnitud de lo que acababa de descubrir.

La confusión y la desilusión se mezclaron en mi mente, formando un torbellino de emociones que se contradecían.

Sentí una punzada de dolor ante la traición y la falta de respeto.

Me resultaba incomprensible cómo Néstor podía haberme engañado de esa manera, ocultando la verdad detrás de una fachada de compromiso y seriedad en nuestro vínculo.

Las palabras de Néstor, tratando de convencerme de que su relación con Nina era amistosa, resonaban en mi cabeza.

Sin embargo, era difícil creer en sus argumentos cuando las pruebas eran tan contundentes.

La confianza que había depositado en él se desvaneció en un instante, dejando espacio para la sospecha.

Aquella noche se volvió una pesadilla llena de amargura.

Fue entonces cuando comencé a comprender que el universo me estaba enseñando una dura lección sobre la soledad y la fragilidad de las relaciones humanas.

Mis expectativas de un amor puro y sincero se desmoronaron frente a la realidad de la infidelidad y la decepción.

Me refugié en mi cama, envuelta en un mar de lágrimas y pensamientos tumultuosos. Cada latido de mi corazón parecía recordarme el dolor que me embargaba, y me sentí abrumada por la sensación de estar perdida en un mar pesado y oscuro.

Néstor, en un intento por reparar el daño causado, se acercó a mí durante la madrugada, buscando consuelo en un abrazo. Aunque su gesto pretendía ser reconfortante, no podía evitar sentir una barrera invisible entre nosotros. La confianza había sido dañada, y no sabía si podría ser restaurada.

Tiempo después, Nina regresó a la ciudad.

Se mudó a nuestro vecindario. Debido a esto, Néstor decidió acompañarla, le ayudó con la mudanza y luego le consiguió un empleo.

Esta cercanía volvió a despertar los temores y las inseguridades en mí.

Se visitaban a diario, en especial por las mañanas.

Cuando Brune era una bebé, yo llamaba desde mi trabajo para estar al tanto de mi pequeña y podía escuchar a Nina de fondo.

No puedo describir con palabras lo traicionada que me sentía, cada emoción intensificada.

Detestaba que cualquier ser vivo se acercara a mi bebé.

De vez en cuando, Néstor y Nina salían juntos para divertirse por la noche. No ocurría con frecuencia, ya que él es una persona muy hogareña. Recuerdo que la llevaba como acompañante cuando tenía eventos y fiestas laborales.

Un día, Néstor me anunció que Nina quería conocerme.

Aunque al principio me resistí, terminé aceptando su propuesta.

Me reí cuando me preguntó si sería capaz de golpearla; me dijo que era un miedo que ambos tenían.

Algo ridículo, a mi parecer. Finalmente, sucedió el encuentro.

Llegué a casa del trabajo y me encontré con la imagen de Brune en brazos de esa mujer.

Lo primero que hice fue rescatar a mi hija, invadida por los celos.

Me hubiera gustado no sufrir de esa manera, quizás debería haber ido a terapia en busca de ayuda…

Intentaba disimular todo el tiempo el miedo de perder a mi pequeña familia.

En mis peores pesadillas, Nina y Silvia eran malvadas y secuestraban a mi pequeña.

Prefería ponerle un moño en la cabeza a Néstor y rogarle a Nina que se fueran juntos, pero que me dejaran en paz con mi niña.

El encuentro fue incómodo y lleno de tensión. Ella irradiaba confianza y seguridad, cualidades que yo había perdido en el camino. Nos saludamos con cortesía, pero noté una chispa de desafío en sus ojos. Entendía por qué Nes aún se encontraba interesado en Nina, era más guapa en persona.

Néstor y yo no teníamos intimidad desde antes del nacimiento de Brune, y ya había pasado más de un año. Si él me estaba siendo infiel, podía entenderlo y juro que no me importaba en absoluto. Me hallaba en ese punto de desapego emocional.

Después de un buen tiempo, la historia tomó otro rumbo.