Volver a mí Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Pero él sigue absorto en sus propios asuntos, sin siquiera responderle.

Desanimada, mi hija suspira y anuncia que va al baño. Observo cómo se aleja, sintiendo una mezcla de frustración y tristeza por la falta de interés de su padre.

Me vuelvo hacia él con una combinación de resentimiento y dolor acumulado.

—Néstor, en este preciso momento, solo deseo que te caiga un rayo.

Él me sostiene la mirada, sorprendido y ofendido, como si yo fuera quien ha dicho algo estúpido.

—¡Yo no fui! —responde, repitiendo esas tres palabras que ha pronunciado tantas veces en el pasado, lo que evoca en mí más pena que cualquier otra cosa.

Parece tan infantil, como un niño atrapado en una travesura que utiliza esa defensa como su primera línea de argumentación: «Yo no fui».

Aunque me muero por soltar todo mi veneno y preguntarle de qué forma piensa enamorarme otra vez, opto por cerrar la maldita boca. No quiero avivar más el fuego que ya está ardiendo entre nosotros. No deseo arruinar nuestro día de descanso.

Mientras intento contener mis palabras, no puedo evitar sentir una mezcla de desilusión y cansancio.

Mañana nos espera un día de trabajo y no tengo ganas de enfrentarlo.

Además, este domingo que debería ser de descanso y disfrute se está convirtiendo en algo lejano a lo que había imaginado.

Y esa desilusión se incrementa aún más al darme cuenta de que no llevo la vida que soñaba para mí.

No esperaba que las cosas fueran así. Al mismo tiempo, debo aceptar mi responsabilidad, ya que fue lo que busqué y elegí.

Me asusta pensar en cómo sería mi vida en otro escenario, qué tan miserable podría ser si hubiese tomado un camino diferente.

Y a pesar de todo, pienso que no habría una vida mejor si Brune no estuviera en ella y, por consiguiente, Néstor.

Mientras mi volcán interior se calma, mi pequeña regresa con una sonrisa en el rostro, lista para seguir jugando conmigo. Se frota las manos, emocionada al sentarse frente a mí, mostrando una mirada traviesa llena de determinación.

—¡Ahora sí vas a perder! —me promete con entusiasmo.

Pero Néstor interrumpe, interponiéndose en el juego:

—Brune, cinco minutos más y a la cama.

Ella revuelve los ojos y hace gestos graciosos en un intento de convencerlo de lo contrario.

Néstor por fin levanta la vista de la pantalla de su teléfono y pregunta distraído:

—¿Qué?

—¡Te acusaré con mamá! No me escuchas… —dice ella, frustrada.

Una vez más, Néstor muestra esa actitud indiferente…

El fuego interior se enciende dentro de mí al ver que se ríe.

Ese odio que siento cuando ignora a nuestra hija me lleva a cuestionar cuánto de eso veo reflejado en él y si en realidad es una proyección de mis propios sentimientos.

Néstor me hace señas con la mano, pidiéndome que termine con rapidez la partida.

Me obligo a perder. Celebramos la victoria de Brune con entusiasmo.

Luego la acompaño a la ducha y la acuesto en la cama.

Mientras está cómoda, rodeada de sábanas y peluches, puedo ver en su sonrisa un pequeño espacio vacío donde hace poco se le ha caído un diente.

—¡Un cuento, por favor! —me pide antes de dormir.

Comienza una nueva aventura de palabras.

Amo las historias y disfruto tanto al contarlas como ella al escucharlas.

En momentos así, me permito ser improvisada y espontánea, dejando fluir todas las locuras y ocurrencias que tengo en mi mente y que la divierten.

Sin embargo, también siento un nudo en la garganta al pensar en cuántas personas no aprobarían esto: Samuel, Silvia, Néstor, Miriam y hasta mi padre, si estuviera vivo.

Incluso Uriel, el salvaje hermano de Nes, con quien nunca me he llevado bien.

Y no tengo dudas de que Lucía estaría en la misma posición que ellos, sin entenderlo.

Una vez más, deseo regresar al pasado… con Julieta, Marcos y Daniel. Mis amigos nunca me juzgaron.

Brune ya no puede mantener los ojos abiertos. Después de terminar la historia, su suave ronquido llena cada rincón. Le tiro un beso al aire, dejando una lámpara encendida por su miedo a la oscuridad, y me retiro de la habitación color rosa más hermosa de todo el mundo.

Me encuentro con Néstor, que recién ha salido de la ducha.

—¿Tienes planes?

—Así es —responde—. Tenía un compromiso pendiente.

Me sorprende que no me lo haya mencionado antes. Siento que esta salida es improvisada, como si fuera a último minuto.

—¿Tienes ganas? —le pregunto.

—No, pero entiendes que siempre cumplo mi palabra, ¿verdad?

Me lleno de dudas, sin saber por qué. Vuelvo a sentirme injusta por desconfiar. Me digo a mí misma que debo dejar de ver fantasmas donde no los hay, de no construir películas mentales repletas de catástrofes.

—Diviértete —le deseo—. Te ves guapo.

Los años le sientan bien y su aroma es agradable. Me pregunto si podré dormir sin su presencia.

Lo acompaño a la entrada y nos despedimos con un breve beso.

Más aliviada, regreso a la cama y me preparo para leer hasta que mis ojos ya no puedan mantenerse abiertos.