Volver a mí Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

Después de ese revelador día, las cosas cambiaron por completo. Abi se enfureció conmigo cuando nuestros padres intervinieron, como si fuéramos dos seres devorados por la perversión. Me dijo que me odiaba, que había arruinado su vida y que no quería volver a verme nunca más. Y así fue…

También me convertí en la decepción de mis padres, en la hija no deseada con suficientes motivos para que se sintieran así. Reunieron todas las razones posibles con el propósito de no estar orgullosos de mí y me lo arrojaron en la cara una y otra vez.

A pesar de los esfuerzos que hicieron por hundirme y hacerme sentir mal conmigo misma, estoy orgullosa de decir que no lograron su cometido por completo.

Pudieron quebrarme, pero resistí… porque cada acción que tomé surgió del amor.

¡Sí, claro que fue por esa razón! No puedo avergonzarme de haber tenido la suerte de experimentar un sentimiento tan puro y genuino.

No me arrepiento de abrir mi corazón por completo.

Abi fue mi primer amor y aún la recuerdo con cariño. Espero desde el fondo de mi alma que esté bien, donde quiera que se encuentre, y deseo que me haya perdonado por defraudar su confianza.

«Dios los cría y el viento los amontona».

Miriam usa la frase de manera negativa, para dividir y creerse mejor, logrando que retumbe en mi mente.

Sin embargo, lo único que consigue es recordarme que el destino y las circunstancias nos moldean, pero nosotros tenemos el poder de enfrentarlos y encontrar nuestro propio camino.

Néstor no ha dedicado ni un segundo a enviarme un tonto mensaje.

Me tienta dejar de lado mi orgullo y escribirle.

Sin embargo, no lo hago porque no le he hecho nada malo.

No acepto cargar con la culpa de no desear intimidad, no puedo permitir sentirme en la obligación de hacer aquello que no quiero.

Y no es que no piense en el sexo, ¡por supuesto que sí!

Pero creo que se trata de algo más profundo…

Lo que en realidad anhelo es hacer el amor, trascender los límites físicos y fundirme con alguien en una conexión emocional y espiritual.

Puede sonar ingenuo y estúpido para algunos, lo sé.

Néstor lo ve como un suceso placentero y nada más…

No es capaz de percibir el sentido romántico y trascendental del acto.

Al menos no así de la misma forma que lo es para mí, que va mucho más allá.

Hacer el amor es una entrega completa, un encuentro mágico entre dos almas.

Así he empezado a entenderlo desde hace tiempo.

—Sé que no soy una buena cocinera —me disculpo, sintiendo la necesidad de justificarme.

Miriam niega con la cabeza y suspira.

—No te preocupes. Hoy querías hamburguesas, ¿verdad, cariño?

—Sí, abu. Son mis favoritas. Mamá, en serio, tus platos son deliciosos. Me encanta esa salsa de ajo que preparas.

—¿Se refiere a…? —logra articular mi madre, mostrando sorpresa en su mirada.

Asiento, nerviosa. Brune hace referencia a una receta que aprendí de Miriam. La mujer que me trajo al mundo parece asombrada de que yo haya logrado aprender algo que tiene que ver con ella.

—En casa, por lo general, Néstor es quien cocina. Yo trabajo por las mañanas, así que él se ocupa del almuerzo. Yo me encargo de la cena.

Miriam sonríe con aprecio.

—Néstor es un hombre maravilloso. Me alegra que forme parte de nuestra familia. Osvaldo estaría orgulloso, Sofía.

—Claro que sí —digo con un tono de fastidio apenas perceptible en mi voz—. No hay duda al respecto.

Mi padre no se caracterizaba por ser un gran comunicador, pero sus gestos hablaban por sí solos.

Cuando se enteró de mi relación con Abi, se limitó a mencionar en voz baja que no volveríamos a vernos.

Sin embargo, en su rostro pude captar un sinfín de señales, un universo de pensamientos no expresados.

Sé con exactitud lo que pensaba de mí. En ninguna circunstancia permitiría que mi historia de amor continuara.

Por eso habría puesto a Néstor en un pedestal.

Por desgracia, mi padre falleció cinco meses antes de que Nes llegara a mi vida, privándolo así de conocer a ese hombre perfecto que ahora comparte mi existencia.

La noche avanza y volvemos a casa después de cenar. Néstor ya se ha retirado a la cama, así que evito molestarlo y acompaño a Brune en su rutina para dormir, leyéndole uno de sus cuentos favoritos hasta que cae rendida en los brazos de Morfeo.

Luego de una relajante ducha, me enfundo en el pijama y me deslizo junto a Néstor en la cama.

Deposito un breve y suave beso en su hombro, buscando un gesto de ternura que no llega.

Él se aparta con sutilezas, rechazándome sin pronunciar una palabra.

Me siento herida y, para evitar que las lágrimas broten, respiro hondo varias veces.

No quiero que me rompan, no iré por el camino de la destrucción.

Mi mente vuelve a Abi, recordando con claridad que Néstor ni Miriam me enseñaron cómo amar y ser amada.

A pesar de que puedan hacerme sentir despreciada en un momento de vulnerabilidad, me reconstruyo con rapidez al recordar que la esencia del verdadero amor trasciende a cualquier persona que haya pasado por mi vida.