Volver a empezar Serie completa 23 Errar es humano
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23 Errar es humano

BUÑUELOS DE MANZANA

Ingredientes:

-Aceite de oliva y sal.

Preparación:

Pelar la manzana, quitarle el corazón y cortarla en rodajas de forma que el agujero quede en el centro.

Se separan las yemas de las claras para montar estas últimas a punto de nieve.

Aparte, mezclar la harina con la leche, una pizca de sal, el azúcar avainillado y las yemas.

Incorporar las claras montadas. Después, sumergir la manzana en la masa y freírla por ambos lados en una sartén con el aceite bien caliente hasta que se dore.

Por último, escurrir sobre papel de cocina y servir espolvoreada con azúcar glas.

Nota a pie de página:

El amor exige sacrificios. Visión de las cosas desinteresada. Afrontar los problemas, aunque eso signifique dejarlos atrás.

Lo he hecho. Me he arrancado el corazón.

Carolina tenía los ojos tan llenos de lágrimas que, cuando volvió a la casa de Ethan, le costó distinguir a la figura que la miraba con toda la tranquilidad del mundo, sentada en el sofá del salón.

Eso, o que la sorpresa era demasiado grande como para que creyera lo que veía a las primeras de cambio.

—¿Brenda? —preguntó, como para asegurarse.

La veterinaria se levantó y fue caminando hacia ella con tanta lentitud como prepotencia.

Llevaba un simple vestido de algodón sin bolsillos y la amenaza en cada paso que daba.

Aunque la idea le pareció absurda, Carolina se tocó el bolsillo trasero del vaquero.

Notar el tacto del móvil le dio seguridad.

—Veo que te vas —canturreó Brenda, señalando la maleta que estaba a los pies de Caro.

—Y yo veo que te alegras.

—Te preguntarás cómo he entrado. —Antes de que Carolina pudiera decir nada al respecto, le enseñó una ganzúa—. La cerradura es de lo más convencional.

—No sé por qué, no me sorprende. Si has venido con la intención de asustarme, no lo vas a conseguir.

—He venido a explicarte ciertas cosas —replicó Brenda, arqueando las cejas y torciendo la boca en una sonrisa vengativa—. No me gustaría que te marchases sin saberlas.

—No soporto verte. —Aunque decidió que lo más prudente sería sentarse en el sofá—.

Difícilmente soportaré escucharte, pero antes de que empieces a hablar, deberías saber que Ethan nunca volverá contigo.

Tendrías que ser la única mujer en la tierra para que él terminara fijándose en ti. Y ni aun así, lo conseguirías.

—Es una pena que no puedas quedarte para comprobarlo —respondió Brenda con voz muy suave, dándole la espalda para sacar una botella de vino del mueble del salón y servirse un poco, con total familiaridad.

Aquel fue el momento para actuar. Carolina cogió su móvil, activó la grabadora y volvió a guardarlo antes de que se diera la vuelta.

Era lo único que podía hacer, y ni siquiera sabía si serviría de algo—.

Aunque debo decirte que, a estas alturas, me importa bien poco lo que Ethan sienta por mí. No lo necesito para machacarle.

—¿Qué dices? Se supone que él te interesa…

—Y me interesa, pero no de la manera que tú crees. ¿Sabes lo que ocurrió con Hannah? —preguntó Brenda, cruzándose de brazos.

—Por supuesto que lo sé.

—Oh, pobrecita. Ya veo que te desilusionó mucho…

—Carolina no respondió. Apretó los labios y ladeó un poco su trasero.

Esperaba que la grabadora siguiera en marcha—.

Ethan es un hombre demasiado noble y bueno, pero nunca te correspondería, cariño.

O aroha , como prefieras. ¿Sabías que él solo utilizaba esa palabra con Hannah?

He podido escucharos en varias ocasiones para saber que también la usa contigo.

—¿Nos… espiabas?

—Os observé. Solo una noche. Tuve bastante para saber que ni siquiera el sexo sería permanente entre vosotros.

—Pues no observaste bien. Lo nuestro fueron varias noches. Y, si yo quisiera, serían muchas más.

Era un farol, pero Brenda arrojó el vaso contra la pared con rabia y se acercó a ella.

Carolina tuvo miedo por primera vez. Brenda le enseñaba los dientes. Abría y cerraba los puños de forma compulsiva, y su mirada se componía de un odio tan puro como irracional.

Parecía haber perdido la noción de la realidad.

—Debí afinar la puntería aquella tarde —siseó, inclinándose hacia ella.

Consiguió escurrirse por debajo de los brazos y retroceder hasta el otro extremo del salón.

Si estaba de pie, la grabación ganaría nitidez—.

Pero tienes tanta suerte que no solo te libraste de mí, sino también de las garras de Shiba .

—¿Fuiste tú la que me encerró y nos disparó?

Después de separarse, Carolina pudo pensar con un mínimo de frialdad. Se estaba arriesgando demasiado, pero Brenda no sospechaba nada.

Era su oportunidad para empujarla a confesar aquello que solo había sido una sospecha.

—¡Ahora no te hagas la mosquita muerta! ¡Si Ethan se lo olía, tú también! —exclamó Brenda, soltando una escalofriante carcajada—. ¡Lo hice por él! ¡Por mi novio!

—No sabía que Ethan fuera tu novio.

Tenía la espalda pegada a la pared cuando Brenda se acercó y le sujetó la mandíbula con fuerza, como asegurándose de que Carolina no apartaba la mirada.

—¡Hablo de Robert! —siseó, antes de apartarse y darle la espalda—. ¡Él es mi novio! ¡Lo era cuando se lio con Hannah, siguió siéndolo cuando terminó en la cárcel, y también ahora! Él me enseñó a forzar las cerraduras, entre otras cosas.

Seguía de espaldas, pero ella no podía moverse en ninguna dirección. Se olvidó del móvil, de la grabadora e incluso de su próximo destino.

La situación la sobrepasaba.

—Perdoné a Robert cuando supe lo suyo con Hannah.

Me aseguró que solo había sido una vez, y yo quise creerle —siguió Brenda.

Su voz se había convertido en un hilo muy fino a punto de quebrarse—.

Le apoyé cuando le acusaron de su muerte.

¡Ni siquiera me lo pensé cuando me pidió ayuda para destruir a Ethan!

Me contó que Ben ya estaba en ello, pero no era suficiente.

A Robert no le importó en absoluto que me metiera en su cama.

Para él solo era trabajo, igual que para mí.

Mi plan era conseguir que se enamorara de mí, ¿sabes?

Un hombre enamorado es completamente manejable.

¡Y lo hubiera conseguido si tú no te hubieras interpuesto en mi camino!

—Así que no era por celos. Ethan no le interesaba lo más mínimo para una relación sentimental.

Ni Adam. El pobre Adam, enamorado de un ideal de mujer que respondiera a su carácter optimista y campechano.

Completamente convencido de que aquella loca tenía algo bueno aún por descubrir—.

Estaba todo muy bien pensado. Ben se encargaría de los animales y yo de su veterinario.

—¿Ben envenenó a Solomon y colocó la carne podrida?

—Y también sobornó al funcionario para que emitiera informes desfavorables del refugio. Es el padre biológico de Robert, pero tiene demasiados escrúpulos —bufó Brenda, completamente convencida de que dominaba la situación—. Ethan confiaba en mí.

—Tú lo has dicho. Confiaba. Ahora estás fuera de todos los aspectos de su vida.

—Puedo volver a estar dentro. —Por la mirada que le dedicó, Carolina supo que lo conseguiría si se lo proponía. Un escalofrío le sacudió hasta los huesos—. No sé qué vio él en alguien tan débil como tú, pero lo cierto es que marchándote me facilitas las cosas.

Tenía una opresión en el pecho tan grande que le costaba respirar, pero cuando Brenda habló de Ethan con tanto desprecio, Carolina reaccionó.

Cerró los ojos. Recorrió mentalmente el fuerte mentón salpicado de barba de un día.

Los profundos ojos azul cobalto que siempre hablaban más que su dueño.

La boca sugerente que sonreía como si no hubiera más mundo que el suyo.

Los hoyuelos. Su voz grave y profunda, sugerente.

Y aquella manera de tratarla tan conmovedora, como si realmente le preocupara todo lo concerniente a ella.

El conjunto no tenía comparación con nada. Ni siquiera con las confesiones que terminaron por alejarla de él. Podría ser el hombre más encantador o un capullo de la peor clase, pero Carolina no iba a consentir que le pasara nada.

—Opinas que soy poca cosa —dijo, apartándose de la pared. Poco a poco, sus pulmones se liberaron de la tensión mal contenida.

—No hay más que verte —añadió Brenda, con un gesto despectivo en la cara—. Y eso que ni siquiera te he tocado.

—¿Piensas tocarme? ¿Por eso me cuentas todo esto?

—No. —Brenda se encogió de hombros con toda naturalidad, mientras que Caro comenzaba a menear la cabeza, cada vez más incrédula—. Te lo cuento porque quiero asegurarme de que te marchas despreciando a Ethan y muerta de miedo. Así no volverás. Nunca.

—Si tanto quieres a ese Robert, serás capaz de entender por quién tengo miedo, ¿verdad?

—¡No me hagas reír! ¿Te has enamorado?

—A lo mejor. —Carolina sonrió cuando la vio arrugar el ceño—. Aunque no soy tan tonta como para meterme en la cama con otro por mucho que mi novio me lo pida. Ni tampoco perdonar su relación con otra mujer. Porque hasta donde yo sé, lo que tu hombre tuvo con Hannah fue precisamente eso.

—¡Él me quiere! A su modo…

—Sí, claro. —Caro chasqueó la lengua. Bien.

Lo estaba consiguiendo. La mirada desequilibrada de Brenda se perdió por un momento en lo que estaba escuchando—.

Utilizándote para hundir a Ethan porque le considera el responsable de su situación.

¿Te has dado cuenta de que puedo hacer que te reúnas con él al otro lado de los barrotes solo con lo que estoy escuchando?

—No tienes salida. Es tu palabra contra la mía. Si te vas, nunca podrás probar el contenido de esta conversación —advirtió, devolviéndola a la pared de un empujón—. Si te quedas tampoco, aroha .

—¡No vuelvas a repetir eso!

La fuerza volvió a Caro. La aspiró, se esparció por todo su cuerpo y se concentró en su puño derecho cuando lo estrelló contra la mandíbula de Brenda.