Capítulo 15
LEAH
Llevaba las últimas veinticuatro horas dándole vueltas a lo que Cody me había dicho.
Todavía no había asignado a otra diseñadora al proyecto.
Estaba demasiado ocupada echando humo. Cuando Ella ya estaba acostada, saqué la basura, repasé el correo y había empezado a vaciar sin piedad el cajón de los trastos de la cocina cuando Lana me trajo una copa de vino.
—Llevas toda la noche con los nervios de punta. ¿Qué te pasa? —preguntó.
Terminé de vaciar el cajón allí de pie: una muestra de hilo dental, un cacao de labios reseco, dos sobres de kétchup, bolígrafos sin capuchón. Cuando acabé, le di un trago al vino y me senté a la mesa.
—Ayer Cody y yo tuvimos un pique.
—¿Por qué?
—Estaba intentando tomar medidas, y él estaba allí y no paraba de intentar darme conversación.
—¿En su propia casa? Menudo descaro el de ese hombre —soltó.
Le di otro trago al vino.
—Sabes que no me gusta charlar mientras trabajo, y encima era un pesado. Quería saber qué me pasaba y por qué me comporto rara con él.
—Repito, ¿cómo se atreve? —dijo, impasible—. ¿Y qué le dijiste?
—Que es raro trabajar con él. Que solo quiero terminar el trabajo y largarme.
—¿Y?
—Y me acusó de volver a huir.
—Hombre, algo de razón tiene, cariño. Tú cortaste sin darle ninguna explicación. A lo mejor intentaba llevar la conversación hacia eso. Era tu oportunidad de explicárselo.
—Le dije que me iba y que pondría a otra decoradora en el proyecto.
—Ah. Vale. Genial. Entonces, ¿ahora no le contamos la verdad? —preguntó.
—Me estás juzgando.
—Que no.
—Tienes cara de juzgar.
—Y tú. Es que las dos tenemos esta cara —dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Cabe la posibilidad de que no sepa que su madre intentó comprarte?
—Puede. Lleva actuando como si no tuviera ni idea de por qué me fui. O no sabía que su madre me ofreció dinero para que desapareciera de su vida y no volviera, o está haciendo eso que hacen los tíos de comportarse como si lo que pasó no fuera con ellos.
—Dijiste que pasa Acción de Gracias con amigos. A lo mejor no se habla con sus padres, o a lo mejor están muertos.
—Siempre fue distinto de sus padres. No le gustaba seguirles la corriente con todo ese rollo de las apariencias cuando estábamos juntos.
Pero aun así iba a verlos, y aun así tiraba de su fondo fiduciario.
No me lo imagino renunciando a ellos y a su dinero sin más.
Era demasiado leal para eso, aunque tuviera sus problemas con ellos.
Así que igual tienes razón y no sabía nada de la oferta de dinero.
Uf. Igual le debo una disculpa. Todo este tiempo me he repetido que decidí criar a Ella yo sola porque quería protegerla.
No quería que me la quitaran. Pero no creo que él lo hubiera permitido.
Creo que entré en pánico y debería haber hablado con él en vez de tomar la decisión que tomé.
—Hiciste lo que pudiste en ese momento, Leah.
Eras joven y estabas embarazada de un tío cuyos padres te odiaban tanto que intentaron sobornarte para que lo dejaras.
Seamos sinceras, para entonces ya éramos huérfanas; no tenías padres a cuya casa volver ni a quien pedir consejo.
Solo estábamos tú y yo. Hicimos lo que creímos que era lo correcto.
—Gracias —dije, y la abracé—. Probablemente debería decirle que siento mi arrebato. E independientemente de que sus padres formen parte de su vida o no, no van a tener acceso a Ella. No pienso dejar a esa gente cerca de ella. No se merecen conocerla.
—En eso estoy contigo. Desde que tuve que dejar de culpar y odiar a Cody, le he transferido casi toda la rabia a ellos. Así que, si alguna vez quieres soltar una bomba fétida en su casa o tirar un animal atropellado en su piscina, cuenta conmigo.
Me reí.
—Eres la mejor.