Capítulo 9
LEAH
Cody había dado a entender que se marchó del país porque yo lo había dejado años atrás.
Que se fue a hacer una labor benéfica admirable, en circunstancias tristes y aterradoras, como forma de sobrellevar mi traición.
No había manera de que supiera que su madre había intentado comprarme para que no siguiera adelante con el embarazo.
Ni de coña. ¿Y si de verdad no lo sabía?
Era como asomarme al borde de una sima sin fondo e intentar no caer dentro.
Así que cambié de tema como la cobarde que era.
—¿Has mantenido el contacto con Jack, Ford y los chicos? —pregunté, con un cambio de tema de lo más torpe.
—Por supuesto. Hubo casi un año en que no tuve cobertura por el sitio donde estaba destinado, pero entonces nos escribíamos correos.
Jack vino a verme a El Cairo por mi treinta y cinco cumpleaños y pasamos allí una semana.
Los veo a todas horas. Ford, James y Zachary ya tienen mujer e hijos.
No te lo creerías. Están completamente domesticados.
—Qué bien. Los niños son divertidos, pero dan mucho trabajo —dije.
—Seguro que sí, pero tiene que merecer la pena —dijo Cody con cierta nostalgia.
—Sí que la merece —solté con calidez, y entonces caí en que aquello había sido un comentario de madre como la copa de un pino. Tosí y volví a cambiar de tema, tan incómoda como siempre—. Acción de Gracias está a un par de semanas. ¿Tienes grandes planes?
—Seguramente vaya a casa de Ford, lo pase con su familia como el año pasado. Aunque estuvo en el aire que me volvieran a invitar después de que el año pasado le enseñara a Riley a echarse nata montada en la boca a chorro. —Soltó una risita.
Me picó la curiosidad. ¿No pasaba las fiestas en la finca familiar?
¿No se reunía con sus padres en la casa de St. Barth, como solía hacer cuando estábamos juntos?
¿Había pasado los dos últimos años en casa de Ford?
Me moría de curiosidad, pero no quería meterme donde no me llamaban ni hacer preguntas personales.
Y menos cuando había sido yo la que había insistido en que esto fuera estrictamente profesional.
Ayudé a recoger la mesa y saqué mi porfolio con algunas ideas para el salón principal de la planta baja.
Extendí los tableros de muestras sobre la mesa del comedor y abrí la carpeta para enseñarle las fotos de referencia, imágenes de casas con plantas y dimensiones de configuración parecida decoradas en un estilo que me parecía que le pegaba a Cody.
Repasamos mis opciones y comentamos qué le gustaba y qué no.
Por sorprendente que pareciera, incluso después de seis años seguía conociendo bastante bien sus gustos.
La conversación fluía con facilidad, salpicada de alguna que otra risa.
Era demasiado cercano. Demasiado familiar.
Empezó a darme la sensación de que todo aquello estaba mal.
Hecha un lío y de pronto incomodísima, miré la hora y me levanté.
—Mejor me voy. Te dejo todo esto. Puedes mandarlo de vuelta a mi oficina o ya enviaré a alguien a recogerlo cuando hayas terminado.
No quería perderme leerle un cuento a Ella y arroparla antes de dormir. Nada ni nadie merecía perderme ese rato con ella.
Me miró con cierta curiosidad, sin entender por qué de repente salía pitando de su casa.
—Perdona que me largue así —dije, intentando sonar despreocupada y quitarle hierro con una risa—. Tengo una llamada dentro de media hora más o menos.
—¿A las ocho? —dijo Cody, escéptico.
—Diferencias horarias… ya sabes —dije sin convicción.
—Ah. Puedes atender la llamada aquí, usa mi despacho —ofreció.
—No, gracias. Tengo las notas en casa —dije con cierta torpeza.
Mis notas estarían en el móvil, claro, o en el coche, no en mi casa.
Pero quería salir de allí por patas y me daba igual la excusa que tuviera que usar—.
Gracias por la cena. Ha estado bien ponernos al día.
Buenas noches —dije, y para cuando reaccionó, ya había cruzado la casa y salido por la puerta.
Él se quedó en el umbral, con aquel baño de luz cálida del interior difuminándole el contorno, recortándolo con un brazo apoyado en el marco, la anchura de sus hombros, las caderas estrechas y las piernas largas resaltadas por la perspectiva.
Tragué con fuerza, me despedí con un gesto torpe y me fui hacia el coche.