Voces antiguas sonaron VOLUNTAD
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VOLUNTAD

Sébastien permaneció unos instantes en silencio. La imagen de Margot no lo abandonaba. Su sonrisa. Su risa. La espera del regreso de su padre. Y después aquella certeza que le destrozaba el corazón.

Todas sus esperanzas van a derrumbarse.

La muerte de su padre… Después la peste.

Y quizá incluso ella…

No. Me niego.

¿Por qué hacerme volver al pasado?

¿Solo para mostrarme todo esto?

No. Tiene que haber otra razón.

Desde el principio, no he hecho más que observar y soportar.

¡Ya basta!

Levantó la mirada hacia el inconsciente de Nelly.

Lo miró fijamente, sin pestañear.

—Me has dicho que podía enviarles un mensaje a Nelly y a Jérôme.

La mirada del inconsciente permaneció impasible.

—Entonces vas a ayudarme a hacerlo.

La capilla empezó a disolverse. Las paredes se volvieron poco a poco translúcidas. El banco desapareció. Después, el propio cementerio se desvaneció. El sueño acababa de esfumarse.

Cuando todo volvió a tomar forma, Nelly dormía plácidamente en una habitación desconocida.

Su cuerpo se incorporó lentamente, con los ojos cerrados. Cogió el cuaderno y el bolígrafo. Su mano empezó a escribir sin vacilar lo que Sébastien le dictaba.

Cuando terminó, dejó el cuaderno y el bolígrafo y volvió a acostarse.

Sébastien la observó un instante.

—Gracias, Nelly. Que sueñes bonito, pero sin mí.

Echó un vistazo a lo que había escrito.

Sonrió al imaginar la cara que pondría Jérôme.

Después se puso a reflexionar.

No puedo volver a mi cuerpo. Ahora no.

¿Esperar a que Nelly se despierte?

No.

Lo más importante es encontrar a Margot.

Es junto a ella donde puedo ser más útil.

Más fácil decirlo que hacerlo.

De pronto recordó unas palabras de Mahdi Diaz:

«…la idea se hace movimiento.»

Pues claro…

Es así de sencillo.

Concentró su pensamiento en el rostro de Margot.

Su sonrisa.

Su risa…

La habitación vaciló.