Capítulo 32 #2
—A lo mejor, si simplemente te dejaras llevar, si te permitieras brillar de verdad, la vida sería diferente.
—¿Así que las citas desastrosas fueron culpa mía? ¿Es eso lo que quieres decir?
—Por supuesto que no. Deja de darle la vuelta a las cosas.
Solo digo que esto es lo que haces. Es lo que estás haciendo ahora.
Con nosotros. Sabes que es lo correcto, sé que lo sabes.
Tenemos una conexión. Siempre la hemos tenido, y ese beso de hace un momento ha demostrado que va mucho más allá de la amistad.
Estamos destinados a estar juntos y lo sabes.
Creo que te has dado cuenta esta misma noche y te ha entrado el pánico porque tienes miedo.. Como siempre, tienes miedo.
—¡Eso no es justo! —Estaba llorando ya, y mi pecho se agitó y mi voz se quebró en la última palabra..
—No, no es justo, porque llevo tanto tiempo viéndote hacerte esto a ti misma que se me parte el corazón.
Serías capaz de mucho más de lo que crees, Bee, si te permitieras intentarlo.
Fíjate en lo del trabajo. Diste el salto y ahora eres muchísimo más feliz.
—Dio un paso hacia mí—. Sé que puedes hacerme feliz, y yo me pasaría todos los días esforzándome al máximo por hacerte feliz a ti también.
Pero, a decir verdad, no creo ni que tengamos que esforzarnos.
Encajamos, Bee. Siempre hemos encajado. Yo lo supe hace mucho tiempo y sé que tú lo sabes ahora.
Pero solo puede ocurrir si estás dispuesta a dar el salto al vacío e intentarlo.
Me daba vueltas la cabeza y me llevé una mano a la frente, como si al hacerlo pudiera detenerla. Luca hizo amago de tocarme, pero retrocedí y vi cómo la frustración y el dolor ensombrecían sus marcadas facciones. Mi corazón se resquebrajó un poco más.
—¿Te acuerdas de aquella discusión que tuvimos mamá y yo cuando entraste del jardín aquel día? —le oí decir. ¿Cómo iba a olvidarlo? El inusual secretismo de Luca me había estado rondando la cabeza desde entonces.
—Era sobre ti.
—¿Sobre mí? —Sentí que la comida que habíamos tomado antes se me revolvía violentamente en el estómago.
—Sí.
—¿Por qué?
—Por esto de internet. El reto ese que teníamos de encontrar a nuestra media naranja.
—Pero ¿por qué se iba a disgustar tu madre por eso y qué tenía que ver conmigo?
—Porque, como todas las buenas madres, sabía que yo ya había encontrado a esa persona y, al participar en el reto, corría el riesgo de perderte.
Pensaba que debía decírtelo directamente, ya que no solo me lee a mí como a un libro abierto.
Aunque por aquel entonces tú no supieras que lo nuestro era de verdad, ella sí lo sabía.
—¿Pero tú no estabas de acuerdo?
—No. Yo lo sabía. Sabía que te quería y sabía que seríamos increíbles juntos, pero no podía soltártelo así sin más, como haría con cualquier otra persona.
—¿Por qué no? —Luca dejó escapar un suspiro y se rascó la barba incipiente de la mejilla; sus dedos largos y fuertes produjeron un sonido áspero al hacerlo.
—Porque necesitaba que acudieras a mí porque me deseabas. Porque me querías a mí por encima de todos los demás, y no solo porque fuera la opción segura. La opción fácil. Quería que vinieras a mí porque yo era la única opción.
—Yo no habría hecho eso —dije, intentando no sonrojarme.
—Sí, Bee. Podrías haberlo hecho.
No había nada que añadir. Sabía que tenía razón, y él también. También sabía que lo amaba. Más que a nada ni a nadie. Más de lo que creía posible. Lo deseaba tanto que me estaba partiendo en dos...
Luca rompió el silencio.
—Creo que tu falta de respuesta lo dice todo. Una vez más estás levantando muros y poniéndote límites, incluso sabiendo que podría ser increíble.
—¡También podría salir horriblemente mal! —Luca me observó durante un instante, echó la cabeza hacia atrás mirando al cielo y luego la bajó hacia el suelo.
—Te pediré un coche —dijo, sacando el móvil del bolsillo del abrigo.
—¿Y qué se supone que va a pasar ahora? Ahora que me has besado y lo has cambiado todo.
—Estoy bastante seguro de que tú también me estabas besando, si mal no recuerdas.
Claro que lo recordaba. Siempre recordaría aquel beso, de eso estaba segura.
Luca continuó.
—Pero no te preocupes por lo demás. No ha cambiado nada, Bee.
Nunca cambiará nada porque tú no lo vas a permitir.
Estás demasiado contenta quedándote en esa zona de confort, y a lo mejor es lo más adecuado.
—Las facciones de su rostro se habían endurecido, tenía la mandíbula apretada y sus ojos oscuros, normalmente tan cálidos y acogedores, se habían cerrado para mí—.
En cuanto al beso, simplemente olvídalo.
Finge que nunca pasó. La semana que viene me voy a un viaje de escalada en hielo; nos dará un poco de espacio a los dos, lo que creo que probablemente sea bueno.
—¿Que lo olvide? —pregunté—. ¿Y cómo se supone que voy a hacer eso exactamente?
—Seguro que encuentras la manera, Bee. —Su voz sonó tan fría como el acero—. Al fin y al cabo, es lo que quieres, ¿no?
Incliné el rostro hacia él. ¿De verdad lo quería?
Luca soltó una media carcajada carente de humor.
—Este es exactamente tu problema, Bee. Ni siquiera sabes lo que quieres la mitad del tiempo, ¿y cuándo lo sabes?
Cuando estás segura de lo que quieres, sigues demasiado asustada para extender la mano y agarrar la oportunidad, por si acaso no es perfecta.
Bueno, pues la vida no es perfecta, Bee.
Lo sabes. Y no tiene sentido fingir que lo es.
Pero está ahí para vivirla, y la única forma de hacerlo es intentarlo.
A veces hay que arriesgarlo todo, incluso si eso significa perderlo todo.
—Su mirada se clavó en la mía—. No creo que seas capaz de hacer eso.
Se giró para mirar un coche que avanzaba lentamente por la calle y levantó una mano.
El vehículo se detuvo junto a la acera, a nuestro lado.
Al acercarse a él, saludó al conductor y le hizo un gesto para que volviera a su asiento cuando este hizo amago de salir para abrir la puerta, acción que realizó Luca en su lugar antes de volverse hacia mí.
Avancé despacio hacia el coche, tambaleándome, pero no por el alcohol.
Todo lo que había ocurrido desde que salimos me había espabilado con creces.
Ahora solo sentía que el mundo se desmoronaba bajo mis pies.
Todo había cambiado, pero yo no quería que volviera a ser como antes.
En realidad no. No en el fondo de mi corazón.
Luca tenía razón. Estaba demasiado asustada para seguir adelante con aquel cambio por si las cosas no salían bien.
Por si lo perdía para siempre. ¿Pero acaso no había pasado ya?
En todo el tiempo que llevábamos conociéndonos, jamás me había dicho que necesitara espacio.
Siempre había sido él quien me había mantenido cerca, lo cual, por supuesto, ahora cobraba todo el sentido.
Nunca lo había sospechado. Nunca me había permitido sospecharlo porque no creía que alguien como Luca se fijara en mí de esa manera.
No me había considerado digna de su atención.
Había asimilado la actitud de mis padres y cargado con ella de por vida, asumiendo que todos los demás sentirían siempre lo mismo por mí.
Pero solo podían tratarme así si yo se lo permitía.
Luca siempre me había visto como algo más. Ahora me daba cuenta.
—Se está haciendo tarde. Deberías volver a casa.
—La expresión de Luca era cerrada y su tono indicaba que la discusión había terminado.
No había nada más que decir. Apoyé una mano en el techo para estabilizarme y subir al coche.
Los dedos de Luca agarraron con fuerza la parte superior de la puerta abierta mientras se giraba para hablar con el conductor, evitando cualquier posibilidad de mirarme a los ojos.
Me deslicé en el interior; el asiento de cuero frío era suave bajo mis dedos.
Vi que Luca se movía y cambiaba el peso del cuerpo para cerrar la puerta.
Ni siquiera iba a despedirse.
—¿Luca? —Se asomó un poco por encima de la puerta e inclinó la cabeza a modo de pregunta.
—¿Qué somos ahora? ¿Somos...? —Tragué saliva con dificultad para intentar deshacer el nudo que se me había formado en la garganta reseca—. ¿Seguimos siendo amigos?
—Sí, Bee. —Ya no había más que cansancio y resignación en su voz—. Amigos. Como siempre.
Antes de que pudiera contestar, cerró la puerta y dio dos golpecitos en el techo para indicarle al conductor que arrancara.
Me giré, pero Luca ya estaba de espaldas al coche y con el móvil en la mano, supuestamente pidiendo otro para él.
Podríamos haberlo dejado de camino perfectamente, pero estaba claro que, a diferencia de lo ocurrido antes, ahora Luca solo quería mantener las distancias conmigo.
Y de eso solo me podía culpar a mí misma.