Vivir tu mejor vida Capítulo 25
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Capítulo 25

Le había mandado la dirección a Adrian y me había dicho que estaría con nosotros sobre las dos. Ya eran casi las tres, seguía sin tener noticias suyas y empezaba a preocuparme. Cogí el móvil, salí al jardín para buscar un sitio tranquilo y marqué su número. Lo cogió al tercer tono.

—Hola, Bee. Justo iba a llamarte.

—¿Va todo bien?

—Sí. Es solo que creo que hoy no voy a poder ir.

Miré hacia donde Aneeka y Luca estaban jugando con los niños.

Ella había encajado a la perfección desde el momento en que llegaron juntos, como si hubiera sido parte del grupo desde el principio.

Además, a pesar de parecer una diosa y de estar claramente acostumbrada a ser el centro de atención, parecía sincera y con los pies en la tierra.

Creo que a veces nuestro sentido del humor se le escapaba un poco, pero cuando pasaba, ella sonreía con elegancia y, de vez en cuando, Luca se lo explicaba.

Aunque la mayoría de las veces él simplemente lo dejaba estar y le rozaba la mano o le daba un apretón, cosa que parecía hacerla feliz.

Siempre era difícil entrar en un grupo ya formado, pero Jono y Lucy se habían integrado tan bien que ni siquiera recordábamos que no habían formado parte de la pandilla original del instituto.

Tal y como iban las cosas, Aneeka no tardaría mucho en dar ese salto también.

Vi cómo Luca la atrapaba y la rodeaba con los brazos.

Ella se acurrucó contra él, riendo. Parecían el anuncio de una marca de lujo cuando el sol bajo les iluminó la cara y los bañó a ambos en un resplandor dorado.

Luca giró la cabeza y me pilló mirándolos.

Clavamos los ojos el uno en el otro un momento antes de que yo apartara la vista, volviendo a centrarme en lo que decía Adrian.

—Me he dado un buen golpe en el campo. No creo que sea muy buena compañía.

—No tienes que hablar mucho si no quieres. Sería genial verte, si te ves con fuerzas.

—Sí, lo siento. La verdad es que no estoy seguro. Lo mejor será que lo deje por hoy. Quería llamarte antes; estaba esperando a ver cómo me sentía, pero todavía me duele bastante.

—Oh, vaya. Vale. Sí, entonces será lo mejor. Siento que te hayas hecho daño. Espero que te mejores pronto.

—Estaré bien. Solo necesito descansar un poco.

—Sí.

—¿Te llamo mañana y quedamos para algún día de esta semana?

—Claro. Tengo ganas de verte.

Intenté que se notara una sonrisa en mi voz para ocultar la decepción que sentía porque Adrian me dejara tirada en el último momento.

Obviamente, no era culpa suya haberse hecho daño, pero no podía evitar pensar que sonaba un poco aliviado.

Estaba claro que la idea no le había entusiasmado desde el principio, al contrario que a Aneeka.

Luca la había invitado en el pub cuando nos reunimos todos para tomar algo rápido después del trabajo y a ella le había hecho muchísima ilusión; a juzgar por la mirada que se habían cruzado, puede que se hubiera dado cuenta de que aquello era un paso más en su relación.

—Vale. Pásatelo bien, entonces.

—Adiós —dije, aunque no estaba segura de que me hubiera oído. Me quedé allí de pie un momento, intentando no darle demasiadas vueltas al asunto. Los accidentes pasan. Solo era mala suerte y, mientras Adrian estuviera bien, eso era lo más importante.

—No va a venir, ¿verdad? —Estaba absorta en mis pensamientos y Luca me dio un susto de muerte; me llevé la mano al pecho.

—No.

—Menuda sorpresa.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Significa que dudo que tuviera la más mínima intención de venir para empezar.

—Eso es injusto. No tienes ni idea. No lo conoces y tampoco has hecho el menor esfuerzo por conocerlo. Si no le entusiasmaba la idea, ¡no me imagino que tu gélido recibimiento en el pub de antes sirviera para animarle a pasar varias horas en tu compañía!

—Si fuera un hombre de verdad, le daría igual lo que yo piense de él. Lo que importa es lo que piense de ti. —Me ericé ante la insinuación que escondían sus palabras.

—Se ha hecho daño jugando al rugby, por si te interesa saberlo.

—Claro —dijo con tono de incredulidad—. Qué oportuno.

—¡Estoy segura de que no lo tenía planeado!

—No, pero tampoco estaba precisamente entusiasmado con venir hoy, ¿a que no?

—¿Y tú qué vas a saber? —Luca se encogió de hombros.

—Tú se lo dijiste a Tia. Tia me lo dijo a mí.

Había olvidado que era casi imposible tener algún secreto dentro del grupo a menos que se pidiera expresamente.

—Aun así, pensaba venir, a pesar de tus groserías de antes.

—Pero no está aquí, ¿verdad? —Luca echó un vistazo exagerado a su alrededor, como si fuera un dibujo animado.

Negué con la cabeza.

—De todos modos, ¿a ti qué más te da? ¿No deberías estar con Aneeka en lugar de abandonarla solo para venir a darme la lata?

—Yo no soy el que te está dando la lata.

—¡Ja! Pues cualquiera lo diría.

Luca ignoró la puya.

—De todos modos, ella está bien. Se lleva a las mil maravillas con todo el mundo.

—Sí. Me he dado cuenta. —Decidí mantener un tono conciliador—. Parece encantadora.

Miró hacia atrás, al invernadero, de donde salía una carcajada.

—Sí, es simpática. Parece que le cae bien a todo el mundo.

—Desde luego, a ti te lo parece. Esto es todo un récord para ti, ¿verdad?

Volvió a encogerse de hombros.

—Como te dije, ahora busco algo más; ella es buena persona y tenemos objetivos en común.

—Y además está buena que te...

Se limitó a ladear la cabeza a modo de concesión.

—Eso también.

Esbocé una pequeña sonrisa al percibir la tregua.

—Siento que Adrian te haya fallado hoy.

—Los accidentes pasan. —Luca no dijo nada.

Miré hacia el cielo pálido.

—Sigues sin querer admitirlo, ¿verdad? ¿Y qué tal si te disculpas por haber sido quizá, en parte, el motivo por el que no ha querido venir, suponiendo que eso haya tenido algo que ver?

—No lo siento. Ese es su problema, no el mío.

—Excepto que, en realidad, es mi problema, ¿no crees, Luca? Que tú te comportes como un capullo con él significa que me acaba rebotando a mí.

—Pues debería tener más pelotas. Si a mí de verdad me gustara alguien, me importaría una mierda lo que pensaran los demás. Estaría donde hiciera falta por ella, y solo por ella.

—¡Dios, debe de ser genial ser tan perfecto!

—Nunca he dicho que sea perfecto. Simplemente no soy un gilipollas como él y, sinceramente, me parece increíble que estés perdiendo el tiempo con él.

—¿Sabes qué, Luca? Estaría bien que, por una vez, pudieras mostrarme un poco de apoyo en lo que se refiere a las citas.

Lo único que haces es sacarle punta a mis elecciones.

Fuiste tú el que quería que siguiéramos adelante con este reto y, ahora que he encontrado a alguien que de verdad me podría gustar, lo único que has hecho es portarte como un capullo arrogante.

—Tiene narices la cosa. Crees que yo soy el capullo y, sin embargo, eres tú a quien han dejado plantada.

Las lágrimas asomaron a mis ojos ante su respuesta fría y cruel.

—Bee, no quería decir...

—Olvídalo, Luca.

Alargó la mano hacia mi brazo y yo me aparté de un tirón.

—¡No me toques!

Empecé a alejarme, pero tras un par de zancadas rápidas, me di la vuelta.

—No siempre tienes razón, ¿lo sabes? Que a ti te resulte fácil hacer todo esto no significa que a todo el mundo se lo parezca, y por una vez estaría bien que pensaras en eso en lugar de despreciar inmediatamente cada decisión que tomo.

—¡No lo decía en ese sentido!

—¡Me da igual, Luca! Es lo que parece y cómo lo ven todos los demás.

Fuiste un maleducado imperdonable con Adrian en el pub y me hiciste quedar en ridículo por la forma en que nos ignoraste cuando intentamos despedirnos.

Si tú eres la razón por la que no ha querido venir hoy, no le culpo.

Quizá no sea tan chulito como tú, que esperas caerle bien a todo el mundo y no te importa cuando no es así.

Algunos sí que tenemos miedos y sentimientos. —Me di la vuelta y le di la espalda.

—¿Y te crees que yo no los tengo? —me gritó a mi espalda.

—No, Luca. Ahora mismo, no creo que tengas ni idea. —Me giré de nuevo hacia la casa y seguí caminando, sonriéndole a Aneeka mientras venía en dirección contraria, claramente buscando dónde había desaparecido su novio.

—¿Va todo bien? —preguntó, aminorando el paso.

—Sí. —Sonreí, esperando que le echara la culpa al frío por mis ojos llorosos—. Luca está por ahí, si le estabas buscando. ¿Te lo estás pasando bien?

—Sí, la verdad. Gracias. Todos son muy amables y me hacen sentir parte del grupo.

—A veces puede imponer un poco todo esto, ¿verdad?

—Desde luego. —Miró a su alrededor—. ¿Tu novio viene al final?

—Ah. No. Al final no va a poder venir.

Puso cara de compasión, al contrario de lo que había hecho su novio.

—Cuánto lo siento.

—No pasa nada. —Le quité importancia—. Estas cosas pasan, ¿no?

—Sí. Yo no estaba segura de poder venir, pero logré reorganizar algunas cosas y me alegro mucho de haberlo hecho.

¡Aunque parece que ahora he perdido a Luca!

—Se echó a reír, pero reconocí un poco de inseguridad en su risa.

A pesar de toda su belleza y elegancia, en el fondo Aneeka era como muchas de nosotras.

Le había hecho falta tener cierto valor para venir hoy, pero había hecho el esfuerzo.

Me pregunté si Luca lo valoraba, o si siquiera se daba cuenta.

—Está allí, junto al estanque. —Le señalé la dirección correcta.

—Vosotros dos... ¿estáis bien? Yo... no, no debería decir nada.

—No pasa nada. —Esbocé una sonrisa que esperaba que fuera tranquilizadora.

—Es que... vosotros dos estáis muy unidos, ¿verdad?

Oh, Dios, esperaba que esto no fuera a suponer un problema. A Luca de verdad parecía gustarle aquella mujer y yo no quería que me viera como la manzana de la discordia otra vez. Aunque, con la actitud que tenía últimamente, ahora mismo no tenía ninguna gana de estar cerca de él.

—Sí. La mayor parte del tiempo.

Esbozó una media sonrisa, sin entenderlo del todo. Resté importancia a mi comentario con un gesto, indicándole que daba igual.

—Me alegro. Pareces una buena amiga para Luca.

Vale, eso era nuevo... y todo un soplo de aire fresco.

—Es solo que me pareció que estabas disgustada cuando te vi antes y creí oír gritos.

—Ah, no. No pasa nada. Es que Luca y yo... a veces nos sacamos un poco de quicio.

Y, en aquel preciso instante, Luca estaba acabando con mi paciencia.

—Ah, entiendo. Espero que no estés molesta.

—No, no. Para nada. Es solo por el frío.

Siempre me lloran los ojos con el frío. ¿A ti no?

—pregunté, mirándole la cara perfecta casi con esperanza.

Hoy no llevaba casi nada de maquillaje y aun así estaba deslumbrante.

Era la encarnación misma del hashtag «Me he despertado así», salvo que, a diferencia de todos esos montajes preparados, Aneeka probablemente de verdad se había despertado así.

—A veces, sí. —Me dedicó una sonrisa, pero parecía que era tan buena diciendo mentirijillas como yo; estaba claro que nunca en la vida le había pasado eso, pero fue un detalle por su parte que fingiera para que yo me sintiera mejor.

De verdad me caía bien y, por muy cabreada que estuviera con Luca en ese momento, me alegraba de que la hubiera encontrado.

Solo esperaba que bajara esos humos lo suficiente para no espantarla.

—De todos modos, estamos bien, no te preocupes. No le he empujado al estanque. Todavía.

Se echó a reír; fue un sonido tintineante y dulce, nada que ver con mi risa mucho más escandalosa.

—Aún estás a tiempo, ¿no?

—Oh, sin duda. Por eso he pensado que lo mejor era entrar un rato a buscar algo de conversación inteligente. —Sonrió de oreja a oreja.

—Nos vemos luego.

Ella asintió y di un paso para rebasarla.

—Gracias, Aneeka.

—De nada.

Quizá pasar tiempo con aquella mujer tan dulce limaría algunas de las asperezas de Luca. Podía ser todo lo encantador que quisiera cuando la situación lo requería, pero también podía llegar a ser un capullo cabezota.

Volví a entrar a la casa y los niños se me echaron encima; me disculpé en nombre de Adrian por su ausencia, alzando a la hija pequeña de Lucy y Jack para sentármela en la cadera mientras intentaba trepar por mi pierna.

—Ay, qué pena —dijo Bella, seguida por un coro de afirmaciones dándole la razón—. Esperábamos poder conocerle en condiciones.

—Ya lo sé. Se ha pegado un buen batacazo jugando al rugby o algo así.

—¿Ah, sí? —dijo Jesse, arrastrando a uno de sus hijos por el suelo para devolverlo al sitio del que no paraba de escapar gateando, como si estuviera dando cuerda continuamente a un juguete—. Parece un poco flacucho para ser jugador de rugby. ¿En qué posición juega? ¿De ala?

Cuando íbamos al colegio, todos habíamos elegido cuál sería nuestro tema especializado para Mastermind . El de Jesse, como era de esperar, habían sido los deportes, y poco había cambiado desde entonces. El mío había sido la colección de libros de los Mr. Men .

—No tengo ni idea. —Me encogí de hombros, y Jesse puso cara de decepción mientras yo me sentaba en la alfombra al lado de Tia.

—¿Debería saber eso? —le pregunté en voz baja.

—¿En qué posición juega?

—Sí. ¿Es el típico dato que debería saber?

—¿Te gusta el rugby?

—No especialmente.

—¿Te importa lo más mínimo?

—No.

—Pues entonces no. Juega al rugby y con saber eso es suficiente. Jono hace todas esas cosas raras de Dragones y Mazmorras y yo no tengo ni puñetera idea del tema.

—No son cosas raras. Y no es D en un momento dado probó un bocado minúsculo del tenedor de Luca, pero se negó en redondo a tomar más.