Vivir tu mejor vida Capítulo 21
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Capítulo 21

—¿Bee? —Me volví y vi a Luca, que estaba a punto de sentarse en otra mesa con dos caballeros de aspecto elegante.

Uno tenía una cara agradable y sonriente, mientras que el otro parecía haber empezado la mañana pisando una babosa descalzo y, a partir de ahí, el día había ido cuesta abajo.

Luca se disculpó y se acercó a nosotros.

Se inclinó, me dio un beso en la mejilla y luego tendió la mano para estrechar la de Adrian.

—Me alegro de volver a verte, Aidan. —Adrian. —Sonriendo, Luca hizo un gesto de disculpa y yo le di una patada por debajo de la mesa, sabiendo de sobra que conocía el nombre de mi cita y que no lo hacía por otro motivo que no fuera sacarme de quicio.

—¿Caracoles? —preguntó, bajando la vista hacia los platos, ahora vacíos—. No pensé que volverías a comerlos nunca después del SnailGate . —Sonrió de oreja a oreja.

—¿ SnailGate ? —preguntó Adrian, ladeando la cabeza con curiosidad.

Agité la mano en el aire. —Una tontería de cuando era niña. No te preocupes. Ahora me encantan los caracoles. Obviamente. —En realidad, había odiado cada bocado, rezando para que el siguiente supiera mejor. No fue así.

Luca me estudió un momento. —Obviamente. —¿Qué haces tú por aquí? —pregunté en un tono alegre, lanzándole al mismo tiempo una mirada furtiva que desmentía mis palabras.

—Negocios. Nada emocionante. —Intentando impresionar a tus clientes —señaló Adrian, asintiendo con aprobación.

—En realidad, ellos intentan impresionarme a mí —replicó Luca.

Jugueteé con el pelo y aparté la mirada.

—Bonito vestido, Bee. Estás preciosa. —Umm, gracias. —Mi mano volvió a juguetear con nerviosismo.

—Me alegro de ver que la tratas bien. —Luca le sonrió a Adrian, pero pude ver la frialdad bajo esa sonrisa. Ah, perfecto. Luca siempre me sobreprotegía —siempre lo había hecho—, pero justo en este momento no necesitaba a ningún caballero con armadura de Savile Row.

—¿Qué te hace pensar que no lo haría? —No lo decía en ese sentido —intervine rápidamente—.

¿No deberías volver con tus invitados, Luca?

—Como dice Bee, no quería ofender. —Luca levantó las manos en son de paz—.

Es solo que se ha topado con cada joyita desde que empezamos con este reto.

—Adrian frunció el ceño y me miró—. ¿Este reto?

—Sí. Seguro que Bee te lo ha contado. Nunca ha creído en todo esto de las citas por internet.

No cree que se pueda encontrar nada con sentido.

—¡Luca! Creo que tus acompañantes te esperan.

—Le puse una mano en el brazo y le di un sutil empujón.

Por desgracia, entre la corpulencia de Luca, mi tamaño mucho menor y la posición en la que me encontraba, no sirvió absolutamente de nada.

—En fin, yo creo que sí se puede, así que nuestra amiga nos retó a descubrirlo.

Bee ha tenido tan mala suerte hasta ahora que pensé que iba a quitarme la razón y a ganar, pero...

—nos miró a los dos—, parece que ha encontrado a alguien que podría hacerle cambiar de opinión sobre todo el tema de las citas online .

—Ya veo —dijo Adrian, dedicándole a Luca una sonrisa tensa—.

Supongo que eso significaría que tú perderías, al fin y al cabo.

—Tal vez. —Luca le devolvió su característica sonrisa encantadora y la mujer de la mesa de al lado tiró su copa.

Puse los ojos en blanco y le di otra patada—.

Bueno, será mejor que vuelva. Hablamos mañana, Bee.

Me alegro de volver a verte, Adrian. —Dicho esto, se dio la vuelta y regresó a su mesa.

En cuestión de instantes, incluso el tipo con cara de amargado tenía un atisbo de sonrisa.

Luca podía engatusar hasta a las piedras.

A mí, sin embargo, no me hacía ninguna gracia en ese momento.

—Siento lo de hace un momento. —No pasa nada.

En realidad, no le caigo bien, ¿verdad? —Por supuesto que sí.

Bueno, lo haría si te conociera, quiero decir.

Pero eso no importa, ¿no? O sea... —Apreté las manos sobre el regazo y miré a Adrian a los ojos—: Me gustas tú.

Eso es lo principal, ¿verdad? —Adrian sonrió de medio lado y, por debajo de la mesa, deslizó la mano hasta mi muslo—.

Eso es, sin duda, lo principal. —Aunque estaba enfadada con Luca por interrumpirnos y luego decir el nombre equivocado a propósito, su aparición, curiosamente, parecía haber centrado aún más la atención de Adrian en mí. Sin quererlo, me había hecho un favor.

El plato principal estaba riquísimo y, a pesar de la insinuación anterior de Adrian, sí que pedimos postre.

Yo estaba a reventar, pero él insistió en que el camarero trajera dos cucharas y, como buena persona que soy, accedí a ayudarle a dar buena cuenta de un coulant de chocolate caliente perversamente delicioso que se derretía en el centro, derramando aún más exquisitez sobre el plato y mezclándose con el foso de nata líquida que rodeaba la creación.

—Así que no eras muy fan de las citas online , ¿eh? —Me di unos toquecitos en la cara con la servilleta e intenté comprobar sutilmente, en el dorso de una cucharilla sin usar, si ahora lucía una sonrisa de chocolate alrededor de la boca.

—La verdad es que no. Quiero decir, sé que a algunas personas les puede funcionar, pero también había oído un montón de historias de terror.

—Ay, Dios, ya te digo —asintió Adrian mientras pagaba la cuenta, rechazando mi oferta de aportar algo de dinero, e hizo un gesto a un camarero para que nos trajera los abrigos—.

O sea, he tenido mujeres que no me dejaban en paz.

Parecen pensar que, solo porque salís un tiempo, de repente es algo superprofundo y con mucho significado.

Pero estoy contigo en eso. —A pesar de que acababa de abrocharme el cálido abrigo de invierno, de repente sentí que me recorría un escalofrío.

—¿Estás conmigo en eso? —repetí, sin entenderlo del todo. O, al menos, esperando no haberlo entendido.

—Sí —dijo, haciéndome un gesto para que saliera por la puerta que el portero nos mantenía abierta.

Le di las gracias y Adrian me siguió—. En lo de que las citas online no son para encontrar nada serio.

Se trata más bien de conocer a gente diferente y pasarlo bien.

Como estamos haciendo nosotros. —Sonrió, pero con un matiz de algo más, mientras me pasaba un brazo por los hombros y paraba a un típico taxi negro londinense con el otro—.

La gente como Luca, que cree que se puede encontrar algo con sentido a través de todo esto, se engaña un poco a sí misma, la verdad.

Sin ofender. —Negué con la cabeza, aunque por dentro me daba vueltas todo.

—Quiero decir, hay gente a la que le funciona, claro. Pero es como tú decías. No se trata de buscar algo profundo. Se trata de divertirse, ¿no? —Se acercó más a mí y empezó a acariciarme el cuello con la nariz, subiendo una mano por mi muslo.

—No era exactamente eso a lo que me refería —dije, apartándome un poco. Adrian se enderezó, estudiándome un momento a la tenue luz del taxi.

—¿No quieres divertirte? —Claro que quiero divertirme.

¿No quiere todo el mundo? Pero... con algo más.

O sea, a la larga. —Me pasé una mano por la frente un momento y luego volví a juguetear con el pelo—.

Así es como empezó esta estupidez del reto con Luca en primer lugar.

Él cree que puedes encontrar ambas cosas (juntas) usando aplicaciones de citas.

—Y tú no. —Levanté la mirada, que se había desviado hacia donde me estaba toqueteando el principio de un padrastro del pulgar con el dedo anular—.

No, antes no creía... —Dejé la frase en el aire, sin saber cómo terminarla ni cómo se la tomaría Adrian.

—Hasta que... —me instó, cogiéndome suavemente la mano y apartándola de donde ahora estaba arruinando poco a poco mi recogido, para envolverla entre las suyas.

Seguí sin contestar. Sentía frío y calor a la vez, y deseé no haberme dejado arrastrar nunca a esta estupidez de las citas. Era demasiado duro, demasiado complicado y demasiado... —Si te sirve de algo, yo pensaba lo mismo que tú. —Le miré a los ojos.

—Yo solo buscaba diversión, como he dicho.

Lo admito. Y algunas mujeres querían algo más, pero a mí no me interesaba.

Pero entonces entraste tú e, increíblemente, quisiste volver a verme.

Si te soy sincero, las que son guapas e inteligentes no suelen querer hacerlo cuando se trata de mí.

Sé que a veces puedo ser un poco áspero en las formas.

Como al hacer que llegáramos tarde esta noche, por ejemplo.

Pero... —Me cogió la otra mano y las sostuvo ambas entre las suyas.

Su voz sonaba grave y muy cerca de mí—. Conocerte me hace pensar que podría haber algo más.

—Soltó una risita ahogada—. Por mucho que odie admitir que Luca Donato podría tener razón, por la simple razón de que, claramente, no le caigo bien, me temo que tendré que hacerlo.

Hay un montón de historias de terror por ahí, como has dicho, en torno a las citas por internet.

Supongo que unas cuantas me involucran a mí, si soy brutalmente sincero, pero eso es porque nunca me lo tomé en serio.

Nadie me había hecho querer tomármelo en serio antes.

—Hizo una pausa, levantó una mano y me la colocó suavemente bajo la barbilla, inclinándome la cara hacia la suya—.

Pero me gustaría hacerlo ahora. Contigo...

si me dejas. —La cabeza me daba vueltas.

Me embargó todo un torrente de emociones: emoción, miedo, asombro, desconfianza.

¿Lo decía en serio? ¿Por qué yo iba a ser la especial?

Sonaba como si hubiera podido elegir a la que quisiera.

—No me crees, ¿verdad? —Sonaba divertido.

—No es eso... —Era exactamente eso y ambos lo sabíamos.

—¿Es porque no confías en mí o porque crees que no lo vales? —Levanté la cabeza de golpe. Nadie había sido nunca tan directo conmigo. Bueno, aparte de Luca, pero eso no contaba.