Capítulo 19 #2
—Solo porque yo no me acueste con mis citas el primer día como hacen algunos... —Lo fulminé con la mirada, pero era inútil intentar que Luca Donato pareciera arrepentido por ese escenario en particular.
—No lo hago siempre. Simplemente no quiero que pienses que tienes que hacer algo para lo que no estás preparada solo para conseguir gustarle a este tío.
Me enderecé.
—¿Te crees que la única razón por la que yo le gustaría a un tío sería si fuera una chica fácil? Muchas gracias por la parte que me toca.
Podía sentir mis mejillas ardiendo por una mezcla de rabia, dolor y vergüenza.
—¡No! No quería decir eso. —Luca dejó caer la cuchara de madera en la sartén y caminó a zancadas hasta donde yo estaba bajándome del taburete. De repente, había perdido el apetito.
—Pues ha sonado igualito que eso.
Luca me agarró por los brazos, con suavidad pero con la firmeza suficiente como para obligarme a mirarle.
—Bee. En serio. No quería decir eso. Sabes que pienso que eres increíble, preciosa, divertida, inteligente y un montón de cosas más. Lo que pasa es que no estoy seguro de que tú te des cuenta siempre, y no quiero que te sientas presionada a hacer nada que no quieras.
—Quería hacerlo —dije en tono desafiante, levantando la barbilla para sostenerle la intensa y oscura mirada.
Por un momento, una sombra cruzó las facciones de Luca. Pero luego desapareció. Tal vez fue un efecto de la luz. Tal vez solo me lo imaginé, pero me soltó los brazos, se metió las manos en los bolsillos del pantalón de su traje y dio un paso atrás.
—Vale.
—Pero resultó que hubo una emergencia de trabajo y se tuvo que ir antes de que pasara gran cosa.
—Ya.
¿Debería decirle que me había sentido aliviada por aquello? ¿Y que no sabía por qué?
—¿Y cómo te sentiste al respecto?
—¿Respecto de qué? —pregunté, ganando tiempo y maldiciendo el hecho de que Luca Donato me conociera demasiado bien.
La expresión paciente, medio divertida y frustrada, volvió a asomar a su rostro. Ladeó ligeramente la cabeza, dejándome claro que sabía exactamente lo que yo estaba intentando hacer.
Me encogí de hombros a modo de respuesta.
—¿Eso es todo? —dijo, repitiendo mi gesto.
—Supongo.
—Interesante.
Hizo el amago de volver hacia la placa, pero le agarré del brazo.
—No. No —le corregí—. No es interesante. No es interesante en absoluto, al menos no en el sentido que sugiere tu tono.
—Discrepo.
Ahora estaba casi sonriendo.
—¡Que no lo es! Es exactamente lo contrario a interesante.
—Eso sería carente de interés.
—¡Exacto! Carece completamente de interés.
—Si tú lo dices.
—¡Agh! ¡Odio cuando haces esto!
Su sonrisa se ensanchó aún más.
—Sé que me voy a arrepentir de esto, pero ¿por qué es tan interesante?
—¿De verdad quieres saberlo? —Levantó hacia mí la mirada a través de sus largas pestañas mientras sus labios saboreaban la salsa—. Casi está.
—Menos mal. Me muero de hambre. Y sí. Quiero saberlo de verdad.
En el fondo no estaba tan segura de querer saberlo, pero a esas alturas no me quedaba otra.
Luca dejó la cuchara y volvió a rodear la isla de la cocina, contra la que yo me estaba apoyando ahora.
—Porque tu reacción me dice algo.
—Ah, ¿sí, de verdad?
—Sí. Me dice que no estás tan lista para comprometerte con ese tipo como creías.
—¡No me voy a comprometer con nadie! Iba a ser solo sexo.
La mirada de Luca se clavó en la mía e intenté apartar la vista, pero algo me mantuvo allí retenida, como los rayos tractores de Star Trek .
—Contigo nunca es solo sexo, Bee. No estás hecha de esa pasta. Si estás así con alguien, es porque significa algo para ti. Y debería ser recíproco, de lo contrario, ese tipo no merece la pena.
—Tal vez esté cambiando. ¡Tal vez me haya hartado de ser la de siempre, la Bee sosa y calladita, destinada a ser la tía solterona y la madrina de los hijos de los demás!
El rostro de Luca se ensombreció.
—Cielo, no eres nada de eso. La única persona que piensa eso eres tú.
Y, aunque antes he dicho que no quería que cambiaras, a lo mejor tengo que corregirme.
Porque la perspectiva que tienes de ti misma está muy equivocada.
Eres fuerte, inteligente y preciosa, y el hombre con el que estés debería hacerte sentir todas esas cosas.
Sé que a lo mejor no soy imparcial y le tengo manía al Bróker, pero si no te hace sentir todo eso, entonces ahí falla algo.
—Él sí que me hace sentir... cosas.
—Yo solo sé que no habría llamada telefónica en el mundo que me hiciera renunciar a una oportunidad así.
—Era importante. Estas cosas pasan. Lo sabes.
Luca estaba muy cerca de mí ahora, y me llegó el aroma tenue y almizclado de su loción para después del afeitado. Nunca se echaba mucha. Solo la justa para tentar a los sentidos.
—Hay cosas que son más importantes.
—Alguien estaba a punto de perder millones de libras. —Noté el temblor en mi propia voz y pasé una mano por detrás, apoyándola en el respaldo de las sillas altas de la isla, sintiéndome repentinamente mareada.
Se me aceleró el pulso y una oleada de calor inundó mi cuerpo. Luca me miraba desde arriba, muy de cerca ahora, sin pronunciar palabra. Mi cerebro, en cambio, iba a mil por hora. Es solo porque no has comido y no tiene absolutamente nada que ver con Luca Donato .
Por supuesto que tenía razón. Debía tenerla.
Había estado así de cerca, o más, con Luca un montón de veces.
Habíamos compartido cama en alguna que otra ocasión cuando habíamos viajado.
Nunca había pasado nada; simplemente nos ahorraba dinero y nos hacíamos compañía.
Teníamos a alguien con quien charlar una vez que se apagaban las luces.
Pero justo ahora... ¿Estaba pasando algo entre nosotros?
—Si hubiera sido tu dinero, seguro que habrías preferido que contestara a la llamada.
Mi voz sonó más ronca de lo habitual, y Luca ladeó la cabeza imperceptiblemente.
—Oh, definitivamente querría que él contestara.
Sostuvo mi mirada un segundo más y luego me dio un suave beso en la frente antes de dar un paso atrás para volver a la reluciente placa de inducción donde se cocinaba aquella delicia a fuego lento.
—Esto ya está. ¿Lista para comer?
Parpadeé, palpé el borde del taburete con las manos a mis espaldas y me subí a él. Pues no. Ningún momento. Solo falta de comida. Luca era simplemente Luca. Lo cual era algo bueno. Obviamente.
—Por supuesto —logré articular, recuperando la voz—. Creo que no he comido suficiente a mediodía. Me siento un poco mareada.
Luca levantó la mirada y la clavó en la mía por un instante, pero no dijo nada.