Vivir tu mejor vida Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—No es eso. Me dan igual. Es más bien que, siempre que estoy al lado de una de ellas, automáticamente parezco una pordiosera. Seguro que, en el fondo, son buenas chicas.

—¡Tú no pareces una pordiosera!

Cerré la puerta principal a mis espaldas, me miré en el espejo y esbocé una sonrisa en la intimidad ante mi aspecto ligeramente desaliñado. Con un poco de suerte, el conductor se lo habría achacado al mal tiempo.

—Gracias. Me voy a meter en la ducha y directa a la cama.

—Vale. Siento que se te haya interrumpido la noche, pero bueno, tal vez por lo que has dicho, haya sido lo mejor después de todo.

* * *

—Hola. —La voz grave a mis espaldas me hizo dar un respingo y derramar el agua caliente que estaba vertiendo sobre una bolsita de infusión de ruibarbo dulce en la cocina del personal.

—¡Mierda! —Me giré a medias al mismo tiempo que cogía un buen fajo de papel de cocina para limpiar el desastre. Luca estaba de pie en el umbral—. Ah. Hola. Perdona, estaba en la inopia.

—Ya lo veo. ¿Estás bien? ¿Te has quemado? —Cruzó la sala y se plantó a mi lado, intentando cogerme la mano. Pude oler el caro gel de baño que usaba y me fijé en un minúsculo cortecito en la cara que se había hecho al afeitarse esa mañana.

—Estoy bien —dije, apartándolo con delicadeza y cogiendo más papel—. Ha caído en la encimera, no encima de mí. —Levanté la vista un instante y me encontré con su mirada cargada de preocupación—. En serio. Estoy bien.

—Siento lo de anoche.

—¿El qué? —Me sonrojé y tomé nota mental de no contarle a Tia nada más sobre Adrian y sobre mí.

—Sé que fui un maleducado cuando te despediste.

—Ah. Eso. —Ladeó la cabeza.

—¿Qué te pensabas que quería decir?

—Nada —respondí, demasiado deprisa.

—Bee. ¿Qué ha pasado? —Su expresión se había ensombrecido, las facciones de su rostro se habían endurecido y un músculo le temblaba en el lado derecho de la mandíbula.

—No ha pasado nada, Luca.

—¿Por qué no te creo? ¿Qué me estás ocultando?

—Luca, deja de estar en modo supermacho alfa. Estoy bien. Y sí, fuiste bastante borde anoche. ¿Qué mosca te ha picado? —Volví a poner el foco en él con la esperanza de que abandonara la otra línea de interrogatorio.

—Nada.

—¿Por qué no te creo? ¿Qué me estás ocultando? —Arqueé una ceja, devolviéndole sus propias preguntas.

—Listilla. —Hice una mueca, indicando que quizá tuviera razón, pero no añadí nada más, dejando que fuera él quien llenara el silencio. Luca miró a su alrededor, comprobando que no tuviéramos compañía de más—. Simplemente no me cae bien.

—¿Quién?

—Adrian.

—Empezaste a comportarte raro antes de eso, pero vayamos por partes. ¿Por qué no te cae bien?

—No lo sé. Hay algo en él que no me cuadra.

—¿El hecho de que sea bróker, quizás? —Luca tuvo al menos la decencia de encogerse de hombros.

—Admito que eso no ayuda precisamente a que me gane.

—¿Y lo demás?

—Como ya te he dicho, no lo sé. No creo que sea lo suficientemente bueno para ti.

—Ni siquiera lo conoces, Luca. Y anoche tampoco hiciste el menor esfuerzo por conocerlo. Parecías más interesado en conocer a la mujer de la mesa de al lado.

—Era interesante.

—Sí, ya se veía —dije secamente—. Habría sido un detalle que al menos lo intentaras. Me gusta y yo le gusto. ¿No debería ser suficiente para ti?

—No si no es lo bastante bueno para ti. —Lo soltó con total naturalidad, como si ya existieran pruebas irrefutables de ello.

—¿Y tú cómo puedes saber eso?

—Para empezar, te emborrachó en un día laborable, justo después de que empezaras en un trabajo nuevo. Eso no me grita «respeto» precisamente, ni me indica que le importe lo más mínimo tu bienestar.

Tiré el papel mojado a la papelera con más fuerza de la necesaria.

—Ya hemos hablado de esto. Me he disculpado. Beber aquella noche fue decisión mía. No me obligó a tragarme las copas. Igual que tampoco me obligó a irme a casa con él anoche.

El rostro de Luca perdió algo de color. No tenía ni idea de por qué le había soltado aquello, pero ya estaba harta de su desaprobación en lo que a mis novios se refería, y a Adrian en particular.

Soltarle esa bomba probablemente no había jugado a mi favor, pero, Dios, a veces conseguía sacarme de quicio. El silencio se prolongó.

—¡Buenos días! —El tono alegre de Jerry rompió el silencio mientras entraba en la cocina dando saltitos de felicidad.

Jerry siempre me recordaba a un golden retriever por su pelo cobrizo y su sonrisa casi permanente.

Invariablemente, siempre parecía encantado de ver a la gente y derrochaba entusiasmo por todo.

Pero hasta él se quedó paralizado al entrar en la estancia.

La tensión entre Luca y yo se había fusionado hasta formar un campo de fuerza casi físico.

—Hola, Jerry —respondí, forzando la sonrisa más natural posible, aunque, por la cara que puso, debió de parecerle más una mueca forzada de lo que pretendía.

—Jerry. —Luca asintió a modo de saludo. Me dedicó una última mirada y luego salió, caminando a grandes zancadas hacia su despacho.

—¿Todo bien? —preguntó Jerry.

Me encogí de hombros.

—Creo que esta mañana se ha levantado con el pie izquierdo. — O de la cama equivocada…

Jerry sonrió y asintió, pero me di cuenta de que no se lo había tragado en absoluto.

—Bueno, será mejor que me ponga en marcha —dije, cogiendo mi té y dirigiéndome a mi escritorio.

Enterrándome en el trabajo, mantuve la cabeza gacha y avancé a buen ritmo con mi proyecto actual durante el resto del día.

Luca había salido a las diez y media y no había regresado al final de la jornada laboral, y no podía decir que aquello no me aliviase.

Eché un vistazo a la oficina al salir. De verdad me gustaba estar allí.

El trabajo era interesante y la gente era encantadora.

Pero si Luca y yo no éramos capaces de arreglar qué demonios era lo que estaba pasando entre nosotros, sabía que tendría que despedirme de todo aquello.