Vivir tu mejor vida Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Mi mirada vagó por el vagón. Un par de personas estaban dormidas y un grupo de lo que parecían ser turistas españoles hablaban muy rápido y se reían juntos.

El resto de los pasajeros estaban mirando, haciendo scroll o escuchando algo en sus móviles, salvo un hombre en un asiento del extremo que estaba absorto en un libro.

Un libro de verdad. Eso me hizo sonreír.

Aunque tenía la tapa doblada hacia atrás, y a medida que pasaba cada página, esta se sumaba a la curva.

Eso no me hizo sonreír. Tenía la manía de no doblar los libros ni sus páginas, y me contuve a duras penas para no arrancárselo de las manos y darle una lección sobre la etiqueta literaria adecuada.

Pero no lo hice. Obviamente. Levanté la vista cuando el tren hizo ese sonido sibilante y chirriante que hace al reducir la velocidad al llegar a una estación.

Por megafonía se anunció que, debido a obras de emergencia, el tren finalizaría su trayecto en la siguiente parada, y que los billetes serían válidos en todos los trenes de superficie y autobuses.

El vagón se llenó de quejidos y suspiros.

En la siguiente parada, todos salimos en fila y subí a la superficie para encontrar una ruta alternativa a casa.

Un rato después estaba en mi segundo autobús mirando distraídamente por la ventana.

Para entretenerme, saqué el móvil del bolsillo y abrí la app de citas.

Al hacerlo, vi el pequeño símbolo de un sobre en la esquina superior derecha con un número cinco al lado.

Lo miré fijamente durante un instante y luego pulsé.

Se abrió la bandeja de entrada con los cinco encabezados de los mensajes alineados debajo.

Todavía faltaba un buen rato para mi parada.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, me dije, y pulsé sobre el primer mensaje.

Hola, tigresa…

Eeeh, ¿perdona? Llaman de los años setenta, que les devuelvas su frase para ligar.

Leí las dos siguientes líneas del mensaje y digamos que la cosa no mejoró.

Si cabe, empeoró. Mi dedo encontró la pequeña papelera y, tras una satisfactoria pulsación, el señor Tigresa pasó a la historia.

Con cierta aprensión, pasé al siguiente.

Se me salieron un poco los ojos de las órbitas mientras cargaba.

Si alguna vez hubiera llegado a terminar la carrera, ¡no estoy segura de que mi tesis hubiera sido tan larga!

Sin embargo, tras descartar al remitente número uno, y con Tia y Luca acusándome de no estar participando en condiciones, me esforcé por demostrarles que se equivocaban y darle una oportunidad a la opción número dos.

Para cuando llegué a mi parada bastante después, todavía no había terminado de leerlo.

¡Me costaba creer que hubiera algo que aún no supiera sobre ese chico!

Si aceptara tener una cita con él, no estaría segura de poder pensar en ninguna pregunta que hacerle; era imposible que le quedara algo por contarme.

Desde luego, nada sobre su matrimonio anterior y su posterior divorcio.

Había dado tantos detalles sobre el tema que casi sentía que yo había estado allí.

Pero le concedí el beneficio de la duda y decidí que tal vez solo quería ser sincero.

Soltarlo todo. Y vaya si había hecho un buen trabajo.

Puede que el primer mensaje no fuera el momento ideal para hacerlo, pero quizás fuera tan novato en todo esto como yo.

Su foto de perfil mostraba a un chico bastante majo, de sonrisa tímida y pelo castaño claro, corto y arreglado.

Decidí meterlo en el montón de los posibles, le di las gracias al conductor del autobús al bajar y me volví a meter el móvil en el bolsillo.

El resto podía esperar hasta que llegara a casa.

No estaba tan desesperada por saber quién más me había escrito como para jugarme la vida, los huesos o simplemente acabar de los nervios por ir caminando con el móvil pegado a la cara.

Me pondría cómoda en pijama, me prepararía una buena taza de té gigante y me sentaría a ver el resto.

* * *

¿Y bien?????

El mensaje de Tia sonó en cuanto me senté con mi taza de té.

Supuse que hablaba del tema de las citas.

Ese era el modus operandi de Tia. Tenías que seguirle el ritmo porque, a diferencia del Pretendiente Número Dos de mi perfil, ella no te rellenaba los huecos a menos que se lo pidieras expresamente.

Dame unos minutos…

¡Luca me ha dicho que antes ni siquiera habías mirado la bandeja de entrada! Sabes que él ya ha salido a una cita, ¿verdad?

Solté un suspiro.

Luca es un chivato y sí, lo sabía.

Puse el emoji que se encoge de hombros después, solo para enfatizar que me daba exactamente igual. Sería una competición, pero no era una carrera.

¿Tienes una cita entonces?

Por lo visto, Tia y yo teníamos conceptos diferentes de lo que significaban «unos minutos».

Todavía no. Estoy leyendo los mensajes y tomando una decisión meditada.

¡Pues date prisa!

Volví a los demás mensajes y los leí. Por suerte, los tres restantes eran más cortos.

Respiré hondo y contesté al cuarto. Parecía majo, daba la impresión de tener sentido del humor y posaba con un perro en su foto, lo que, reconozco, influyó en mí más de lo debido.

Pero mencionaba que era un amante de los animales y, aunque yo no podía tener mascotas en mi piso, siempre me habían encantado y me moría de ganas por tener una.

Incluso se lo había suplicado a mis padres años atrás, tal vez intuyendo que la compañía me habría ayudado a mitigar la soledad.

Ellos siempre habían desechado la idea, argumentando que no tenían ni el tiempo ni las ganas para cuidar de un animal.

Después de una de esas discusiones, yo contraataqué por sorpresa acusándolos de que tampoco habían tenido tiempo ni ganas de cuidar de una hija, pero eso no les había impedido tenerla.

La expresión de sus caras sigue grabada en mi memoria hoy en día.

Jamás me contestaron y no volvió a mencionarse el tema.

Al final, las cosas no cambiaron, pero sentí una extraña sensación de alivio por haberlo soltado por fin.

Le he escrito a uno.

¿Uno? ¿Y los demás?

¿Qué pasa con ellos?

¡Tienes que probar con varios, Bee! Envía algún otro mensaje. ¡A menos que sean unos completos babosos, en cuyo caso ni se te ocurra!

¿Por qué?

¡Para tener opciones!

Esto iba a darme más dolores de cabeza de lo que pensaba.

Vale. Está bien…

Le escribí al señor Tesis y a otro que había llegado después de que yo entrara en casa. No les dije gran cosa, tan solo un simple hola, gracias por el mensaje, y un breve comentario sobre algún detalle de lo que me habían contado.