CAPÍTULO 61
Maximilian
Hunter duerme, más le vale que ahora no vuelva a desafiarme, aunque pude ver en su cuerpo, la forma en cómo se entregó y en sus ojos que le gustó, mi codiciosa esposa le gusta que la folle duro, que someta a su cuerpo como quiero y esa es mi perdición.
Luego de ducharme una hora después estoy en mi despacho.
El reloj antiguo del despacho marca el paso del tiempo con un tic-tac casi amenazante.
Claus recorre el perímetro de la sala, las manos en la espalda y un cigarro apagado entre los dedos, como si caminar lo ayudara a pensar.
Noel está de pie junto a una estantería, pasando las páginas de un dossier que trajo de su red de contactos en Europa.
Azrael ha tomado el asiento frente a mi escritorio, sus codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas y la mirada fija en el suelo, como un animal en tensión que espera el momento adecuado para atacar.
El ambiente es pesado, cargado de anticipación. La lluvia golpea el cristal, acompañando el murmullo de Noel al romper el silencio:
—La subasta está confirmada.
Claus lanza el cigarro al cenicero, sin encenderlo, y añade:
—Y alguien entre nosotros está filtrando información. Si Grim conoce nuestras rutas, es porque alguien las canta.
—Entonces cazamos al traidor —respondo, mi voz dura.
Mis dedos golpean el mapa sobre el escritorio. Esta vez no hay espacio para dudas: en Suiza, todo podría cambiar. Y Hunter… Hunter no debe saberlo.
—La subasta será en Suiza —informa Noel, su tono bajo pero firme—.
Han cambiado el lugar tres veces, pero esta vez es definitivo.
Es pública, lo suficiente para que se vea como un juego…
pero los rumores dicen que entre los invitados habrá compradores reales, cárteles, traficantes y políticos.
Y no se ustedes, pero yo quiero cazarlos a todos.
Claus deja un marcador sobre el mapa, señalando un punto en Berna.
—Han reforzado la seguridad. Y según mi informante, Grim va a estar allí. Esta es la mejor oportunidad que tendremos para acorralarlo.
Azrael cruza los brazos.
—¿Estás seguro de que no es una trampa? Porque huele a una.
—Claro que lo es —respondo, mi voz fría como el acero—. Pero si Grim está desesperado, eso lo vuelve descuidado. Y ese es el momento en el que yo lo atrapo.
El silencio se estira unos segundos. Puedo sentir el peso de las miradas de los tres sobre mí. Saben lo que implica: una misión así no admite errores.
—Max —dice Noel con cautela—. ¿Qué vas a hacer con tu esposa? Ella no puede saberlo.
—Me encargaré de ella.
Ella es buena, demasiado buena. No puede enterarse de esto, no solo Grim la verá como un objetivo… él la usará contra mí, y debo mantenerla alejada de esto. Sé que Grim quien quiera que sea hace todo esto para provocarme y ella es su objetivo.
¿Qué pasa con la reina cuando el Rey duerme? El mensaje fue bastante claro para mí.
Mi mandíbula se tensa. Odio ocultarle cosas, pero debe hacerse. Hunter es mi mayor fortaleza y mi debilidad. Si Grim siquiera sospecha, todo se vendrá abajo.
—Ella no sabrá nada —afirmo, mi tono definitivo.
Azrael me observa un momento, su mirada como un espejo de todo lo que no decimos. Finalmente asiente, pero su voz es un susurro cargado de advertencia:
—Más te vale que esto no nos cueste más de lo que estamos dispuestos a perder.
Cierro el mapa y apago la lámpara. El despacho vuelve a quedar sumido en penumbra. Afuera, Londres respira bajo la lluvia. Dentro de estas paredes, la guerra contra Grim ya ha comenzado… y Hunter, sin saberlo, es el centro de todo.