Viper (Código Negro 1) CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

Hunter

La casa está silenciosa, pero no ese silencio cómodo que acompaña a la tranquilidad. Es un silencio cargado, como si las paredes contuvieran un secreto demasiado grande. Voy camino a la cocina cuando oigo sus voces amortiguadas a través de la puerta del despacho. Me detengo.

La voz de Azrael atraviesa el aire primero, grave y herida:

—…vas a destruirlo todo por ella, Max. Si sigues cruzando líneas, pondrás al equipo en peligro.

Mi respiración se corta. El sonido de mi propio pulso late en mis oídos.

—No lo entiendes —responde Max, su tono bajo pero firme—. Hunter es… es lo que me queda. No dejaré que Grim la toque.

¿Grim? La firma, seguramente ya saben quién es o de quién se trata.

El peso de su nombre en su voz me rompe y me fortalece al mismo tiempo. Pero las palabras de Azrael me atraviesan con culpa:

—¿Incluso si eso significa perder hombres?...

Hay un silencio tenso antes de que Max responda, más bajo, casi un susurro:

— No me des lecciones sobre pérdidas, Azrael. No te entregaron a tu familia en una pecera. Sabes lo que el enemigo puede hacer cuando no estás dispuesto a mancharte las manos.

Mis manos tiemblan sobre el marco de la puerta. Quiero entrar, decirles que no peleen por mí, que no quiero ser la grieta que rompa lo que han construido juntos. Pero algo en sus voces —el dolor, la rabia contenida— me paraliza.

Doy un paso atrás en el pasillo, intentando no hacer ruido. Sus palabras siguen rebotando en mi cabeza, mezcladas con el recuerdo de la cobra de bronce y la firma de Grim. El aire de la casa, tan grande y tan protegido, ahora se siente como una trampa.

Mientras regreso a mi habitación, una punzada helada me atraviesa el pecho: Grim no solo está afuera, acechando en las sombras. También está dentro, quebrando las certezas que mantenían a Max y a su equipo unidos. Y ahora, sin quererlo, yo soy el centro de esa fractura.