CAPÍTULO 53
Maximilian
Theron Sterling me espera en el patio trasero de su casa.
El aire nocturno es denso, cargado de ese silencio incómodo que siempre antecede a una confrontación.
Josephine ha llevado a Hunter al interior, dándonos este momento a solas.
La luz tenue de las farolas apenas ilumina el contorno de su rostro, pero puedo ver la furia aún viva en sus ojos.
Cruzo los brazos y espero. No hay necesidad de llenar el aire con palabras innecesarias.
—No creas que, porque no te lancé un golpe frente a ella, confío en ti —gruñe finalmente.
—Nunca lo pensé —respondo, mi voz baja y firme—. No necesito tu confianza para seguir respirando.
Theron da un paso hacia mí, el ceño fruncido. Es más grande de lo que muchos recuerdan, una amenaza por sí mismo, pero no me muevo. He enfrentado a hombres mucho peores.
—Ella es mi hermana —escupe—. Si le haces daño, Max, te buscaré en cada rincón del mundo.
—Y si alguien intenta hacerle daño —le corto, mi tono es acero puro—, no quedará un rincón del mundo donde esa persona pueda esconderse de mí.
Theron vacila un instante. Sus ojos buscan algo en los míos, quizá un rastro de mentira, pero no lo encuentra.
—La protegerás —dice, más como una orden que una pregunta.
—Con mi vida —respondo sin titubeos. Y no es una promesa vacía: es un hecho.
El silencio que sigue no es del todo hostil. Es pesado, sí, pero también hay un entendimiento tácito entre dos hombres que han perdido demasiado para jugar con palabras bonitas. Theron exhala lentamente, el peso de sus temores filtrándose por primera vez en su respiración.
—No soy bueno aceptando esto —admite—. Pero vi cómo la miras. Y vi cómo ella te mira.
—La amo —digo, y es lo más simple y honesto que puedo ofrecer. —Entiendo ese miedo, amar tanto a alguien y tener miedo de perderlo todo. Ya perdí todo una vez, no dejaré que eso suceda de nuevo.
Theron aprieta los labios, como si esas palabras le dolieran y lo aliviara al mismo tiempo. Finalmente asiente, una sola vez, brusco, antes de darse la vuelta para regresar a la casa.
Mientras lo observo alejarse, entiendo que la batalla no está ganada: su desconfianza seguirá ahí, rondando como una sombra. Pero también sé que, al menos por esta noche, he ganado un respiro. Y por Hunter, pelearé contra cualquier sombra que intente reclamarla.