CAPÍTULO 52
Hunter
Entro al salón de mi hermano y lo primero que recibo es su grito, fuerte y seco, como un latigazo que corta el aire.
Josephine, radiante y con su vientre hinchado bajo el vestido, me dedica una mirada que mezcla emoción y disculpas, como si quisiera alegrarse por mí y, al mismo tiempo, advertirme de la tormenta que está por desatarse.
—¿¡Qué demonios hiciste, Hunter!? —ruge Theron desde el otro lado de la sala, sus ojos como cuchillas.
—Me casé, supéralo. —respondo, tratando de mantener mi voz firme, aunque mi corazón late con fuerza.
—Voy a matar a ese hijo de puta de Viper —escupe, su tono venenoso llenando cada rincón de la habitación.
Que llame a mi esposo así no lo hace mejor, es su forma fría de hacerme ver el mundo del que ahora soy parte. Uno no tan diferente al que tenía, es un hipócrita.
Doy un paso adelante, pero antes de que pueda responder, siento la presencia de Max detrás de mí. Su mano firme en mi cintura es una señal silenciosa de que no estoy sola. Su voz, cuando rompe el aire, es grave y controlada, pero hay acero en cada palabra.
—Un grito más a mi esposa —dice, su mirada fija en Theron— y nos iremos. Ni siquiera te golpearé frente a tu esposa embarazada si te pasas de la raya, pero no lastimes a tu hermana.
Theron se queda inmóvil por un momento, la resistencia entre ellos es tan grande que casi puedo tocarla. Josephine aprieta las manos sobre su vientre, nerviosa, pero no dice nada.
—¿Me estás amenazando en mi propia casa? —su voz baja ahora, pero el veneno sigue ahí.
—No —responde Max, su tono bajo, casi peligroso—. Te estoy diciendo dónde están mis límites.
Camino un poco hacia adelante, interponiéndome entre ellos, y miro a mi hermano directamente a los ojos.
—Theron… —mi voz se quiebra apenas—. Amo a Max. Y sé lo que piensas, pero lo elegí.
La mandíbula de Theron se tensa. Su mirada pasa de mí a Max y vuelve a mí, como si intentara encontrar un argumento que pudiera hacerme retroceder. Finalmente, su respiración sale en un gruñido frustrado.
—No puedo creer que hicieras esto sin decirme nada —dice, y aunque sus palabras son duras, hay algo en su tono que ya no es pura furia.
Max asiente lentamente, reconociendo la herida en el orgullo de Theron sin ceder terreno.
—No vine aquí a robarte a tu hermana —dice con frialdad—. Pero no voy a disculparme por amarla.
Theron aprieta los puños, sus nudillos se vuelven blancos. Su mirada, ese fuego protector que siempre me intimidó de niña, ahora arde mezclado con miedo.
—Quería a mi hermana fuera de esta vida —dice, su voz es grave, cargada de decepción y un rastro de tristeza.
—Eso no era una decisión tuya para tomar, Theron —le respondo, intentando que mi voz no tiemble.
—Lo sé —admite con un suspiro áspero—. Pero ahora estás con alguien peor que yo: despiadado, mentiroso, asesino…
—Detente ahí —le corto, avanzando un paso, mi corazón golpeando con fuerza—. No dejaré que le faltes el respeto en mi presencia. No eres mejor que él, Theron… ¿o ya se te olvidó lo que eres en las noches?
El silencio que sigue es espeso. Veo el dolor cruzar por su rostro, una sombra que también se refleja en los ojos de Josephine. He tocado una herida profunda.
—Hunter… —interviene Max, su voz grave pero tranquila, colocándose suavemente a mi lado—. No tienes que ser dura para defenderme de tu hermano. Puedo soportarlo. No te lastimes de esa forma. Ni a él.
—¿Lo ves? —le digo a Theron, señalando a Max con un gesto tembloroso—. Él no es un monstruo… lo amo, Theron. Sabes que lo he amado desde que me sacó de ese infierno.
—Es por eso —escupe, su ceño fruncido—. Porque confundes amor con gratitud.
Josephine, hasta ahora silenciosa, da un paso hacia adelante. Sus manos descansan sobre su vientre mientras su voz, suave pero firme, rompe la tensión.
—A mí también me salvaste —dice, mirándolo directamente—. ¿Ya no lo recuerdas?
Theron gira hacia ella, su expresión endurecida por el orgullo empieza a resquebrajarse.
—Cada segundo —responde en un susurro.
—Entonces debes entender lo que se siente —continúa Josephine, su tono lleno de ternura—.
Salvar a alguien, amarlo, y no querer perderlo.
Lo de ellos no es diferente a lo que nos ocurrió a nosotros.
No seas tan duro. Estoy segura de que Max la protegerá como siempre lo ha hecho… como tú me proteges a mí.
Theron baja la cabeza, inhalando lentamente. El silencio que sigue está cargado de emociones contenidas. Finalmente, sus hombros se relajan apenas, aunque su mirada hacia Max sigue siendo afilada.
—No lo acepto del todo —murmura—. Pero… lo intentaré, por ella.
Max asiente una sola vez, sin arrogancia, solo con la gravedad de un hombre que entiende lo que está en juego. Yo tomo aire, aliviada, y mi hermano finalmente aparta la vista, luchando por aceptar una realidad que no puede cambiar.