CAPÍTULO 45
Maximilian
La música de Las Vegas todavía zumba en mis oídos cuando la aparto de la pista, guiándola hacia una esquina menos abarrotada del club.
Afuera, el calor de la noche se mezcla con el viento del desierto que entra por una puerta lateral abierta para ventilar el lugar.
La llevo cerca del bar vacío, mis manos aún en su cintura, y aunque el ruido del lugar debería tragarse nuestras palabras, el mundo parece contener la respiración.
Hunter se aparta un paso, sus ojos azules brillando bajo las luces de neón. Puedo ver el alcohol enrojeciendo sus mejillas, pero también veo la herida bajo su piel, esa mezcla de rabia y miedo que nunca terminó de sanar. Ella me mira como si buscara una respuesta que no puedo darle.
—¿Qué pasa? —pregunto en voz baja, intentando mantener la calma.
—Pasa que… —su voz tiembla antes de endurecerse—. Pasa que no sé quién diablos eres cuando no estás conmigo.
Aquí vamos otra vez.
Me cruzo de brazos, pero la tensión en mis hombros me delata. Sé que no va a ser una conversación fácil.
—Sabes lo suficiente —respondo, midiendo cada palabra—. Y lo que no sabes… créeme, es por tu propio bien.
Ella da un paso hacia mí, la barbilla en alto, como si estuviera a punto de romperme algo dentro.
—¿Por mi bien? —susurra, y luego su voz se rompe un poco—. ¿Por mi bien fue que me dejaste creer que estabas muerto?
La daga de sus palabras me atraviesa. Podría mentirle, podría decirle que fue estrategia, que todo tenía un propósito, pero el hecho es que la abandoné. Y ella lo sabe.
—Hunter… —empiezo, pero ella me corta. — pensé que ya habíamos superado esa parte.
—No. No está superado... al menos no por mí —Se le humedecen los ojos, pero su voz se vuelve más fuerte, que esté ebria lo hace peor—. Vas a desaparecer de nuevo, ¿verdad? Vas a hacer lo mismo. Entrar en mi vida, hacerme sentir que… que tal vez pueda volver a confiar, y luego… luego te esfumarás.
Mi garganta se cierra. Las palabras se atascan, porque sé que en cierto modo tiene razón. El mundo que habito no permite promesas. Pero la sola idea de alejarme de ella otra vez me enciende algo feroz en el pecho.
Doy un paso hacia adelante y la tomo por los hombros, obligándola a mirarme. Mis ojos buscan los suyos como un ancla.
—No. No pienso irme otra vez.
Ella intenta apartarse, pero no lo permito. Mi voz baja, grave, como una promesa arrancada del fondo de mi alma.
—No puedo prometerte que el mundo dejará de ser un lugar peligroso, Hunter. No puedo prometerte que no habrá más sangre, más amenazas. Pero desaparecer… no. No de ti. Nunca de ti.
Ella sacude la cabeza, sus lágrimas reflejando las luces del club.
—Dices eso ahora. Pero cuando las cosas se compliquen… cuando alguien vuelva a apuntarte… —Traga saliva—. Yo no sobreviviré a que lo hagas otra vez.
Mis dedos se deslizan hasta su rostro, limpiando cualquier rastro de lágrima por su mejilla, pero no hay ninguno. Me acerco lo suficiente para que nuestras frentes se toquen.
—Escúchame bien. He matado por menos de lo que siento por ti. He atravesado mares para traerte de vuelta. He puesto mi vida en juego tantas veces que ya no debería quedarme nada. Y aun así… aquí estoy.
Ella cierra los ojos, y durante un momento solo hay silencio, nuestras respiraciones mezclándose. Entonces, como un susurro que apenas puede escucharse, añade:
—Tienes que demostrarlo, Max. No con palabras.
La rabia y el amor se enredan en mi pecho, pero asiento despacio. Oh, sí, jodidamente lo haré. Ella quiere quedarse conmigo, le haré saber que tan necesitado de ella estamos mi polla y yo.
—Lo haré. —Mi voz es un juramento. Luego, en un intento de romper la tensión que amenaza con rompernos, dejo que un atisbo de ironía cruce mis labios—. Pero no esperes que deje de vigilarte. Nunca he sido bueno para eso de “dejar ir”.
Un rastro de sonrisa se dibuja en su rostro a pesar de las lágrimas. Su mirada se suaviza, pero el dolor sigue ahí, agazapado. Y yo sé que esta pelea no borra las sombras, pero también sé que no puedo perderla otra vez.
Por ahora, no hay promesas imposibles ni explicaciones que puedan arreglar el pasado. Solo este instante: Hunter, sus ojos azules ardiendo de desafío y miedo, y yo, dispuesto a luchar contra cualquier infierno con tal de no desaparecer de su mundo nunca más.