Viper (Código Negro 1) CAPÍTULO 38
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CAPÍTULO 38

Maximilian

Me duelen los testículos por la falta de liberación, pero no me importa.

Arriba, ella duerme. Por primera vez en mucho tiempo, Hunter respira sin sobresaltos, sin ese gesto de alerta que siempre le roba la paz incluso en sueños.

La dejé rodeada de silencio, en mi cama, con mis sábanas impregnadas de mi olor.

Así es como quiero que aprenda a dormir de ahora en adelante: sabiendo que mientras yo exista, nada ni nadie volverá a tocarla.

Abajo, en cambio, la noche tiene otro rostro.

Entro sigilosamente en la habitación, la penumbra apenas revelando las formas. En mi mano, la serpiente se agita ligeramente, su lengua bífida probando el aire. Ella lo siente, el hedor, la corrupción que emana de él. No me morderá a mí; su furia está reservada para lo que yace frente a nosotros.

El club está cerrado. Las luces principales apagadas.

Solo los pasillos privados respiran con esa penumbra roja que tanto me gusta, pero en el sótano el color es distinto: frío, gris, cortante.

Allí es donde guardo a los hombres que no merecen desaparecer rápido.

Y esta noche uno de ellos me espera. El único desgraciado que sobrevivió al ataque en el edificio donde casi pierdo a Hunter otra vez.

El hedor metálico de la sangre se mezcla con el del miedo.

El hombre está atado a una silla de hierro, los brazos colgando, la respiración rota.

Azrael y Noel me observan desde un rincón, en silencio.

Claus no vino; prefiere mantener sus manos limpias en ciertas etapas, pero nadie se fía de él, sé que está investigando por su cuenta y eso me gusta.

A mí, en cambio, me gusta ensuciarme. Necesito hacerlo.

—Despiértalo —ordeno.

Azrael lo sacude de un golpe seco y el hombre gime, abriendo los ojos enrojecidos.

Me acerco despacio, cada paso calculado, y me agacho frente a él.

Su mirada tiembla cuando reconoce quién soy.

Con un movimiento rápido y silencioso, acerco la serpiente al cuello del hombre.

En cuanto su piel fría toca la de él, la cascabel reacciona.

Se enrolla instintivamente, como si el contacto con el mal le diera una fuerza renovada, y con una velocidad sorprendente, clava sus colmillos en el ojo del hombre.

Un grito desgarrador brota de su garganta, un sonido gutural de agonía y desesperación.

Y entonces, como si el veneno fuera un catalizador para la podredumbre interna, el ojo mordido comienza a supurar.

Una pus espesa y amarillenta brota de la herida, mezclándose con la sangre y las lágrimas que corren por su mejilla.

El hombre se retuerce, intentando liberarse, pero la serpiente sigue aferrada, su veneno haciendo su trabajo.

—Sabes quién soy, ¿verdad? —pregunto, sin necesidad de alzar la voz.

Él asiente apenas, el terror marcado en cada línea de su rostro.

—Entonces sabes que no me interesa tu vida. —Inclino la cabeza, dejando que la sombra me cubra—. Lo único que me importa es lo que sabes.

Traga saliva. Su garganta trabaja como si las palabras fueran cuchillas. Finalmente, habla con un hilo de voz:

—Te lo diré… al sur de Londres… una casa vieja, junto a los muelles. Allí… allí tienen a las chicas.

Mi mandíbula se tensa. Aprieto el puño hasta que me crujen los nudillos. No es suficiente.

—¿Y el jefe? —escupo la pregunta como un disparo.

El hombre sacude la cabeza, desesperado.

—No… no lo sé. Nunca lo vi. Solo… solo escuché que viene del este, que nadie lo ha visto en persona. Juro que no sé más. Creo que ni siquiera es británico.

Lo observo largo rato. Su respiración es un jadeo, un ruego mudo de que lo mate rápido. Y es allí donde decido que todavía no.

Me incorporo, lanzo una mirada a Azrael y Noel.

—Mañana al amanecer vamos a los muelles. Sacaremos a las chicas de allí.

El hombre suelta un sollozo, pensando que se ha librado. Yo lo miro una última vez, mi voz grave, casi un susurro:

—No confundas información con redención.

Camino hacia la puerta, pero antes de salir, escucho el chasquido metálico de Azrael al ajustar su nudillera plateada. No necesito mirar atrás para saber que el interrogatorio aún no ha terminado… o la tortura. De cualquier forma, morirá en unos minutos.

Arriba, Hunter duerme. Abajo, yo arranco la verdad con sangre. Así se sostiene mi mundo. Así la protejo a ella y a chicas como ella.