CAPÍTULO 34
Maximilian
El mármol frío me corta las palmas de las manos mientras me sostengo del lavabo.
Intento respirar, pero cada inhalación es un golpe seco contra mis costillas.
El reflejo en el espejo es un desconocido: traje impecable, corbata recta, ojos grises que deberían imponer miedo…
y detrás de ellos, un hombre quebrado. Un hombre al que ella acaba de arrancarle la máscara con unas cuantas palabras.
Sabía que terminaría así. Desde el primer momento en que le pedí que cenara conmigo, lo supe.
Hunter no iba a quedarse. Su mundo está hecho de cicatrices, y yo soy la herida más grande de todas.
No necesitaba que me lo gritara; lo vi en sus ojos.
Esa mezcla de miedo, furia y deseo que siempre me dedica.
Era cuestión de tiempo hasta que se levantara y me dijera que no podía.
Respiro hondo, aunque el aire no entra. El ataque me golpea de nuevo, rápido, devastador. Aprieto los dientes, intentando no caer de rodillas. Pienso en él. Azrael.
No tuve que llamarlo, no tuve que dar demasiadas instrucciones.
Mi hermano siempre sabe mis pasos. Siempre está detrás, vigilando, como una sombra que me cubre incluso cuando yo no lo pido.
Él sabía que esta noche iba a terminar con Hunter huyendo.
Sabía que yo iba a perderla otra vez, y por eso ya estaba allí, esperando.
Un suspiro se me escapa, áspero, roto. Ella no lo sabe, pero cuando salió por esas puertas, Azrael ya la estaba aguardando.
Era fácil contar con él al final. Porque si yo no puedo sostenerla, si yo soy demasiado para que me aguante, al menos él puede llevarla a casa.
Me dejo caer contra la pared, sentado en el suelo, los codos apoyados en las rodillas. El ataque me arrastra, pero no me importa. Ella se fue. Y todo lo demás… lo merezco.