Viper (Código Negro 1) CAPÍTULO 11
16%

CAPÍTULO 11

Maximilian

PRESENTE

Subo al Aston Martin con la calma de quien sabe que domina la situación.

El sonido sordo de la puerta cerrándose corta de golpe el murmullo del río.

No necesito mirar por el retrovisor para confirmar lo que ya sé: sigue de pie, apoyada en la barandilla, intentando recuperar el aliento.

Hunter siempre ha tenido esa mezcla inquietante de rabia contenida y fragilidad, como un cristal templado que parece resistente pero que, con el golpe exacto, se quiebra de forma irreversible. Y yo sé exactamente dónde golpear.

El motor ronronea bajo mis manos mientras enciendo el coche. No acelero; dejo que la vibración me envuelva, disfrutando de esa sensación de poder que siempre me ha mantenido con vida. Gente como yo no sobrevive por instinto, sino por control. Y esta noche, control significa una sola cosa: ella.

La observo por el espejo lateral. Está todavía mirando el agua, con los brazos cruzados sobre el pecho como si quisiera contener algo más que el frío.

Esa postura es su defensa, pero también su rendición.

Me doy cuenta de que no se ha movido desde que la dejé ahí, y eso me arranca una sonrisa breve.

La confundí, la desestabilicé… y lo sabe.

Espero hasta que la veo dar media vuelta y caminar hacia su coche, ese pequeño mini que parece más un juguete que un medio para moverse por la ciudad.

Observo cómo mete la llave, cómo se sienta, cómo cierra la puerta con un golpecito rápido.

Todo en ella me habla de nervios. No necesita verme para saber que sigo ahí.

Y aunque no pueda probarlo… su cuerpo ya lo intuye.

Arranca y se incorpora al tráfico, y yo espero un par de segundos antes de seguirla.

No lo hago pegado a su parachoques; me mantengo a una distancia calculada, lo suficiente para no ser evidente pero demasiado cerca como para perderla.

Conozco cada semáforo, cada curva de esta parte de Londres, y sé que ella no toma caminos al azar.

Hunter busca siempre zonas iluminadas, calles donde haya gente, como si las multitudes pudieran protegerla.

Es irónico… porque yo soy la única protección real que tiene.

Mientras la sigo, repaso en mi cabeza lo que vi esta noche: estaba sola, al borde del río, vulnerable.

Y lo peor no es que su novio de mentira no estuviera; lo peor es que ella no lo ve como un problema.

Que cree, en su obstinación, que puede moverse por esta ciudad como si las cosas que le pasaron antes no pudieran repetirse.

Esa fe ciega en su independencia la va a matar.

O la va a poner de rodillas delante de alguien que no sea yo. Y eso no lo voy a permitir.

El tráfico se espesa a la altura de Westminster, y la veo frenar, cambiar de carril, tomar un desvío que la lleva hacia la mansión de mi hermano.

Ya me lo habían dicho Claus: se muda sola.

Ese pensamiento me enciende una chispa de ira silenciosa en el pecho.

No porque viva sola… sino porque eso significa que tendré que estar aún más encima de ella.

Tendré que duplicar mi presencia. Y Hunter no tiene idea de lo que significa tenerme tan cerca.

Minutos después la seguridad la deja pasar al complejo donde solo está la mansión Sterling y luego me dejan pasar a mí también.

Se detiene frente a la entrada de la mansión.

No bajo el cristal, no necesito que me vea.

Solo espero a que entre, siguiendo su silueta hasta que desaparece detrás de las puertas de cristal.

Me quedo unos minutos más, en la penumbra, dejando que el ronroneo del Aston Martin sea el único sonido en mi cabeza.

No necesito pedirle permiso a Theron para cuidarla. No necesito explicarle a nadie por qué lo hago. No necesito que ella lo acepte. Hunter Sterling puede odiarme todo lo que quiera… pero sigue respirando porque yo lo decido.

Y mientras esa sea la verdad, seguirá siendo mía.