Viper (Código Negro 1) CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

Maximilian

Horas después

La sala está cerrada con seguro y las ventanas blindadas.

Todo aquí huele a secretos: a madera vieja, a humo de habano, a historia escrita con sangre.

Es el tipo de lugar donde las decisiones cambian el rumbo del mundo sin necesidad de prensa ni firmas.

Donde los imperios se sostienen o se desmoronan en silencio.

Theron está de pie junto al ventanal, las manos cruzadas a la espalda, con ese aire de comandante silencioso que se gana sin discursos. Claus se sirve whisky sin preguntar. Noel revisa su reloj con impaciencia. Yo no me siento. No tengo ganas de fingir calma.

No me gustan reuniones, estas para ser más específico. Manejo mi propia ciudad en Suiza, pero este lugar ha sido un lugar al cual me aferro, uno que tiene nombre y apellido. La excusa perfecta para no regresar hasta que, sea mía.

Hunter Sterling.

—Gracias por venir —dice Theron, finalmente. Su voz es grave, controlada, pero más seria de lo habitual. No está aquí para hablar de alianzas ni para hacer política. Este tipo de noche no necesita preámbulos.

Año y medio me basta para saber que, si me quería aquí es porque las cosas se están saliendo de control. Y solo yo puedo encargarme.

—Corta la mierda —espeta Claus, su mejor amigo—. ¿Qué pasa?

Theron camina hasta el centro de la sala. Nos mira uno por uno. A mí al final.

—Encontramos movimiento en la costa de Brighton. Se reactivaron algunos puntos que creímos cerrados. No rutas completas, pero lo suficiente para levantar alarmas.

—¿Niñas? —pregunto. La palabra me sabe a ceniza.

—Sí. Tráfico pequeño. Por ahora.

Noel cruza los brazos. El gesto es sutil, pero el mensaje es claro: esto no es una casualidad.

Conozco a Noel desde los últimos 5 años, cuando todavía buscaba a su hermana. Compartíamos el dolor y la sed de venganza, es por eso que nos unimos para una fuerza mayor, desmantelar la misma mierda que nos quita el sueño por las noches.

—¿Quién está detrás? —Claus pregunta. Su tono es hielo.

—Todavía no lo sabemos. Pero es alguien que conoce nuestras rutas. Alguien que sabe cómo trabajamos.

Se refiere a su mierda aquí en Inglaterra. La trata, esa es mi especialidad, no la suya.

Los cuatro nos quedamos en silencio. Pensamos lo mismo, pero nadie lo dice. Todavía. Theron deja el informe sobre la mesa. No lo abrimos. No hace falta.

—Los traje aquí solo para que estén al tanto —añade Theron, más serio aún—. Pero quiero que quede algo claro, quiero esta mierda lejos de mi mujer y mi hermana.

Sus ojos van directos a mí.

—Código negro son ustedes. Nada más. Y tú Viper eres el líder. Yo solo informo. Observo. Protejo lo que me importa. Pero esta guerra es de ustedes.

Noel asiente. Claus bebe.

Claus es el último que se nos unió hace un año y medio. Vi potencial en él y una necesidad jodida por destripar, el tipo es raro, es como una jodida bomba a punto de explotar. No conozco mucho de su vida, no me importa, solo sé que el hijo de puta es letal y es lo único que Código Negro necesita.

Yo no digo nada.

Porque lo sé. Porque lo he sabido desde que empecé esto con las manos ensangrentadas y el corazón vacío.

Porque esa es la única forma en que esto funciona.

No hay estructura. No hay jerarquías. Solo tres hombres marcados por lo que perdieron y por lo que no están dispuestos a dejar que vuelva a pasar.

Theron camina hacia la puerta.

—Se viene algo grande. No sé cuándo. Pero lo huelo. Y si hay alguien capaz de desmantelar lo que está por nacer, son ustedes. Código negro no salva vidas. Las cobras.

Y se va.

Sin discursos. Sin más.

No es estúpido, ni yo tampoco, sé que está molesto porque no he tenido contacto con Hunter. Es casi sorprendente que me haya querido aquí. Parece que él sí pudo dejarlo pasar, pero yo no. Yo no olvido ese día.

La sala queda en silencio. Claus me mira. Noel tamborilea con los dedos sobre la mesa.

—¿Brighton? —pregunta Claus.

—Quiero a alguien ahí esta semana —respondo sin vacilar—. Sin contacto. Sin ruido.

Noel levanta la mirada, ladea la cabeza como si analizara mis palabras desde un ángulo personal.

—¿Y Hunter?

Su pregunta cae como un fósforo encendido en un cuarto lleno de gasolina. Me toma un segundo levantar la vista. Otro para contener la reacción.

—¿Qué pasa con ella? —respondo, firme, cortante, definitivo.

—Bueno solo digo que, si esto es grande, debemos estar preparados—insiste, con una calma que me enerva—. Porque si lo que están armando allá vuelve a apuntar a chicas jóvenes… tú no vas a querer apartarte de su lado.

—Su hermano la protege. —digo con la voz baja y tensa, como un filo contenido. Aunque su hermano sea el jefe de la mafia de Londres, me importa una mierda, tendré los ojos en ella siempre como hace ahora lo he hecho.

—Pues vas tarde —interviene Claus, con esa jodida habilidad suya de soltar bombas sin pestañear—. Va a mudarse. Me lo dijo Josephine. No sé cómo lo logró con Theron encima, pero…

Algo rojo, denso y caliente, nubla mi visión. Me incorporo del sillón.

—¿Qué dijiste?

Claus me mira sin retroceder.

—Hunter. Compró un apartamento. Se muda. Sola. Si yo tuviera un hermano como Theron respirándome en la nuca también buscaría un lugar propio.

Silencio.

Lento. Intenso. Cargado.

Mis ojos lo atraviesan.

—Ya veo —declaro, con una claridad que hiela el aire—. No es mi problema.

Miento y ahí queda todo dicho.

Porque puedo quemar ciudades, desmantelar redes, asesinar sin pestañear…

pero a ella, no la dejo sola. No otra vez. No mientras esté vivo.