CAPÍTULO 4
Maximilian
El olor a su perfume sigue en mis dedos. Una mezcla de vainilla oscura, humo y algo más… algo que no podría nombrar, pero que me acompaña desde la primera noche en que la sostuve entre mis brazos y juré que nadie volvería a tocarla sin que ardiera por ello.
Salgo del baño sin mirar atrás. Porque si lo hago, no respondo.
Porque si me quedo un segundo más, la beso.
La empujo contra esa pared y le arranco cada capa de orgullo con la boca.
Y no es el lugar, ni el momento… y juro por todo lo que me queda que no me importaría.
Pero ella sí. Siempre ella. Incluso cuando finge que no.
Camino por el pasillo de mármol como si no llevara el corazón lleno de cicatrices y los pantalones ardiendo. Como si no me acabara de estrellar contra el único ser humano capaz de destruirme con un solo temblor en los labios.
Noel me ve llegar. Me estudia. Sabe.
—¿Todo bien? —pregunta sin ironía.
—Todo está jodidamente en orden.
Claus levanta una ceja. Está con una copa de vino, sin beberla. Me ofrece una y la rechazo. No quiero anestesia. No ahora.
—¿La viste? —insiste Noel.
—La sentí.
No digo más. Porque no hace falta. Porque con ellos, al menos, puedo hablar el idioma del silencio.
Me acerco a la barandilla del segundo piso y desde ahí la busco entre la multitud.
La encuentro rápido. Nadie como ella para sobresalir sin siquiera intentarlo.
Hunter. Mi Königin . Mi condena y mi cruz.
Está con Simon, ese maldito actor de sueldo fácil.
Lo toca como si le importara. Como si él pudiera hacerle olvidar que yo alguna vez la hice temblar sin ponerle un dedo encima.
Ella no me ha olvidado. Lo vi en sus pupilas. Lo sentí en su pulso.
Y aún así, se alejó.
Mi mandíbula se tensa. Las manos me arden. El pecho me duele justo donde me atravesó la bala, como si la memoria también supiera sangrar.
No terminé lo que empecé en ese baño. Lo sé. Ella también.
Pero no importa.
Porque el juego ya empezó.
Y esta vez… voy a llegar hasta el final.