CAPÍTULO 7
En El Nido hay exactamente cuatro niveles de alcohol: el 'social', el 'estoy arreglando el mundo', el 'contentilla' y el nivel en que Gabi coge la guitarra y todas cantamos con un poco menos de dignidad y de sentido de la música.
No sé en qué momento exacto Gabi pasa de estar alegre a estar oficialmente con la guitarra en la mano, en su forma más peligrosa de cualquier vino de los viernes.
—Eso no es bailar —dice Núria desde la columna, con la copa apoyada contra el pecho.
Gabi se gira hacia ella con una expresión profundamente ofendida.
—Estás presenciando innovación artística, Nur.
—Estoy presenciando una lesión de rodilla en fase embrionaria, cariño.
Mónica se dobla de risa a su lado.
—Déjala. Está inspirada.
—Tú cállate, que antes estabas haciendo el robot.
Adri me coge por detrás. Me besa detrás de la oreja. Yo dejo de observar durante unos segundos. Bastantes. Cuando vuelvo a abrir los ojos, Gabi ha desaparecido.
—¿Dónde está?
Núria señala con la barbilla hacia el fondo.
—Mala señal.
Gabi regresa con la guitarra. La lleva colgada de una mano y una sonrisa enorme en la cara. Se sienta en una de las sillas altas y coloca la guitarra sobre el muslo.
Lola pega un chillido.
—¡SÍ!
Gabi rasguea un acorde. Ajusta una cuerda. Prueba el sonido. Mónica se sienta en el suelo delante de ella. Aina se deja caer detrás, apoyándole las manos en los hombros. Núria se cruza de brazos.
—Como cambies una sola cosa de la historia, te corrijo.
Gabi levanta la vista.
—Núria, cariño, esta canción existe porque tú bajaste a un contenedor en pijama por un abanico de tres euros. ¡Venga, acompañadme con las palmas, borrachas!
Todas nos reímos. Gabi arranca.
Un plástico rojo de gasolinera,comprado con prisas en plena carretera.Varilla torcida, color desgastado,¡el objeto más feo que el mundo ha creado!
Mónica ya está cantando con ella. Aina también se sabe partes. Eso explica demasiadas cosas.
Te fuiste a la basura una noche en pijama,y a los veinte minutos Núria te reclamaba.Metida en el contenedor, luciendo las chanclas,saludando al vecino como si allí no pasara nada.
—¡Eso no fue exactamente así! —protesta Núria.
Gabi no para.
—¡Cállate, que viene el estribillo!
Y todas entran aunque la mitad no sepamos qué demonios estamos haciendo.
—¡ABANICO, ABANICO!¡MUGRIENTO Y EMOCIONAL!¡NO DAS NI UN SOPLO DE AIRE…PERO DAS PARA TERAPIA GRUPAL!
Lola está llorando de la risa. Literalmente.
—¡TRES EUROS DE PLÁSTICO, DOS LLAMADAS Y VOLVER!¡NUEVE AÑOS NEGANDO LO QUE TODO EL MUNDO PUEDE VER!
Núria señala a Gabi.
—¡Eso es tendencioso!
—¡ESO RIMA! —grita Mónica.
Gabi continúa.
Te perdiste una noche detrás de un aparador,y Núria movilizó un dispositivo de búsqueda mayor.Una llamada. Dos llamadas. Y presentarse en el local.
Gabi deja de tocar durante un segundo. Todas esperamos. Ella mira a Núria y canta a pleno pulmón:
—¡POR UN ABANICO DE TRES EUROS!
Mónica responde:
—¡PERFECTAMENTE NORMAL!
Ya no puedo respirar. Adri está doblada sobre mi hombro. Gabi cambia el ritmo y empieza a hablar sobre los acordes.
—Y Gabi preguntando:
Se señala a sí misma.
—«¿En serio hiciste todo eso?» y Núria: «Funcionaba. Ocupa poco espacio».
El grito de risas colectivo casi despierta a Maya. Miro el carrito. Ni se mueve. Definitivamente hija mía.
—¡Oye, Núria! —grita Lola—. ¿Esto es practicidad o Diógenes emocional?
—Es pragmatismo, Lola.
Aina señala el carrito.
—«¡Maya, suelta el abanico, que tiene nueve años de lore!»
Gabi vuelve al estribillo y esta vez ya no hay salvación posible. Todas lo sabemos. O creemos saberlo. Lo suficiente.
—¡ABANICO, ABANICO!¡MUGRIENTO Y EMOCIONAL!¡NO DAS NI UN SOPLO DE AIRE…PERO DAS PARA TERAPIA GRUPAL!
Gabi sube el tono. Mónica hace una segunda voz sorprendentemente decente. Lola no, Lola está en otra canción, pero da igual.
—¡QUE NO ES RECICLAJE, QUE ES INCAPACIDAD DE SOLTAR!¡QUE BAJAR AL CONTENEDOR EN PIJAMA NO ES NORMAL!
Núria también canta y es seguramente la que más se ríe.
—¡TRES EUROS DE PLÁSTICO, NUEVE AÑOS DE NEGAR…!
Todas nos ponemos de pie. No sé por qué, pero lo hacemos. Gabi levanta la cabeza.
—¡Y ESTA CHATARRA NUNCA SE VA A TIRAAAAAR!
—«¿Lo tiramos?» «¡Ni se te ocurra, Gabiiiii!»
—Ha sido precioso —dice Lola.
Se levanta, y sigue tarareando el estribillo mientras coge una cerveza de la nevera de El Nido.
—¡ABANICO, ABANICO!
Durante unos minutos nadie consigue hablar con normalidad. Tenemos esa risa residual que vuelve cada vez que alguien mira a Núria. Ella intenta fingir que no le afecta. Hasta que Mónica hace el gesto de abanicarse con una servilleta. Entonces le tira un cojín.
—Os odio.
—No nos odias —dice Gabi.
Núria la mira. Gabi sigue sentada, todavía con la guitarra sobre las piernas. Tiene el pelo un poco pegado a la frente y las mejillas rojas. Núria se acerca y le aparta un mechón de la cara.
—A ti ahora mismo un poco.
Gabi sonríe.
—Pero funcionaba.
Núria aguanta exactamente un segundo. Después también se ríe. Y le da un beso.
Lola recoge una servilleta del suelo y empieza a abanicarse dramáticamente.
—Necesito uno.
—Ni se te ocurra —dice Núria.
—¿Dónde lo compraste? ¿Gasolinera concreta?
—LOLA.
Y volvemos a reírnos.
Miro alrededor. Alba está apoyada contra Claudia. Mónica sigue medio tumbada sobre Aina. Vera busca sus zapatos, que de alguna forma inesperada han acabado debajo del sofá.