Vino de los Viernes - Episodio 3 (Vino de los Viernes - Casa de las Golondrinas) CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

La noche empieza a caer sobre el patio de La Casa de las Golondrinas y la tercera botella de albariño ya está a mitad de camino. Las guirnaldas ya están encendidas y el patio está precioso.

—Yo solo digo —sigue Lola — que cuando una persona empieza a dejar cosas en casa de otra, no es una despiste. ¡Es una toma de posesión territorial!

—Mi novia esta vez lleva razón. Jurídicamente, seis cajas no te dan ningún derecho sobre el piso —interviene Vera, ajustándose la manga de la camisa con una sonrisa analítica—, pero si esto fuera un juicio, yo empezaría a admitir pruebas.

—¡Gracias, letrada! —exclama Lola, y le planta un beso sin cortarse.

—Bueno —dice Claudia—. Si hablamos de ocupación de territorio, ¿también cuentan las ocupaciones digitales?

Alba se queda congelada y le mira fijamente con cara de guasa.

—Alba ya ha añadido un JUGADOR 2 en mi consola y se ha creado usuarios en todos mis ordenadores.

—¡Cómo quieres que juegue si no tengo usuario!

—se defiende Alba entre risas—. Tener un perfil propio en la consola es una cuestión de guardar el progreso en el juego, no de territorialidad.

Encima que solo tengo la segunda posición y soy la segunda jugadora, ¡eso es discriminación!

Y si hablamos de invasiones, tú también tienes cosas en mi piso.

Claudia se cruza de brazos con toda la calma.

—En tu piso no hay nada mío.

—¿Ah, no? ¿Y las zapatillas de estar por casa que viven guardadas debajo de mi cama? ¿Y el neceser de piel con el pijama de seda que dejaste en mi cómoda?

—Es vestuario de recambio, solo es práctico.

Lola empuja la SERVILLETA 1, con cara de satisfacción.

Gabi suelta una carcajada mientras sirve otra ronda de vino blanco, y Aina sonríe ajustándose la correa de la cámara al cuello. Acaba de tirar unas cuantas fotos a traición.

—Bueno, Clau, solo digo que los Protoss han expandido bastante su territorio hacia mi piso.

—Dia.

Un silencio repentino cae sobre el patio. Lola se frena en seco con su rotulador en la mano.

—Espera —dice Lola—. ¿Por qué le has dicho «Día»?

—Nada —dice Mónica, riéndose—. Si le llama Clau, ella se lo completa, ¡no puede remediarlo!

Lola se ríe y prueba:

—Clau.

Claudia suspira de forma imperceptible y responde en automático:

—Dia.

Todas nos echamos a reír. Claudia se pasa la mano por el pelo, deja escapar una leve sonrisa de resignación y dobla su servilleta.

—A mí este debate me da igual —murmura Claudia mirando hacia la mesa —a mí me encanta que Alba viva conmigo.

Oh. Eso ha sido una confesión en toda regla. Me parece que alguien se acaba de emocionar… Las cosas que pasan en el vino de los viernes no pasan en ningún otro sitio.