Capítulo 17 #3
Gratas le lanzó una mirada asesina y luego me volvió a mirar.
—Lo hemos intentado todo para dar con los traidores.
¡Joder, si hasta hicimos radiografías a los gatos en busca de dispositivos espía!
Anton se rio de mí cuando lo propuse. Eso debería bastarle para entender lo bien que su tío hacía su trabajo.
Sin embargo, usted no es su tío. Y usted retirará a todos los espías que su tío tenía en nuestras empresas, y lo hará tanto si se une a la Asamblea como si no.
Gratas acariciaba a su gato mientras hablaba. Evité mirar a su azul ruso todo el tiempo conscientemente.
—Por último, nos compensará por la pérdida de negocio que nos han ocasionado las maniobras de su tío a lo largo de sus años, que ha sido considerable.
—¿Y a cuánto asciende esa pérdida? —pregunté.
—Su cuota de ingreso en la Asamblea es el diez por ciento de su patrimonio, que equivale, como ambos sabemos, al diez por ciento del patrimonio de su tío más la calderilla que usted haya podido aportar —contestó Gratas, y se rio de su propio chiste—.
Si no se va a unir a nuestra sociedad, la penalización debería ser más elevada, ¿no cree?
Yo sugerí la mitad de su fortuna, pero mis hermanos en la Asamblea opinan que es demasiado.
.. poco caritativo con el novato. Así que hemos acordado dejarlo en tan solo una cuarta parte del patrimonio neto de su tío.
—¿Y eso cuánto es? —pregunté—. Dado que, por lo visto, sabe tanto sobre los negocios de mi tío, incluso más que yo, debe tener una cifra concreta pensada.
Gratas miró a Harden, que parecía sentirse de lo más incómodo con el camino que había tomado la conversación.
—La cantidad que esperamos percibir son cien mil millones de dólares —declaró.
—Ese es el monto principal, al que hay que añadir algo de interés por todos los años que su tío nos ha incordiado.
—Entendido —dije—. ¿Se lo hago llegar por PayPal?
—No sea cretino —me espetó Gratas—. Su tío es dueño de un banco. Casualmente, Anton también posee un banco. Probablemente podrían cerrar el asunto ahora mismo. Incluso sería más rápido que un pago con PayPal.
—Puede que sea ligeramente más complicado de lo que insinúa —murmuró Dobrev.
Sin embargo, Gratas estaba lanzado.
—Y eso nos lleva a otro asunto.
—El último asunto —constaté.
Él ignoró el comentario.
—Únase a nosotros o rechace la oferta, pero, en cualquiera de los dos casos, el dinero que nos debe tiene que estar en nuestras manos antes de que termine el congreso.
—¿Y si eso no ocurre?
—En ese caso descubrirá lo afilados que tenemos los colmillos que le acabo de enseñar —me amenazó Gratas—. Muchacho, la Asamblea de Lombardía lleva en pie un siglo. No persistimos permitiendo que quienes se oponen a nosotros queden impunes.
—Salvo mi tío —le recordé.
—Su tío está muerto —dijo él—. Ahora está solo, Charlie. —Se sentó de nuevo y acarició al gato con una satisfacción visible.
—De acuerdo. Gracias por recordármelo —respondí, y me volví hacia Harden—.
Si lo he entendido bien, mis opciones consisten en unirme a su organización, en cuyo caso deberé apoquinar más de cuarenta mil millones de dólares y todos los secretos industriales de mi tío para que ustedes puedan usarlos colectivamente en beneficio propio, o bien no unirme a ustedes, en cuyo caso palmaré cien mil millones de dólares y deberé abandonar todas las fuentes de ingresos más relevantes de mi tío.
Y, en ambos casos, tengo que soltar el dinero en cuestión de días.
Harden lanzó una mirada asesina a Gratas.
—Yo no lo habría expuesto en esos términos —gruñó.
—Pero esas son las opciones —insistí.
—Sí. Sí, es correcto —confirmó Harden—. Pero, Charlie...
—Están sin blanca —lo interrumpí.
El comentario cortó por lo sano el hilo de los pensamientos de Harden.
—¿Qué?
—Están sin blanca —repetí—. Puede que no lo estén todos y cada uno de ustedes individualmente, aunque apostaría a que al menos algunos de ustedes están en la ruina, pero estoy seguro de que la Asamblea de Lombardía no tiene ni un centavo.
—¿De qué está hablando?
Señalé a Gratas.
—Ese me ha llamado maestro suplente que ha tropezado con algo de dinero.
No se equivoca, pero antes de eso fui periodista de la sección de negocios del Chicago Tribune durante años, y se me daba bastante bien, si me disculpan la inmodestia.
De todos modos, incluso un reportero económico del montón es capaz de oler un timo a kilómetros, y esto huele a estafa que apesta.
Señalé a Petersson.
—Como no morí en la explosión, usted envió a su lacayo para que me entregase una invitación a este congreso el mismo día que le pagó para que apuñalase el cadáver de mi tío.
—Señalé a Dobrev—. Usted me recibe como al hijo pródigo y me dice lo mucho que quería a mi tío para ganarse mi confianza.
—Señalé a Harden—. Luego me envía al estadounidense, que congenia conmigo, me alaba y trata de convencerme de que, al permitirme entrar en su club, me están haciendo un favor.
—Señalé a Gratas—. No obstante, por si ese enfoque no funciona, él interpreta el papel del poli malo encargado de hacerme saber todas las cosas horribles que pasarán si los mando a paseo.
Miré a los demás miembros de la Asamblea, que seguían sentados en sus sillas, con sus gatos.
—Y el resto de ustedes son el elemento de presión silenciosa, un efecto que han complementado con una distribución de los asientos pensada para hacerme sentir que ocupo la silla caliente y debo llegar a algún acuerdo, el que sea, antes siquiera de abandonar el salón.
Caballeros, son estratagemas habituales de los vendedores de coches de segunda mano.
Paseé la vista por el salón esperando que alguien me llevase la contraria. Como nadie dijo nada, continué.
—La invitación a unirme a la Asamblea se disfraza de una propuesta que redunda en beneficio para ambas partes, pero mi tío opinaba que no le ofrecían gran cosa que resultase beneficiosa para él, y usted —proseguí señalando a Gratas— me lo ha confirmado al quejarse de que mi tío no competía con los demás honradamente, cuando el sentido mismo de la Asamblea es no competir honestamente con nadie salvo ustedes mismos, y probablemente ni siquiera en ese caso.
Si no tenían nada que pudiese ser beneficioso para él, tampoco lo tienen para mí, aunque no tenga ni idea de lo que estoy haciendo.
—Miré de nuevo a Harden—. Sin embargo, ustedes ya sabían todo lo que acabo de decir.
El objetivo de este paripé es conseguir que o bien les permita acceder a los recursos de mi tío, para poderlos usar en beneficio propio, o bien que los cancele completamente para que no compita con ustedes, y que les realice un pago en efectivo en cualquiera de los dos casos.
Estiman el valor de los secretos industriales de mi tío en decenas de miles de millones de dólares, y me alegra saberlo, pero, pase lo que pase, necesitan cuarenta mil millones de dólares ahora mismo.
Volví a barrer el salón con la mirada.
—De modo que están sin blanca. No sé cómo se han arruinado, aunque, si tuviera que apostar, todos ustedes parecen el típico inversor que se ha sobrepasado con las criptomonedas porque eran dinero fácil y solo tenían que asegurarse de no ser el último cretino que sujeta la bolsa, un punto en el que diría que han fracasado estrepitosamente.
De todos modos, y por el motivo que sea, están sin blanca y calculo que entre todos tienen facturas inminentes por valor de cuarenta mil millones de dólares a pagar.
.. —me miré el reloj de pulsera— uno o dos días tras el término de este congreso.
Observé a Harden.
—¿Qué tal lo he hecho?
Se hizo un silencio seguido de una larga carcajada procedente del diván. Dobrev se incorporó en el asiento y asustó al gato, que volvió a escabullirse debajo. Se rio un rato más y después aplaudió pausadamente.
—¡Nada mal para un maestro suplente! —exclamó.
—Por el amor de Dios, Anton —protestó Petersson.
—No se enfade conmigo, Joakim —replicó Dobrev, e hizo un gesto hacia mí—.
Y tampoco se enfaden con él. Actualmente tiene un valor neto superior al de cualquiera de ustedes incluso como maestro suplente.
¡Y como heredero de su tío! Bien. —Se volvió hacia mí—.
Ahora mismo no se fía de ninguno de los presentes en este salón, Charlie. ¿Me equivoco?
—Me fío de los gatos —maticé.
Se volvió a reír.
—Bueno, todo esto ha sido una pérdida de tiempo —dijo Gratas.
—Al contrario —lo contradijo Dobrev—. Esta noche hemos aprendido cosas muy importantes acerca de Charlie.
Para empezar, que no es ningún bobo al que podamos engañar fácilmente.
En segundo lugar, si alguien como él ha sido capaz de deducir tan fácilmente que todos ustedes están sin un centavo, otra gente llegará a la misma conclusión, incluyendo a personas que usarán esa información para sacar mayor tajada de la que Charlie puede o desea sacar de la situación.
Por último, que todos debemos trabajar un poco más en nuestro don de gentes. ¿No es cierto, Charlie?
—Probablemente es una buena idea —coincidí.
—Tome nota de ese detalle —dijo Dobrev a Harden.
—¿Y ahora qué haremos, Anton? —preguntó este.
—¿Se refiere a ahora que nuestro intento de engañar a Charlie para que se sumase a la Asamblea de Lombardía y nos pagase miles de millones para sacarnos del atolladero en el que andamos metidos por nuestra propia estupidez ha fracasado?
—Dobrev se volvió a carcajear—. Tengo una idea radical, que consiste en que yo le contaré la verdad por si acaso nos funciona mejor.
Si no es así, ya se me ocurrirá algo. En cualquier caso, creo que se trata de una tarea que es mejor que afrontemos cara a cara y en privado.
—Esta noche debemos atender otros asuntos —insistió Petersson.
—No tenemos ningún asunto pendiente que no pueda esperar hasta nuestra reunión de mañana —replicó él, e hizo un gesto elegante hacia la puerta—. Y ahora, caballeros, hasta entonces.
Los miembros de la Asamblea refunfuñaron, recogieron a los gatos y se marcharon.
—¡Ha sido divertido! —exclamó Dobrev en cuanto nos quedamos a solas con los gatos.
—No parece muy disgustado por que no los haya rescatado —observé.
—Bueno, es que yo no necesito que me rescaten —aclaró—. Como ha mencionado Roberto, tengo un banco. Todos mis fondos son robustos y aburridos. Además, el hotel funciona muy bien, sobre todo este fin de semana. Ni se imagina lo que puedo llegar a cobrar por una habitación ahora mismo.
—¿Y la Asamblea de Lombardía?
—Sí, bueno, lo cierto es que ahora mismo es casi plenamente insolvente, y eso supone un problema, especialmente para el resto de sus miembros.
Tienen la muy mala costumbre de confundir sus fondos, y los fondos de sus empresas, con el capital de la Asamblea, por muchas veces que les advierta que no deben hacerlo.
Hace quince años tuvimos el mismo problema, y ese es el motivo por el que incorporamos a Ji-Jong al grupo.
Funcionó bien, hasta que dejó de hacerlo, y volvemos a estar igual.
—Dado que tiene un banco, podría concederles un préstamo.
—¿Acaso cree que no lo he hecho? A todos les he prestado dinero, Charlie. Sin embargo, les da miedo deberme más, lo que demuestra que, por una vez, actúan de un modo inteligente. No se fían demasiado de mí, ¿sabe?
—Es comprensible —coincidí.
Dobrev sonrió de oreja a oreja.
—Me encanta que no confíe en mí, Charlie —dijo—.
Su tío tampoco se fiaba de mí. ¡Y eso que éramos amigos!
A pesar de eso, no confiaba en mí más allá de lo mínimo imprescindible, una precaución sensata en nuestra línea de trabajo.
El hecho de que usted tampoco se fíe de mí me hace sentir como en los viejos tiempos.
Metió la mano debajo del diván para hacer salir a Misha el gato y se volvió un segundo más tarde chupándose un dedo arañado.
—Maldito gato —masculló, y me hizo gestos para que me marchase—. Vuelva a su suite. Venga a verme a la suite imperial dentro de veinte minutos y revisaremos los detalles. Deje a su gata en la suite , si es tan amable. Tenía razón en lo de que son gestos melodramáticos.