Capítulo 15 #2
—Señaló, acertadamente, que ninguno de los miembros de la Asamblea de Lombardía cuenta, ni por asomo, con la visión de futuro y la paciencia glacial requeridas para determinar hacia dónde gira el mundo, o para esperar a que llegue a su destino.
Llevan trasteando con la maquinaria desde sus comienzos.
—Morrison indicó con un gesto a los bros de la tecnología y las finanzas del salón de té—.
Fíjese en estos cabrones —dijo, y un par de ellos se volvieron al oír su valoración.
Morrison los miró fijamente, impasible, hasta que todos volvieron a centrarse en sus asuntos—.
¿Acaso cree que alguno de estos empollones posee algo semejante a la paciencia?
Todos son aspirantes a vendedores en corto, arbitrajistas o gestores de fondos buitre.
Apuñalarían a su abuela si pensasen que con ello iban a ganar un par de pavos.
—Ese comentario no es justo —protestó el flipado de la mesa de al lado, que había decidido entrometerse en una conversación ajena porque estaba convencido de que tenía algo valioso que aportar.
Morrison lo miró con los ojos entrecerrados.
—A ver si lo adivino —dijo—. Universidad del Sur de California. Wharton. Una temporada trabajando en McKinsey. Y ahora tienes una empresa emergente destinada a revolucionar..., no sé, la comida para peces, o alguna gilipollez parecida.
—El compostaje, de hecho.
—El compostaje. —Ella puso los ojos en blanco, me miró y lo señaló bruscamente con el pulgar—.
Mire esto, Charlie. Brad, aquí presente, te va a ofrecer una suscripción a suelo franco.
Tierra como servicio. —Volvió a mirar al tipo—.
A ver si lo adivino otra vez, tienes lombrices de tierra patentadas.
—Tal vez —dijo el bro a la defensiva.
—Joder, Brad, el mundo no necesita que seas el Monsanto de los anélidos.
—Monsanto ya no existe —puntualizó el flipado, poniéndose puntilloso.
—¿En serio, Brad? ¿Esa es la carta que vas a jugar?
¿Vas a alegar que, técnicamente, Monsanto ahora es Bayer?
¿Crees que has mejorado tu argumentación metiendo en esto a la empresa que usó mano de obra esclava durante el Holocausto?
—Morrison dio otro sorbo al té, se limpió los labios con la servilleta, y la lanzó sobre la mesa—.
Voy a dar un paseo —me dijo, y luego se dirigió de nuevo al bro —.
Dime que vas a participar en la Presentación y Lanzamiento de esta noche.
—Voy a participar —confirmó el tipo.
—Lo esperaré con impaciencia —le espetó ella, y acto seguido se levantó y se fue. Todos los participantes la siguieron con la mirada.
—¿Cómo ha sabido que me llamo Brad? —me preguntó el flipado, pero yo ya me había levantado y empezaba a seguirla.
—¿Se encuentra bien? —pregunté a Morrison en cuanto la alcancé. Estaba delante del hotel, en los escalones de la entrada, y parecía alguien que acababa de salir a fumar un cigarrillo.
—Estoy bien —contestó.
—A juzgar por cómo ha atizado a Brad ahí dentro no está tan bien como dice.
—A veces olvido lo increíblemente cretinos que son todos estos tipejos. —Hizo un gesto hacia el hotel—. Este establecimiento es como un huevo de Fabergé relleno de basura, Charlie. Por fuera es muy bonito, pero, cuanto más te acercas, peor huele.
—Usted me ha hecho venir —le recordé.
—Hemos venido porque recibió la invitación —puntualizó Morrison—. Rechazarla no era una opción. Y también porque debe ver a quién se va a enfrentar de ahora en adelante.
—Yo no me voy a enfrentar a nadie, soy uno de ellos —observé—. Todos somos villanos de James Bond. Dobrev hablaba del tío Jake como si hubiesen ido juntos a la universidad. ¡Hasta me ha abrazado! Dos veces. Me guste o no, formo parte de esta Asamblea estúpida. Como el tío Jake.
—Él no era miembro del grupo.
—¿No era miembro del grupo? —repetí.
Morrison negó con la cabeza.
—Al principio, lo invitaban a unirse a ellos a menudo, pero él siempre los rechazaba.
—¿Por qué?
Ella señaló el salón de té.
—¿Has visto a Brad ahí dentro? Pues solo es una versión embrionaria de los miembros de la Asamblea de Lombardía.
—¿Y el tío Jake no lo era?
—Él se dio cuenta de que era mejor que los aquí presentes. Además, no se cortaba a la hora de decírselo. Al final, dejaron de invitarlo a unirse a ellos.
—Porque era un esnob.
—Porque imaginó que, por mucho dinero que pudieran ganar intentando gobernar el mundo desde su reunión anual en este hotel, él sería capaz de ganar más que ellos.
—Siendo mejor que los demás en el juego al que todos jugaban —aventuré.
Morrison sonrió.
—No, Charlie, jodiéndoles los planes en cuanto los ponían en marcha. Y luego haciendo saber a todo el mundo que se dedicaba precisamente a eso, que se le daba estupendamente, y que cualquiera podía contratar sus servicios.
Reflexioné un minuto sobre aquella nueva información.
—Me está diciendo que el tío Jake actuaba como un depredador de los miembros de la Asamblea de Lombardía.
—Era el villano de los supervillanos, efectivamente.
—Entonces era un héroe —razoné.
—No, Charlie, de ningún modo —puntualizó Morrison—. No confunda lo que hacía Jake con nada heroico.
—Pero saboteaba los planes de los villanos.
—No lo hacía por la bondad de su corazón. Lo hacía por dinero. Y, de vez en cuando, por resentimiento. Incluso había llegado a hacerlo simplemente para ver qué pasaría. Su actitud no era heroica, exactamente.
—Pero usted se quedó a su lado —observé.
—Tampoco he dicho en ningún momento que fuese una heroína. Y tengo mi propia motivación.
—¿Piensa contármela?
—Algún día. Todavía no.
Decidí cambiar de tema.
—Si el tío Jake no formaba parte de la Asamblea de Lombardía, ¿por qué me invitaron a este congreso?
—Porque quieren tomarle la medida, por supuesto —respondió Morrison—. Quieren descubrir qué vio Jake en usted. Quieren averiguar si planea seguir con su modelo de negocio. Y, en caso afirmativo, quieren saber si se lo pueden quitar de en medio.
—Se refiere a matarme.
—Si no acepta un soborno y una advertencia, sí, por supuesto. Una de estas mentes maestras ya lo intentó cuando volaron su casa.
—En ese caso, puede que acepte el soborno —sugerí.
—Es una posibilidad —coincidió Morrison.
—¿Y usted no se enfadaría?
—Depende del soborno —respondió—. No tardará mucho en averiguarlo. Se reunirá con la Asamblea tras la Presentación y Lanzamiento de esta noche.
—Antes le ha mencionado lo de la Presentación y Lanzamiento a Brad —recordé—. ¿De qué se trata?
Ella esbozó una sonrisa cansada.
—Ya lo verá, comienza en cuanto se ponga el sol, fuera, junto al lago. Lo vendré a buscar para asistir al acto. Vístase elegante. Y traiga a Hera.
—¿Por qué?
—Ya lo verá —repitió Morrison—. Hasta entonces, vuelva a la suite. Le he preparado un dosier sobre los miembros de la Asamblea. Ya ha conocido a Dobrev. Es hora de que se ponga al día acerca de los demás. Debería conocer a las personas que intentarán matarlo, Charlie.