Chapter 64
LO SIENTO, ME SIENTO
Llevo un tiempo escuchándote.
Desde lo profundo de mi ser sigues pidiendo auxilio
Y fue hace poco cuando llegó a mi tu voz.
Te había callado. Me había hecho sordo a tus reclamos.
No podía soportar ver lo que te habían hecho y aun así seguir hacia delante.
Quería creer que ese llanto nacía de una actitud egoísta y narcisista.
De ese niño caprichoso que siempre me han hecho ver que soy.
Pero tanto llanto no podía nacer solo de eso.
No digo que mi infancia fuera terrible.
Pero me has enseñado cosas que creía olvidadas.
Cosas que te hirieron y han hecho
ser quién soy a día de hoy...
Nunca negaré que estuviera colmado de cariño y atención. Eso sería mentir.
Pero la dureza de las palabras corta más que un machete.
Viví rodeado de amenazas si mi actitud no era la correcta.
Yo, que de puertas para fuera era el niño bueno y ejemplar, dentro de casa sufría el terror de poder ser mandado a un internado.
Le tenía pánico a esa situación, y lo sabían. Aun así, lo utilizaba a su favor, obviando el daño que me hacía.
Rodearme de adultos también me hizo querer tener mi propia voz.
Y se me negó: en esta casa ver, oír y callar.
Y tu opinión nunca será válida porque estás respondiendo.
«¡Deja de responder!»
Duele. Duele ver que a día de hoy actitudes que tengo puedan venir de ahí.
Duele ver que ciertas vivencias que reproduzco ahora son para recordarme que eso sigue ahí.
Duele que la amenaza siga presente y que a veces mi opinión no sea válida.
A ti también te dolió.
Te dolió sentir que nunca eras suficiente. Que, incluso siendo perfecto para la sociedad, siempre faltaría algo.
Te dolió sentir que los gritos en tu familia era algo a lo que acostumbrarse.
Que después de odiarse siempre volvían a amar. Que eso era lo normal.
Te dolió tener que esconder los papeles del divorcio para evitar separar algo que tú mismo necesitabas. Aunque realmente hubiera sido lo mejor.
Te dolió sentirte en una burbuja y que nadie fuera a rescatarte. Te dolió sentirse solo y desamparado.
Y es todo eso que tanto te dolió, lo que a día de hoy sigue resonando en llanto por dentro.
Y aun creyendo que se está bien, la herida seguía sin haber cicatrizado.
Pero ha llegado el día.
De sentirnos suficientes.
De sentirnos válidos.
De sentirnos. A secas.