Chapter 55
LIbrE(S)
Sin duda alguna, este es el texto que más me va a costar escribir.
Hoy lo he entendido todo. Hoy he logrado, por fin, entenderte.
Y, aunque no pueda cambiar todo lo que vivimos, creo que debo darle la razón a mamá cuando dice que no cambiaría nada a pesar de todo.
El otro día habló mi subconsciente. Y vi cómo nos separaba el sentimiento de falta de protección.
Por un momento odié volver a sentirlo. O al menos, verlo tan de frente.
Y es que es cierto que me sentí desprotegido cuando te fuiste. Pero también lo hice teniéndote en vida.
Se supone que los padres sirven de apoyo.
Son nuestro nutriente para crecer.
Son el agua que hace crecer el árbol.
Y en tu caso solo sentía un techo que frenaba todo lo posible.
Mamá decía que posiblemente me tuvieras envidia. Que sintieras celos por ser «demasiado perfecto» y te diera rabia por no serlo tú. Pero hoy he visto que no era así.
A ti te acompañaba la soledad. La soledad de un padre que también te abandonó como a mí. La soledad de quién amabas dejándote a tu suerte. Y aunque el resto creyese que eras capaz de soportar eso y más, ni mucho menos fue cierto.
Tuviste que convertirte en el cabeza de una familia rota. De un barco a la deriva sin capitán. Y tú, siendo otro tripulante más, cogiste las riendas del naufragio.
Hoy me he dado cuenta. No supiste hacerlo mejor. Pero tú sabías el final de tu historia, y ni mucho menos querías predecir el final de la mía. Ese techo que creaste nació del pánico a repetir tu misma historia.
Vivías con el miedo inconsciente de que pudiera pasarme lo mismo que a ti.
Que mi vida después de ti, continuara con una pena hacia alguien a quien amabas.
Hacia alguien a quien necesitabas. Y lo tuviste claro desde el principio.
Decidiste que dejara de necesitarte. Y si para ello tenía que odiarte, estabas decidido llevarlo hasta el final.
Tu error fue pensar que eso sería posible. Y aunque es cierto que la rabia y el dolor ha convivido mucho tiempo conmigo, el amor que te tengo es más grande que todo el odio que te profesé.
Ni mucho menos fuiste el padre perfecto. Tu error fue creer que el tuyo lo fue. Porque en esta vida, si algo tengo claro, es que nadie lo es. Y menos, yo mismo. Tampoco quiero serlo.
Hoy quiero liberarte. Y, con esto, liberarme a mí mismo. Porque por un tiempo quise renegar de ti y, efectivamente, como tú querías, continuar mi vida sin siquiera tenerte en mi recuerdo.
Te anulé de mi mente. Pero desde luego en mi corazón seguías existiendo. Y no era tanta la rabia que sentía por haber hecho lo que hiciste, sino por seguir queriéndote y añorarte a pesar de ello.
Y reconozco que estuve a punto de caer en tu mismo error. El pánico a parecerme a ti solo hizo acercarme a lo que más odié. A la ira, al descontrol, al aislamiento... Y ha sido hoy cuando al acercarme a ellas, he podido ver realmente lo que me querían enseñar.
Solo quiero que sepas que estoy bien.
Que, aunque te haya recordado entre lágrimas, era la única forma de volver a sentirte cerca.
Porque esa pena, por mucho que queramos, siempre la vamos a sentir.
Y está bien.
Porque a pesar de todo te seguimos queriendo y necesitando.
Y te prometo que no caeré en tu mismo error. Voy a dejar de defenderme de lo mismo que he sentido yo.
Porque a la soledad ni mucho menos hay que lucharla, hay que abrazarla.
Porque ese niño que en su día perdió a su padre y tomó el mando de su familia, solo necesitaba llorarlo.
Porque ese niño que fuiste tú, papá, nunca debió coger una responsabilidad más grande que él mismo.
Porque nunca estuviste solo, aunque lo sintieras.
Y aunque ya no estés con nosotros. Tu recuerdo siempre estará para recordárnoslo.
Porque la soledad solo existe, si nos la imponemos nosotros mismos.