Veredicto Capítulo 47. Borja
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Capítulo 47. Borja

BORJA

Chantajear a Lander, al menos la primera vez, había sido muy sencillo, y se había hecho con cinco mil euros de un día para otro sin problemas.

No hacía falta ser un genio para imaginar de dónde había salido la pasta: mamá Foronda había acudido al rescate.

Y saber que ese dinero venía de alguien tan asquerosamente forrado le producía una gran satisfacción.

En cuanto tuvo el sobre en la mano, se largó de casa de Lander y se fue directo a su barrio. Desde que había puesto en marcha su plan, apenas se había dejado ver por allí, y ya tocaba volver.

Nada más cruzar la puerta de casa, su madre lo recibió con un buen rapapolvo.

—¿¡Se puede saber dónde te metes!? Ni una llamada, Borja, ¡ni una! —le reprochó enfadada—. No sé si estás vivo o muerto. ¿Qué pasa contigo? ¿Tú crees que me merezco esto?

—Eh, relájate, ¿vale? He estado trabajando.

Se acercó a la mesa de la cocina, sacó un fajo de billetes del sobre que guardaba en la mochila y contó hasta mil euros delante de ella. Después, los dejó caer sobre la mesa.

—Toma, para la hipoteca o para lo que te dé la gana. Ya puedes dejar de quejarte.

Su madre se quedó paralizada. Por un momento, no supo si enfadarse con él o echarse a llorar. ¿De dónde había sacado su hijo el dinero? Le dio miedo preguntar y prefirió quedarse con la duda.

Borja, sin decir nada más, se colgó la mochila al hombro y salió a la calle, en busca de sus amigos.

Llevaba meses pasando de ellos y sabía que estarían enfadados con él.

Además, una vez que coincidieron por el centro, fingió no conocerlos.

Le jodió hacerlo, pero no podía arriesgarse.

Lander y su grupo harían preguntas y no quería fastidiarla.

Los encontró en el parque de siempre. Al principio lo miraron con frialdad y siguieron a lo suyo, como si no estuviera.

Pero, poco a poco, Borja fue entrando en la conversación, soltando alguna broma, un par de tonterías...

, y el ambiente mejoró. Para asegurarse de que todo volvía a ser como antes, decidió invitarlos a unos tragos, unos porros y lo que hiciera falta.

El resultado: una buena juerga a su costa y cero reproches, como si no hubiera pasado nada.

Durante los días siguientes, después de devolver el sistema de grabación en la tienda donde se lo habían fiado y pagar sus deudas, Borja se dedicó a despilfarrar el dinero como si le quemara en los bolsillos.

Un reloj de alta gama, un patinete nuevo, gafas de sol, ropa de marca...

Incluso se compró un iPhone de última generación después de regalarle el suyo a un chavalillo del barrio que lo recibió como si fuera un tesoro.

Tres días más tarde, no le quedaba nada. Se lo había gastado absolutamente todo.

Le fastidiaba haberse quedado sin blanca tan pronto.

Cinco mil euros le habían parecido mucha pasta, pero ahora se lamentaba de no haberle pedido a Lander una cantidad mayor.

Fue entonces cuando se le ocurrió: ¿y si le pedía más?

Si había soltado cinco mil euros sin rechistar, ¿por qué no exprimir a su gallina de los huevos de oro?

Con esa idea, el viernes por la mañana lo llamó, pero la conversación no fue como a él le hubiera gustado.

No esperaba que todo fuera como la seda, pero tampoco que Lander se le pusiera así.

Pensó en insistir, pero algo en la forma en la que le había hablado le hizo recular. Ya se encargaría de él más adelante.

El siguiente paso era ir a por Mikel y conseguir los documentos.

Había tenido tiempo suficiente para planearlo y tenía varias cosas muy claras.

La primera era que tenía que mostrarle el vídeo a Mikel en persona.

Nada de enviárselo ni compartirlo por ninguna plataforma.

Era mejor no dejar rastro en ningún otro dispositivo.

El archivo estaba guardado en su portátil y ahí debía quedarse.

La segunda era asegurarse de que nadie los oyera cuando le explicara qué era lo que quería a cambio de no hacerlo público, por lo que necesitaba un lugar discreto.

Y la tercera era que tenía que ser algo rápido.

Su padre le había dado a la madre de Mikel el plazo de un día y había terminado muerto.

Esta vez, no podía haber ningún error. Todo tenía que suceder en cuestión de horas, lo justo para que quien estuviese manejando los hilos desde la sombra no tuviera tiempo de reaccionar.

Esperó a Mikel a la salida de la universidad. No sabía si Lander le habría contado algo sobre el chantaje. Confiaba en que no.

Cuando Mikel cruzó la puerta principal y lo vio, lo saludó con la misma naturalidad con la que lo había hecho las pocas veces que se habían cruzado en casa de Lander. Un gesto sencillo que le confirmó a Borja que no sabía nada. Mejor.

Se acercó a él y no se anduvo con rodeos.

—Tengo algo que enseñarte, Mikel. Pero tiene que ser en un sitio tranquilo. A solas.

Mikel frunció el ceño, desconcertado.

—Vale. Vamos al aparcamiento trasero. No suele haber nadie. ¿Tiene algo que ver con Lander?

Borja no contestó. Caminaron en silencio por el aparcamiento hasta la última fila de coches. Se detuvieron junto a un Audi Q3 blanco y Borja sacó el portátil de la mochila. Lo abrió y puso el vídeo. Mikel lo observaba en silencio, intrigado.

En cuanto se reconoció en la pantalla, hizo un gesto de extrañeza, tratando de entender. Borja adelantó el vídeo hasta la parte más comprometida, y la expresión de Mikel cambió: alzó las cejas, abrió los ojos de par en par y se llevó una mano a la boca.

—Pero ¿qué narices...? —murmuró por lo bajo.

Mikel parecía estar en shock , como si su cerebro no pudiera procesar lo que veían sus ojos.

A diferencia de Lander, no le pidió a Borja que lo detuviera.

Necesitaba verlo entero. Aunque no lo recordaba con claridad, en su cabeza esa noche había sido una fiesta más.

Pero lo que tenía delante era otra cosa.

Al verlo ahí, grabado, y escucharlo de una manera tan nítida, se le revolvió el estómago.

Lo que se veía en ese vídeo podía arruinarles la vida.

Se giró hacia Borja sintiendo una mezcla de vergüenza y rabia.

—¿De dónde has sacado esto? —le reprochó en un tono acusador.

—Eso da igual, Mikel. Lo importante es que lo tengo.

—Bórralo.

—No tan rápido.

Borja había ensayado ese momento muchas veces en su cabeza, probando diferentes frases hasta dar con una combinación perfecta de amenaza y control. Sin que le temblara el pulso, le aseguró a Mikel que no tendría ningún problema en borrar el vídeo siempre y cuando él le diera algo a cambio.

—Es muy sencillo. Si te niegas, las consecuencias no te gustarán nada: enviaré el vídeo a tu novia, a tus padres y a los de Lander, al bufete pijo ese donde haces las prácticas, a los profesores... Y hasta a la policía, si es necesario. Con un simple email , os puedo joder la vida —alardeó.

Mikel lo miró con la mandíbula apretada y los puños cerrados. Había empezado a sudar a pesar de las agradables temperaturas de mayo. La rabia comenzaba a expandirse por todo su cuerpo y estaba furioso.

—¿Eres consciente de lo que estás haciendo? ¿Te has parado a pensar? —no levantó la voz, pero dejó ver su enfado—. Si envías ese vídeo, te vas a arrepentir. Te lo aseguro.

—Si no me das lo que quiero, el que se va a arrepentir vas a ser tú —replicó Borja con chulería—. Te lo aseguro.

Mikel le sostuvo la mirada durante varios segundos. Parecía debatirse entre ceder o estamparle el portátil en la cara allí mismo.

—¿Y qué quieres a cambio?

—Que no le cuentes nada de este vídeo a absolutamente nadie y que me traigas unos documentos que están en poder de tu madre.

—¿¡Qué!?

Borja le resumió rápidamente lo que quería: todo lo relacionado con un caso en concreto, el de Antonio Hervás, juzgado en 2010 por un crimen cometido en 2009, en el que ella era la fiscal.

—¡Yo no tengo acceso a la documentación de mi madre! —protestó Mikel enfadado—. No sé ni dónde la guarda.

—Pues tendrás que averiguarlo, y lo quiero todo para esta noche.

—¿Tú estás loco? Eso es imposible.

—Imposible no hay nada. A las doce de la noche, te espero en casa de Lander. Si me traes lo que te he pedido, eliminaré el vídeo delante de ti.

Borja sabía que no era el lugar más apropiado para quedar.

Si Lander estaba en casa, tanto él como Mikel entenderían que habían sido chantajeados de la misma forma y podrían echársele encima.

Aun así, quería volver. Lander lo había echado de una manera tan brusca que no había podido recoger sus cosas.

Además, estaba casi seguro de que no habría nadie.

Todos los viernes por la noche Lander salía con el grupo, sin faltar uno solo, y esperaba que ese día lo hiciera también.

Borja se marchó de la Universidad de Deusto con la sensación de que todo iba sobre ruedas.

Lander había cedido al chantaje y Mikel lo haría también.

Estaba convencido. Solo tenía que ir esa noche a casa de Lander, entrar con la copia de las llaves que había hecho sin que él lo supiera, recuperar sus cosas y esperar a que Mikel llegara con el material.

Y, con eso, la primera parte del plan estaría terminada.