Veredicto Capítulo 38. Laia #2
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Capítulo 38. Laia #2

Hubo un silencio incómodo y Laia no supo cómo continuar. Varios segundos después, cambió el tono y su expresión se volvió más seria.

—Siento mucho lo que le pasó a tu hermana. Una amiga en común me lo contó. Fue un golpe duro, incluso para los que no la conocíamos tanto.

Sergio asintió despacio.

—Gracias —murmuró bajando la mirada por un instante.

—Qué mala suerte que tuviera un accidente. Además, en un principio no parecía nada grave, ¿no?

Él se removió ligeramente en la silla. Laia notó que la pregunta lo incomodaba. Aun así, fue lo bastante educado como para responder.

—Al principio no parecía gran cosa, pero la situación se complicó, y no..., no salió adelante.

Otro desagradable silencio se instaló entre ellos. Saltaba a la vista que Sergio deseaba terminar la conversación. Su mujer los observaba con atención, sin intervenir, pero sin perderse una sola palabra. La niña, ajena a todo, seguía concentrada en su dibujo.

Laia supo que era su última oportunidad.

—Perdona, no quisiera incomodarte, pero... mi amiga me dijo que tu madre murió el mismo día, y no podía creérmelo.

La expresión de Sergio se tensó aún más. Tardó unos segundos en responder.

—Sí. Fue una horrible casualidad, de esas que ni en un millón de años imaginas que puedan ocurrir —respondió con tono seco—. Pero no es algo que me guste recordar, lo siento.

Se volvió hacia su mujer. Ella ya se había puesto la chaqueta y ayudaba a la niña a recoger. La pequeña tardó unos segundos en guardar en la mochila lápices, rotuladores, pegatinas, recortables, tijeras..., mientras sus padres la observaban impacientes.

—Que vaya bien —dijo Sergio antes de girarse para marcharse.

Laia se quedó unos segundos inmóvil, con la sensación de haberse excedido.

Sergio parecía un buen hombre. Alguien herido que solo quería dejar atrás un episodio devastador.

Se sintió culpable por haber removido un dolor tan íntimo y decidió olvidarse de todo.

¿Qué derecho tenía ella de meter las narices en los problemas ajenos por mucha curiosidad que tuviera?

Se acercó al mostrador, pidió un café con leche y un bollo, y se sentó en una mesa junto al ventanal.

Mientras removía el azúcar, trató de convencerse de que todo aquel tema no le concernía.

Además, estaba cansada. Estaban siendo unos días de locos.

Era mejor desconectar, merendar tranquila, dar un paseo por Hendaya y volver a casa.

Pero, de pronto, su móvil vibró. Era un mensaje de WhatsApp. Jontxu. Otra vez.

Abrió el mensaje y vio que contenía un vídeo.

Se colocó los auriculares para no molestar a los demás clientes y pulsó el botón de reproducir.

Era el vídeo de YouTube donde Javier Larrañaga se manifestaba junto a una multitud contra la gestora Lurberri.

El jefe de la investigación portaba una pancarta y gritaba a pleno pulmón: «Foronda kanpora ».

Laia lo vio un par de veces. Aquello confirmaba lo que la abogada de la defensa había dicho esa misma mañana. Si ya tenía sus reservas respecto a él, la sensación de desconfianza hacia el jefe de la investigación se hizo aún mayor.

Enseguida comenzaron a entrar más mensajes en el grupo del jurado. El vídeo había comenzado a circular entre ellos, y las reacciones no se hicieron esperar. Fue entonces cuando Irene escribió:

«Eh, chicos, no quiero ser aguafiestas, pero estoy con una amiga abogada y me dice que no deberíamos estar viendo esto».

«¿Por qué no?», preguntó Jontxu.

«Porque tenemos prohibido informarnos por medios externos. Solo tenemos que tener en cuenta lo que nos hayan presentado oficialmente en la sala», escribió Irene.

«Si nos cuentan la película a medias, tendremos que informarnos como podamos, ¿no?», escribió Rosi.

«Totalmente de acuerdo», añadió Jontxu.

«Yo también», escribió Jokin.

Laia silenció el móvil y lo guardó.

Estaba harta. Harta del juicio, de los giros inesperados, de los comentarios constantes de los miembros del jurado...

Harta de dudar de todo y de no ser capaz de ver con claridad.

De querer mantener el control y sentir que, cada vez, estaba más alejada de la verdad.

Y, sobre todo, harta de no poder confiar, ni siquiera, en su propio criterio.

Esa noche, la última antes de que finalizara el juicio, pasó a limpio las impresiones de la sexta sesión, sacó de su viejo archivador rojo las demás anotaciones y las repasó con detenimiento.

Necesitaba tener cada detalle del caso grabado a fuego.

Por fin, al día siguiente, escucharían los alegatos finales y se encerrarían a deliberar.

No veía el momento de que todo terminara.

Laia Ortiz

ANOTACIONES - DÍA 6 DEL JUICIO

JUICIO LANDER FORONDA

18.04.2024 – jueves

SESIÓN

Testimonios:

Jefe de la investigación: ¿cómo es posible que no mencionara en su momento su vinculación personal con Lurberri?

Ocultó el tema del pendrive , convenció al resto de la culpabilidad del acusado, silenció que tenía motivos personales contra los Foronda...

Ha quedado en evidencia y es una de las personas menos fiables de todo el proceso.

Lander Foronda: se le ha visto tranquilo, probablemente por lo bien preparado que tenían él y su abogada el interrogatorio (estaba todo guionizado).

Ha reconocido hechos que no le benefician (mintió al decir que se había quedado en shock , conocía el caso del asesino de Gros...), y eso me ha generado confianza.

Sinceramente, no me parece que esté mintiendo.

Aun así, me habría gustado que contestara también al fiscal, no solo a su abogada.

MIEMbrOS DEL JURADO

Después del asunto de Aroa, no soy precisamente la más popular entre ellos y apenas les he hablado, pero creo que, con el jefe de la investigación, les ha pasado lo mismo que a mí. Y eso juega a favor de Lander.

PREGUNTAS

Cada vez estoy más convencida de que Lander no mató a Borja. Pero, si no fue él, ¿lo hizo el asesino de Gros? ¿Por qué Borja y por qué ahora?

PORCENTAJE DE CULPABILIDAD

Si el juicio terminara hoy, el jurado votaría la culpabilidad del acusado en un 20 % .

El jefe de la investigación tenía motivos personales para cargarle el muerto a Lander, solo por ser hijo de quien es. Una especie de justicia poética.

Y Lander ha estado muy convincente.

Tengo que reconocer que me lo he creído.