Capítulo 28. Laia
LAIA
Laia terminó la cuarta sesión del juicio con dolor de cabeza por la tensión acumulada.
Cada sesión era más densa que la anterior, y empezaba a notar el cansancio.
Antes de recoger sus cosas de la sala de descanso del jurado, decidió ir al baño del pasillo contiguo.
Empujó la puerta y eligió el último aseo, junto a la pared.
Estaba a punto de salir cuando oyó cómo la puerta del baño se abría. Alguien entró deprisa y se encerró en la cabina contigua. Hablaba por teléfono, y la voz sonaba tensa.
—Joé, ama, ¿y si se enteran? —dijo con un tono claramente nervioso.
A Laia le pareció reconocer la voz y se quedó inmóvil. Sí, era Aroa, la estudiante, la misma que apenas había abierto la boca desde que fueron nombrados miembros del jurado popular.
—No lo sé —continuó Aroa—. No han dicho los nombres de las víctimas, pero quizá los digan en otra sesión. —Hubo una pausa—. Yo también quiero respuestas sobre lo que pasó, ama, pero como se enteren de esto, me van a echar del jurado. ¡Yo no quiero pasar esa vergüenza!
Aroa sonaba como una niña asustada, y Laia se la imaginó al instante: melena larga peinada con raya en medio, rostro pálido y expresión preocupada. Sintió cómo se le erizaban los brazos. ¿Los nombres de las víctimas y saber lo que pasó? ¿De qué estaba hablando? ¿Y por qué iban a echarla?
—Hoy también han hablado del asesino de Gros. —Aroa bajó la voz, como si temiera nombrarlo en voz alta—. Dicen que este caso podría tener relación, pero no se sabe con seguridad. Lo mejor es que lo cuente yo misma, ama.
Tras la respuesta de su madre, Aroa terminó la conversación casi sin despedirse. Después, salió del baño sin darse cuenta de que no estaba sola.
Laia permaneció en silencio unos segundos más. No había comprendido la conversación, pero sabía que Aroa ocultaba algo, y parecía importante. Algo que quería contar y no la dejaban.
Al salir de los juzgados, llamó a su hermano y le pidió que intentara relacionar a Aroa Gutiérrez con el caso de Lander Foronda.
Sabía que Iker haría todo lo posible por conseguir esa información.
En parte, porque se la había pedido ella.
Y, en parte, porque todo lo que implicara rebuscar en la red o en bases de datos ajenas le fascinaba.
Trabajaba en una empresa tecnológica que desarrollaba sistemas de seguridad y mantenimiento de redes para distintas entidades públicas.
Siempre había sido un friki de la informática, y aquel trabajo le venía que ni pintado.
Gracias a él, tenía acceso a ciertos servidores de la Diputación Foral de Gipuzkoa y del Gobierno Vasco.
Obtener información a través de esos canales no era, ni de lejos, tan rápido como lo haría un hacker .
Pero con un poco de astucia y, sobre todo, paciencia, acababa dando con lo que buscaba.
En lugar de volver a casa a comer, Laia decidió entrar a por un par de pintxos en un bar cercano a los juzgados.
La tarde anterior había estado investigando por su cuenta y tenía intención de seguir con ello.
Tras apurar el café que se tomó a modo de postre, decidió ir a hablar con la viuda de Kepa Muñoa.
Había descubierto la dirección gracias a un antiguo documental sobre los crímenes del asesino y se plantó en Gros, frente a su casa, en menos de media hora.
Se alegró de que la mujer la recordara. Envejecida, con unas marcadas arrugas y el cabello canoso, se mostró amable y la invitó a pasar al salón.
Laia le hizo varias preguntas tratando de no ser demasiado intrusiva, pero no consiguió sacar nada en claro.
La viuda de Kepa Muñoa no tenía nada nuevo que ofrecerle: su marido no tenía enemigos ni se había metido en ningún lío.
Tampoco creía que Kepa tuviera ninguna relación con las otras víctimas.
Laia le dio las gracias, se disculpó por haberla molestado y se despidieron.
Encontrar a la madre de Gorka Téllez, la tercera víctima, fue también muy sencillo.
En el documental se mencionaba que, tras el asesinato de su hijo, la mujer se había mudado a su piso.
Decía que necesitaba sentirlo cerca y había convertido el salón de la casa, la estancia en la que Gorka fue encontrado muerto, en una especie de altar: flores, velas, estampas, fotos...
Allí pasaba las horas rezando o hablándole a su hijo, como si aún estuviera con ella.
También se decía que, por las noches, solía poner en bucle las canciones del grupo Garraxi, a veces hasta bien entrada la madrugada.
Los vecinos, que en un principio se mostraron comprensivos, estaban ya desesperados, y habían incluso presentado quejas a la comunidad.
Laia tocó el timbre y aguardó unos instantes, pero nadie contestó.
Se sentó en un banco cercano, dispuesta a esperar.
Tras unos veinte minutos, vio acercarse a una mujer arrastrando un carrito de la compra.
La reconoció enseguida, aunque se sorprendió al ver cuánto había envejecido, mucho más que la viuda de Kepa.
Se la veía muy mayor y extremadamente triste.
Creyendo que era periodista, la madre de Gorka la despachó enseguida. Al parecer, estaba harta de la prensa y lo único que quería era que la dejaran en paz.
Laia se marchó lamentando que la tarde no hubiera sido demasiado productiva. De hecho, no le había servido de nada. Con ese pensamiento en la mente, decidió despejarse un poco dando un paseo por el centro antes de coger un autobús que la llevara a casa a buena hora. Así podría cenar con sus padres.
A la altura del teatro Victoria Eugenia, sintió la vibración del móvil en el bolso. Lo sacó y vio el nombre de su hermano en la pantalla.
—Dime que tienes algo, porque llevo una tarde...
—¿Lo dudabas, o qué?
Laia imaginó a su hermano hinchado como un pavo real. Le encantaba dárselas de hacker . Iker continuó:
—Hermanita, no te lo vas a creer.
Laia Ortiz
ANOTACIONES - DÍA 4 DEL JUICIO
JUICIO LANDER FORONDA
16.04.2024 – martes
SESIÓN
Testimonios:
Vecina de Lander: la señora le da a la bebida y su testimonio ha resultado ser muy poco creíble. Pudo habérselo inventado todo.
Operador de emergencias: hemos podido escuchar la llamada de Lander al 112. Parecía realmente asustado.
Informático de la Ertzaintza: el pendrive fue conectado a ese ordenador en concreto, pero yo puedo conectar un pendrive al ordenador de Iker y hacer lo que sea. ¿Eso quiere decir que ha sido Iker? No, he sido yo.
Ahora bien, ¿no es mucha casualidad que su sesión estuviera abierta? Es contradictorio, pero, si solo me basara en esta prueba, pensaría que fue Lander quien conectó los dos dispositivos.
Forense: arrepentido de eliminar el pendrive del informe a petición del juez.
Psicóloga experta: ha sacado dos conclusiones. La primera, que el asesinato pudo ser obra del asesino de Gros, y la segunda, que Lander no da el perfil de un criminal.
LANDER
A pesar de que la señora Asun ha asegurado que tenían una relación normal de vecinos, Lander la miraba todo el rato con rabia. ¿Quizá porque la mujer mentía? Me ha parecido que se estaba conteniendo para no levantarse y gritar delante de todos que es una mentirosa.
Durante la intervención del forense y el resto de los peritos, ha estado tranquilo, pero se ha emocionado al escuchar la llamada al 112, como si la estuviera reviviendo.
MIEMbrOS DEL JURADO
Todos siguen en su línea, pero hay una novedad:
¡AROA ES NIETA DE JOSEFA REBOREDO, LA PRIMERA VÍCTIMA DEL ASESINO DE GROS!
PREGUNTAS
¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Debería contarlo? Entiendo que, al tener una relación directa con el caso, no debería ser miembro del jurado y la tendrían que expulsar. ¿O no? Cuando el juicio comenzó, no había motivo para que Aroa no participara en él, pero ahora... creo que no debería.
PORCENTAJE DE CULPABILIDAD
Si el juicio terminara hoy, el jurado votaría la culpabilidad del acusado en un 40 % .
El testimonio de la vecina ha sido una chapuza, fiabilidad cero. La psicóloga, por el contrario, parecía muy segura de lo que decía y ha sido muy convincente.
Sumado esto a todo lo anterior, la acusación contra Lander tambalea.