Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 62
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Cuando me percato de dónde estamos, el aire abandona mis pulmones. Hemos vuelto a la sala del trono. Y Callon ya está allí.

Sentada. Esperándonos.

Como si desde un principio hubiera sabido que nunca hemos tenido escapatoria.

La luz que se filtra por los ventanales cae sobre ella, deslizándose sobre su piel blanca y la de los Zuleicas muertos.

—¿Ya habéis terminado de huir? —Sus palabras resuenan por toda la estancia.

Los quebrantadores reales avanzan antes incluso de que podamos responder. Todo ocurre demasiado rápido.

Pero Mega lo es aún más, ya que levanta el bastón y el aire cambia alrededor nuestra. La presión disminuye un poco y varios ataques se desvían unos centímetros antes de alcanzarnos.

No contraataca, nos protege .

Kohen libera la oscuridad de golpe. La niebla negra cubre el suelo entero y debajo de algunos de ellos se forman unos agujeros por los cuales caen al vacío.

Galen se coloca a mi lado con el cuchillo de escamas en una mano y, con la otra, abre y cierra lentamente la palma. Uno de los soldados se desploma de golpe.

Acaba de usar el control de la sangre.

Yo intento crear destellos de luz blanca y alguno que otro consigue cegar a los atacantes. Todavía no soy capaz de manipular el poder de la creación como debería.

Y aun así, el choque de poderes hace temblar la sala pero eso no impide que sigan llegando más quebrantadores reales.

Callon ni se inmuta, solo observa sonriente.

El aire que controla Mega está constantemente envolviéndonos para impedir que los ataques que nos lanzan impacten de lleno.

Pero no es suficiente.

Uno de los guardias consigue encontrar un hueco en la oscuridad de Kohen y lanza una bola de fuego hacia Galen. Mega reacciona al instante. El aire se arremolina alrededor del castaño y forma una especie de burbuja invisible que amortigua el impacto antes de que llegue a alcanzarlo.

Sin embargo, eso no evita que Galen caiga de rodillas, y Mega pierda el equilibrio al intentar sostener varias cosas a la vez.

Una neblina negra rodea a Mega y la mantiene en pie, pero noto cómo Kohen empieza a agotarse.

Su oscuridad se rompe unos segundos antes de volver a recomponerse .

Otro guardia se acerca a Galen y no lo dudo. Corro hacia ellos. En cuanto mi mano toca su pierna se la rompo en tantos pedazos como puedo, sabiendo que eso no juega a mi favor, cayendo de rodillas.

Callon se levanta y desciende sin prisa los escalones de su asiento. Bajo sus pasos una luz nace, iluminándose a ella misma. No tiene prisa en hacerlo, porque sabe que estamos agotados, que está ganándonos.

Galen me ayuda a levantarme y el corazón me late a mil por hora, pero no pienso rendirme tan fácilmente.

Aunque sé que he olvidado todo mi pasado, las cosas que he vivido con mis amigos y familiares me ha hecho ser quien soy ahora.

Veo como mi mellizo vuelve a levantarse pese al temblor de sus piernas, pero la oscuridad sigue rugiendo a nuestro alrededor una vez más.

Cuando un soldado intenta atacarnos, es absorbido por la niebla negra.

No nos dan tregua. Cada vez aparecen más grietas en la oscuridad de Kohen. El cansancio empieza a pasarle factura y ya no puede mantener la barrera levantada.

No lo pienso.

La creación sale de mis manos en una especie de orbe blanco, descontrolado e irregular, que consigo lanzar al atacante antes de que consiga ponerle una mano encima a mi mellizo. Retrocedo un paso cuando me doy cuenta de que acabo de matarlo.

Lo he matado.

Un nudo se me forma en la garganta pero consigo tragar.

—Ahí está. —Callon me mira sin dejar de sonreír—. La primera vez que arrebatas una vida y lo has hecho con mi poder.

La angustia y la rabia me asfixia.

—No es tuyo. —Quiero gritar, pero mi voz apenas sale.

—Todo lo que eres es una parte de mí. —Apenas inclina la cabeza orgullosa—. Incluso esto.

Otro ataque atraviesa la sala y Mega no consigue reaccionar a tiempo antes de que su cuerpo salga despedido contra una columna. Galen levanta una barrera de agua a su alrededor justo antes del impacto.

Igual que ella hizo antes con él.

El estruendo provoca otro temblor y siento la mano del castaño sujetarme por la cintura para evitar que caiga.

Entonces los miro. A los tres.

Sus respiraciones son forzosas, al igual que la mía. Apenas nos quedan fuerzas para seguir luchando.

Mi mellizo intenta acercarse a Mega, pero sus rodillas vuelven a impactar contra el suelo.

—Kohen… —mi voz se rompe.

Cuando me muevo en su dirección, él alza una mano para detenerme. Incluso en su estado, la oscuridad sigue moviéndose alrededor de su cuerpo desde el suelo, protegiéndonos.

Protegiéndome.

Como siempre.

Callon observa la escena casi con aburrimiento.

—Miraos. —Suspira—. Después de todo lo que he hecho por vosotros.

Algo dentro de mí termina de romperse. Entonces, veo el cuchillo de escamas sobresalir del bolsillo de Galen .

Lo agarro con rabia, y aunque sé que mi puntería es horrible, lo lanzo igualmente. Mis ojos se encuentran con los de mi mellizo y entiendo al instante que él también sabe lo que intento hacer. Que este es nuestro último intento.

Solo actúo. Dejo que mi memoria muscular haga el resto.

La daga surca el aire mientras las sombras de Kohen la guían entre los quebrantadores reales, esquivando cada intento de que no llegue a su destino.

Tras lo que parece una eternidad, la hoja se hunde en el pecho de Callon.