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Esa voz.
Un orbe de luz nos ilumina y tengo que cerrar los ojos un poco para acostumbrarme a la intensidad. Debajo de la esfera, está ella.
Mi madre es… Callon.
La dragona da un paso, seguida de sus guardias reales y, en un rápido movimiento, Kohen coloca a Mega detrás de él.
—Así que, uno no estaba muerto del todo y la otra decide borrar su pasado. ¡Nuestro pasado! —habla, porque no le hace falta sin necesidad de gritar, y eso me hace temblar todo el cuerpo.
Galen se incorpora y sujeta mis manos entre las suyas, a pesar de que quien peor está es él.
Mi madre da un paso adelante y es entonces cuando una muralla de niebla negra nos separa de ella.
—¿De verdad creéis que eso es suficiente para pararme? —Su risa retumba en mis oídos y no me dejo llevar por el miedo que siento .
Me incorporo y asisto a Galen a ponerse en pie con ayuda de Mega. Las sombras de Kohen empiezan a vibrar y entonces la luz que iluminaba la sala, empieza a filtrarse desde el otro lado.
Es como si todo cediera bajo la voluntad de Callon.
Mi mellizo también lo nota y su parte etérea se agita a su alrededor con violencia, luchando por no rendirse.
—Llevo diez años buscándoos. —La voz de nuestra madre resuena a través de la luz y la oscuridad—. Y al final habéis acabado ante mí.
Galen se tensa a mi lado y se escucha en la piedra cómo Callon da otro paso y la claridad avanza con ella, rompiendo un poco más la barrera negra.
Busco a Mega con la mirada. No sé cómo lo hace pero entiende lo que quiero decirle.
Sujétalo.
Ella asiente y lo sostiene cuando lo suelto pero, antes de alejarme más, su mano se desliza por la mía hasta terminar en mis dedos. No intenta detenerme.
Y cuando alzo la vista hacia él, me hace un gesto de afirmación con la cabeza.
Porque él también sabe lo que voy a hacer.
Una vez al lado de Kohen, agarro con fuerza y determinación su mano, y la otra la extiendo hacia fuera e intento hacer lo mismo que él hace con su niebla, pero solo sale un destello.
El ardor me atraviesa en la parte baja de la espalda cuando termino de usarlo .
—Siéntelo como una parte más de ti —susurra cerca de mi oído y sus manos rodean mi muñeca antes de que vuelva a intentarlo de nuevo—. Tu creación no funciona como la de madre.
—Incluso habiéndote borrado de su vida, sigues ayudándola, protegiéndola… —Su luz abre otra brecha y aprieto los labios en una fina línea—. La mayoría de castigos que has recibido han sido por ella ¿Lo sabes, verdad?
Y sé que, aunque se lo esté diciendo a él, esas palabras van para mí.
Trago saliva y no puedo evitar voltear hacia mi mellizo. Su mirada conecta con la mía y veo determinación.
—No la escuches. No intentes hacer lo mismo que yo. —La oscuridad tiembla a nuestro alrededor y sus ojos azul oscuro me estudian un instante—. Llévalo a lo que sí que controlas. Hazlo como con tu poder molecular.
Es entonces cuando lo entiendo.
Mi don de la creación necesita un punto al que unirse, igual que cuando curo. Por eso pude crear el relif con Maden. Porque me conecté a su poder.
Elevo el brazo y las yemas de mis dedos rozan la oscuridad de Kohen.
Me anclo a ella.
El poder recorre mi cuerpo de forma inestable, como cuando me pide salir y lo retengo. Pero esta vez dejo que la creación viaje a través de la niebla de mi mellizo hasta cerrar parcialmente una de las grietas, con un destello de luz.
El impacto hace que el ardor se instale en mi espalda, lo omito como siempre hago y veo que la barrera aguanta unos segundo más.
—Vaya, vaya… —La voz de Callon suena tan cercana que se me eriza el cuerpo—. Así que también posees una de las co sas que más has odiado toda tu vida.
La luz empieza a filtrarse otra vez entre la oscuridad, con más intensidad.
—El poder de la creación. Mi poder.
Siento cómo los dedos de Kohen buscan los míos un instante.
—Mírate. —La voz de nuestra madre casi parece orgullosa—. Mi mismo cabello, mis mismos ojos… y ahora también el poder que todo el mundo desea y teme al mismo tiempo.
La rabia me come por dentro y la dejo salir con otro destello que se fusiona con el poder de mi mellizo.
La voz de Galen nos hace salir del trance:
—La niebla de Kohen… —habla con dificultad—. Nos está dando tiempo.
—Tenemos que irnos antes de que Callon nos capture —dice esta vez Mega.
Al ver a Galen de pie cerca de la pared, mi corazón empieza a latir tan fuerte y rápido que puedo sentirlo en mi sien.
—Estás muy débil aún. —Niego varias veces mientras me acerco a él.
—Es la única forma de salir. —Sus ojos conectan con los míos—. Déjame sacarte de aquí, de compensarte por todo… —agacha la cabeza y yo deslizo mi mano hasta su mejilla antes de que aparte la mirada.
—Si la forma de compensarme por algo que no has hecho significa perderte… prefiero que no lo hagas.
—¡Idos! —vocifera Kohen, volviéndose hacia el muro de niebla que nos separa de nuestra madre, Callon—. Contendré su avance con mi poder todo lo posible.
Galen sujeta a Mega con una mano y con la otra a mí. Antes de que me dé cuenta empieza a atravesar la pared.
—Ni hablar, no pienso perder a nadie más esta vez.
No sé cómo lo hago, pero pienso en una raíz blanca saliendo de mi palma y cuando me quiero dar cuenta ya está enredada en la muñeca de mi mellizo.
En cuanto la barrera cae, Galen nos ha llevado a otra celda, lejos de Callon.