57
—No voy a hacerte nada.
Me separo de Kohen y giro la cabeza hacia la entrada de la celda.
Una chica permanece de pie entre las sombras del pasillo. La poca luz apenas alcanza a iluminarla, pero aun así puedo distinguir su expresión serena. Las sombras de Kohen se mueven a su alrededor sin llegar a tocarla, como si reconocieran su presencia.
Su cabello oscuro, largo y trenzado cae más allá de las caderas y sus ojos negros recorren la celda lentamente antes de detenerse en mí. En su mano descansa un bastón largo de madera.
—Así que tú eres Khione.
Parpadeo varias veces, todavía intentando entender qué está pasando.
—¿Quién es? —pregunto sin apartar la vista de la desconocida.
—Ella es Mega. Me ayudó cuando desperté y, también, a dar contigo —explica Kohen, sin soltar mi mano.
La chica inclina la cabeza, con una sonrisa de cortesía, a modo de saludo.
—Después de tanto tiempo escuchando hablar de ti, es un placer conocerte, Khio —dice Mega, dando un paso al frente—. Aunque las circunstancias no nos acompañen demasiado.
—Y ahora mismo deberíamos irnos —interviene Kohen. Su voz sigue siendo tranquila, casi suave—. El dragón no tardará demasiado en notar lo que está pasando aquí.
Mi cuerpo se tensa al pensar en él y noto cómo los dedos de Kohen aprietan los míos un poco más.
—No voy a dejar que nadie vuelva hacerte daño. No mientras yo esté a tu lado.
Sus palabras hacen eco en mi pecho, porque sé que no es la primera vez que me dice algo así.
Mega observa la escena en silencio antes de volver a hablar.
—También deberíamos encontrar al otro chico.
Noto algo removerse dentro de mí.
—¿Galen? —pregunto demasiado rápido.
Kohen baja apenas la mirada un segundo, como si estuviera pensando algo que no dice.
—Sigue aquí —dice Mega—. Vi cómo lo trasladaban a otra celda antes de llegar aquí. Está despejado, pero no sé por cuánto tiempo seguirá así. Hay quebrantadores reales por todas partes.
El alivio me golpea tan fuerte que casi me mareo. Galen está vivo.
—Tenemos que sacarlo.
Kohen asiente despacio y finalmente suelta mi mano, aunque sus dedos rozan los míos un segundo más antes de separarse.
El vacío que deja ese contacto me provoca un nudo en la garganta, porque siento que si dejo de tocarlo volveré a perderlo. Y no creo soportar perder a un hermano, otra vez.
Ojalá Micah estuviera con nosotros, y también mamá.
—Escuché como decían que se lo llevaban al ala norte —dice Mega antes de girarse hacia el pasillo por el que ha venido.
Las sombras empiezan a deslizarse alrededor de Kohen, extendiéndose por las paredes como si buscaran el camino antes que nosotros.
Doy un paso hacia la salida, pero mis piernas tiemblan ligeramente.
Entonces la niebla negra me rodea y me ayuda a atravesar las rejas con una facilidad que debería asustarme. Sin embargo, cuando danza a mi alrededor, lo único que siento es seguridad.
No sé si los nervios que siento son por estar aquí, en el lugar que ahora entiendo que es mi origen y en el de Kohen, pese a que mi memoria sigue fragmentada.
O porque Ryo también está y es más fuerte que cualquiera de nosotros. O quizá por volver a ver a Galen después de todo lo que pasó en el mercado.
Porque una parte de mí todavía tiene muy presente el miedo que sentí cuando pensé que iba a entregarme a su padre. Pero la otra, recuerda con viveza cómo se interpuso entre el dragón y yo sin dudarlo.
Y eso es lo que me obliga a seguir avanzando, junto a mi mellizo y Mega .
Kohen va en cabeza, pero puedo sentir cómo la oscuridad sigue protegiéndonos la espalda, reptando por las paredes junto a nosotras.
Entonces Mega cierra los ojos sin dejar de caminar. Guiada por la parte no física de Kohen, desliza los dedos de su mano libre por el aire que nos rodea, como si pudiera sentir algo que nosotros no.
De un momento a otro el ambiente cambia y es como si todo se volviera más pesado y silencioso a la vez. Incluso nuestros pasos dejan de sonar igual.
—¿Qué está pasando? —pregunto en voz baja.
Kohen no se gira y Mega tampoco abre los ojos, pero aun así me responde:
—Intento que no nos perciban y que no nos escuchen. Tu hermano se encarga de ocultar nuestra presencia.
Asiento aunque sé que no me ve. Tampoco quiero descentrarla ni hacer que nos descubran por mi culpa.
Solo quiero encontrar a Galen y salir de aquí.
Seguimos avanzando por corredores de piedra apenas iluminados por las antorchas. El aire aquí abajo es húmedo y frío, y cuanto más avanzamos hacia el interior, noto el cansancio en el cuerpo de Kohen.
Pese a eso, sus sombras siguen moviéndose a nuestro alrededor sin descanso, pero ya no lo hacen con la misma fuerza que antes. A veces, incluso, parecen deshacerse unos segundos antes de volver a formarse.
De pronto Mega abre los ojos y golpea una vez el bastón contra el suelo. Kohen se detiene al instante y yo imito su acción .
Entonces las voces de dos guardias se escuchan al final del pasillo, directas hacia nuestra dirección. Mi cuerpo se tensa automáticamente y siento cómo el poder de la creación intenta despertar dentro de mí, reaccionando al peligro.
Pero Mega da un paso al frente, situándose entre Kohen y yo. Y el ambiente vuelve a cambiar. Siento las sombras más cerca que antes. Justo cuando pasan por delante nuestra su conversación suena lejana y distorsionada.
Uno de los guardias gira la cabeza directamente hacia nosotros, y el corazón se me detiene un instante.
Pero sus ojos simplemente vuelven a centrarse en su compañero. Como si no pudiera vernos. Cuando ambos desaparecen al doblar la esquina, vuelvo a respirar.
—¿Cómo has hecho eso? —susurro.
Mega baja lentamente la mano y el aire se vuelve más ligero. Es como si hubiéramos estado metidos en una burbuja invisible.
—El aire puede alterar muchas cosas cuando aprendes a escucharlo.
No añade nada más. Y lo entiendo. Porque ella es un Rhesar del aire, y creo nunca haber visto uno. La dragona Eytohra fue la primera en separarse de Callon y la mayoría de everen que seguían sus ideales, independientemente del don que tenían, desaparecieron junto a ella.
Nunca más se supo nada de ellos. Si hay algún everen más con el don del aire, han sabido mantenerse bien ocultos y desconozco el motivo real de todo esto .
Por esa razón, que Mega este aquí usando el aire, me confunde todavía más pero Kohen vuelve a caminar antes de que pueda seguir preguntando, ya que ella se remueve un poco incómoda.
Porque ver un manipulador del aire es como ver a uno de los dioses entre nosotros.
—Está cerca —anuncia Kohen.
Puedo ver cómo su parte etérea se expande por el pasillo hasta alcanzar la última celda.
Y entonces lo siento.
Una presión en el pecho. Como si una parte de mí reconociera la presencia de Galen antes incluso de verlo. No lo dudo y acelero el paso, adelantándome a mi mellizo hasta detenerme frente a una puerta de hierro oxidado, mucho más grande que las que hemos dejado atrás.