Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 54
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Mientras nos dejamos guiar por Ryo, no hago otra cosa más que pensar en las diferentes formas de escapar.

Pero a quién quiero engañar, es un dragón y estamos en su territorio. He visto que los everen que abrieron el portal son como su sombra, y nos hemos cruzado con varios quebrantadores reales, que han hecho una reverencia cuando ha pasado Ryo.

Por mucho que fuera capaz de crear un portal, Callon acabaría encontrándome y acabaría muerta.

—Confía en mí —me dice Galen que está a mi lado y sus ojos verdes conectan con los míos.

Él a diferencia de mí está libre, yo sigo sintiendo la presión del poder de Ryo sobre mis muñecas, pero en cuanto el castaño coloca su mano sobre la mía, puedo sentir como el agarre del agua se siente más liberador.

Una vez dentro de la torre nadie nos mira o nos detiene .

—Padre, por favor… —Las palabras se salen atropelladas—. No son iguales. Ella no es igual.

¿Padre? ¿Ryo fue quien crió a Galen?

De repente siento como el aire deja de entrar en mis pulmones. Ha sido criado por un dragón…

—Sigues sin entenderlo —dice Ryo ladeando la cabeza, casi con curiosidad.

Y entonces todo ocurre antes de que yo pueda decir nada.

Galen se queda rígido. Al principio es casi imperceptible, pero su respiración se corta a medias, como si algo invisible le apretara el pecho desde dentro. Sus dedos se tensan alrededor de los míos y después fallan.

—Galen… —susurro, notando cómo su mano pierde fuerza.

Él intenta mantenerse en pie. Lo veo en su mandíbula apretada, en el temblor que le recorre el cuerpo, en cómo lucha por no ceder.

Pero no puede, el aire no entra en su cuerpo.

Gira su rostro y sus ojos se clavan en los míos un último segundo. Hay algo en ellos que me rompe por dentro: una mezcla de culpabilidad y de arrepentimiento.

Después, su cuerpo cede.

Cae de rodillas primero, golpeando la piedra con un sonido seco, y antes de que pueda reaccionar, termina desplomándose por completo.

—¡Galen!

Me lanzo hacia él, pero no llego.

El agua se enrosca de nuevo alrededor de mis muñecas, tirando de mí hacia atrás con una fuerza brutal que me tira al suelo .

—Tranquila —dice Ryo, con una calma que me hiela la sangre—. No está muerto.

Mi respiración se vuelve errática.

—¿Qué le has hecho?

Ryo ni siquiera lo mira.

—Le he recordado cuál es su lugar.

Mis ojos vuelven a Galen, inmóvil en el suelo, y el pánico me aprieta el pecho con más fuerza que cualquier poder. Puedo sentir el cosquilleo de la creación en mis palmas, a punto de estallar y no dudo ni un segundo en liberarlo.

La onda expansiva golpea a los tres everen lanzándolos contra la pared del pasillo, en cambio Ryo se ha cubierto con una capa de agua que absorbe el impacto sin esfuerzo.

Me levanto con las manos aún atadas y con el ardor en la oreja izquierda, que me indica que estoy curándome las quemaduras. Haciéndole frente al dragón del agua y de la transformación, con la cabeza en alto.

—Si quieres matarme, hazlo. Pero no me voy a rendir tan fácilmente.

Una sonrisa arrogante aparece en su rostro y con un movimiento de mano aparta a Galen del suelo y tira de mí hacia él con una facilidad impresionante.

—No está en mis planes matarte…

Es entonces cuando siento mi ritmo cardíaco ralentizarse, cómo me cuesta respirar si no lo hago conscientemente y cómo la cara de Ryo empieza a volverse borrosa.

—Todavía no .

El aire no llega. Pese a que intento inspirar, es como si mis pulmones hubieran perdido su capacidad de expandirse. Abro la boca forzándolo, pero no es suficiente. Mi corazón late más despacio, mientras siento cómo palpita en mi sien.

Toda gira y pierdo el equilibrio. Mi cuerpo golpea contra el suelo antes de que pueda reaccionar, quedando frente a Galen.

—No… —trato de hablar, pero mi voz apenas sale.

El cosquilleo en mis manos desaparece por completo y, con ello, el mundo se apaga poco a poco.

*   *   *

Cuando abro los ojos, veo que estoy en una celda de nuevo. La única fuente de luz proviene de una pequeña ventana en el techo, de la cual sale un destello azul.

No estoy atada, pero aun así el frío de estas paredes me rodea con una familiaridad incómoda.

—Has despertado rápido —dice Ryo que se deja ver frente a mí, al otro lado de las rejas—. ¿Sabes? Hace unos años nunca hubiera imaginado que acabaríamos en una situación como esta.

—¿Dónde está Galen? —mi voz sale más seca de lo que esperaba.

Ryo ladea ligeramente la cabeza.

—Vivo. —Sus ojos oscuros me observan y el aire sale de golpe de mis pulmones, sintiendo alivio a partes iguales que preocupación.

—¿Qué le has hecho?

Frunzo el ceño cuando no responde y una leve sonrisa se dibuja en su rostro, como si no necesitara hacerlo.

—Bebe. —Sigo su mirada y veo un vaso que se empieza a llenar poco a poco de agua.

O eso espero.

Dudosa me lo acerco a los labios sin confiar.

—Si no has muerto con el veneno del sayodemo, no creo que un vaso de agua sea tu fin.

Que me diga eso no me infunde mucha seguridad, pero me lo bebo sintiendo algo de alivio en mi garganta. Un silencio se forma entre nosotros y no es para nada como esperaba.

Por alguna extraña razón esta situación se me hace familiar.

—Es verdad que has cambiado. Han pasado diez años, pero tu forma de actuar es muy diferente a la que solías ser. —En sus ojos negros puedo ver que lo que dice no va con la intención de confundirme más de lo que ya lo estoy.

No estoy entendiendo nada y no sé si es su manera de jugar o manipularme, pero lo está consiguiendo.

—No sé a qué te refieres.

—En el fondo lo sabes. El problema es que no quieres recordar —dice, acercándose a la celda—. Cuando mandé a Galen a buscaros, a ti y a tu mellizo, jamás imaginé este desenlace. Y mucho menos que acabaría enamorándose de la hija de quién mató a sus padres… y a mi familia.

¿Qué? Mi madre jamás mataría a nadie…

Las palabras de Ryo quedan flotando en el aire de la celda, pesadas, deformando todo lo que creía saber sobre mi propio pasado. Una náusea repentina me golpea el estómago.

¿Una asesina? ¿Ella?

Intento buscar un rastro de mentira en su mirada, pero la frialdad de sus ojos negros me dice que está convencido de cada una de sus palabras. Un escalofrío me recorre la espalda al encajar la otra pieza del puzle.

También buscaban a Kohen.

Una parte de mí se alegra de que, al menos, él no esté aquí.

—Hay cosas que aún no sabes o, más bien, no recuerdas; pero eso no quita el hecho de que estás aquí por un motivo. No fue fácil dar contigo. Durante años te buscamos sin éxito. Por suerte, tú misma terminaste en Eros siguiendo a Micah. Y allí estaba Galen.

—¿Tú eres quién crió a Galen?

—Al menos eres lista. —Una sonrisa se le dibuja en el rostro—. Cuando mi hijo te encontró, el plan era rápido y sencillo. Te traería hasta mí, y yo cumpliría mi promesa… pero no. Se enamoró de ti y fue cuando tuve que tirar de otros hilos.

No me da tiempo a procesar lo que estoy escuchando. Nada tiene sentido y a la vez todo lo que dice no me resulta extraño.

—Nada parecía funcionar para acercarte hasta mí. Y justo cuando creía que te había perdido el rastro, murió Micah. Sin saberlo, tomaste exactamente el camino que necesitaba que tomaras.

En la Facción Escarlata…

—Tú mandas en Solara.

—Eres más lista de lo que recordaba, pequeña Khione.

—Eres el responsable de innumerables…

—No he terminado. —Hace una breve pausa y siento cómo tira de mí, con el control del agua, acortando la distancia que nos separa—.

Cuando entraste a la Facción Escarlata, junto con Galen, aún pensaba que él seguiría su misión.

Él ni siquiera sabía que yo tenía el control de Solara.

Pero en cuanto me dijeron que te protegía, tuve que intervenir.

Mandé un aviso de que se habían encontrado unas escamas de dragón y os asigné el puesto de Seal y Danrell.

—Eres un hijo de…

—Te has vuelto un poco impertinente Khione. Déjame terminar.

Intento hablar, pero vuelvo a sentir cómo me faltara el aire y, justo después, una mano de agua creada por él presiona mi boca.

—Lo de la emboscada fue cosa de ellos y la verdad es que fue trabajo que me ahorré. Pese a que Galen lo hizo bien, no fue difícil seguiros el rastro.

El silencio se alarga demasiado, hasta que él hace que el agua sobre mis labios se desvanezca.

—Eres tan diferente y a la vez parecida a ella —dice, y el simple hecho de que mencione a mi progenitora provoca que mi pulso se acelere.

—No me conoces de nada.

—¿Segura?

—¿Qué tiene que ver mi madre con todo esto? —pregunto, porque sigo sin saber qué papel juega ella en esta historia.

Por primera vez, responde de inmediato.

—Más de lo que te gustaría. —Trago con dificultad ante su respuesta.

—No sé qué es lo que piensas que mi madre hizo, pero ella no haría nada de lo que insinuaste —escupo las palabras.

Si me quisiera muerta ya lo estaría.

—No estoy insinuando nada —asegura pero ambos sabemos que sí lo está haciendo.

—Entonces dilo claro —vuelvo a exigir.

Ryo niega suavemente con la cabeza y dice:

—No. Aún no.

Esa respuesta me descoloca más que cualquier otra.

—¿Por qué?

—Porque no serviría de nada.

La rabia se apodera y es cuando noto un ardor en la parte de atrás de mi oreja izquierda. Bajo la vista y me fijo que el vaso se ha roto en mis manos y no lo he sentido.

—Antes tienes que recordar —añade al cabo de unos segundos—. Hay cosas con las que uno no puede cargar eternamente.

—Quiero recordar. —Creo que me lo digo más a mí misma que a él.

—Descansa, Khione. —Da un paso atrás alejándose de mí.

—No. —Avanzo hacia las rejas—. No me dejes así.

Se detiene, pero no se gira.

—Estás exactamente donde tienes que estar.

Y esta vez sí se va.