Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 53
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El nombre se queda suspendido en el aire. Ryo, el dragón del agua y la transformación.

No necesito girarme para notar cómo la postura de Galen cambia. Su cuerpo se tensa delante de mí y da un paso al frente, colocándose entre ambos, cortándole la vista. Protegiéndome del dragón.

El dragón se acerca despacio. Su sola presencia pesa incluso antes de ver su rostro rasgado, algo típico del territorio getariano.

—Me esperaba cualquier cosa de ti menos esto, Galen. —Su voz me hace tensarme al instante.

Galen no responde al instante. Su mano busca la mía a su espalda y la aprieta con firmeza.

—No te acerques —advierte el castaño.

Mi respiración se corta. Que le hable así a un dragón, sólo puede significar una cosa.

Lo conoce .

Ryo se detiene a unos pasos de nosotros. Sus ojos oscuros pasan de Galen a mí, recorriéndome con una frialdad que me eriza la piel, como si estuviera viendo a alguien que sí conoce y no a un desconocido.

—Así que sí que diste con ella —murmura.

Un escalofrío me recorre la espalda. Galen se mueve lo justo para cubrirme un poco más.

—No la mires así.

Ryo alza una ceja y sonríe.

—¿Así cómo? ¿Como lo que es? —Inclina ligeramente la cabeza—. Te di una misión —continúa clavando ahora su mirada en Galen—. Pensé que, al menos en esto, no fallarías.

Sus palabras están cargadas de decepción y el silencio que nos rodea se vuelve pesado.

—Las cosas han cambiado. —Galen aprieta la mandíbula, mientras que su mano sigue firme sobre la mía.

—No —responde Ryo sin dudar—. El que ha cambiado eres tú. No sabes lo que estás haciendo.

—Sí que lo sé. Y no voy a entregártela —dice Galen con rabia contenida—. Si hubiera querido hacerlo, ya la tendrías. Pero la elegí a ella.

Mi corazón empieza a latir más rápido. Ryo guarda silencio unos segundos, pero cuando vuelve a mirarme, su expresión es distinta.

—Ya sabes lo que hizo su madre.

¿Mi madre?

—No es como ella.

—Tiene su sangre.

Esa palabra: sangre.

Algo en mi interior se remueve, incómodo, como si reconociera algo que mi mente no alcanza a entender.

Ryo da un paso al frente y Galen también, interponiéndose aún más. Por primera vez noto algo distinto en Ryo y no es solo decepción, es decisión.

—Apártate, Galen.

—No.

El mundo parece contener la respiración a nuestro alrededor, como si todo estuviera a punto de romperse.

Y yo no sé si estoy a punto de desaparecer o de provocar algo mucho peor.

—Sabes que hagas lo que hagas, me la acabaré llevando.

—Por encima de mí…

No llega a terminar la frase.

Galen cae de rodillas de golpe, como si algo invisible lo aplastara contra el suelo. Nuestras manos se separan y su respiración se corta, pero aun así mantiene la mirada fija en Ryo.

Está usando el control de la sangre contra Galen.

El pánico me atraviesa y no pienso, solo me muevo, acortando la distancia entre el dragón y yo, dispuesta a usar mi poder, pero antes de que pueda tocarlo, Ryo levanta su mano y cambia.

Su brazo se descompone en agua, que se alarga en el aire con vida propia.

Un tentáculo se lanza hacia mí y se enrosca alrededor de mis muñecas antes de que pueda reaccionar.

El frío me muerde la piel y trato de tirar hacia atrás, pero aprieta más.

Otro surge de su palma y me rodea la cintura, inmovilizándome por completo.

—Suficiente.

—¡Suéltala! —La voz de Galen sale rota .

Ryo ni siquiera lo mira. Tira de mí con brusquedad y el aire desaparece de mis pulmones mientras el agua se endurece contra mi cuerpo, tan firme que parece hierro.

Y entonces lo noto.

No es algo que vea, es algo que vibra en el aire, tensándolo todo, como si el propio mundo estuviera a su merced. Dos figuras aparecen frente a nosotros sin hacer ruido, sin previo aviso, como si siempre hubieran estado ahí.

Uno de ellos da un paso al frente y delante suya abre una línea precisa bajo su voluntad, como si ya lo hubiera hecho más veces.

Es un Kovar de la creación.

Su mano apenas se mueve, pero el espacio a su alrededor se distorsiona y todo lo que toca deja de existir poco a poco.

La grieta se expande cada vez más. Está creando un portal.

Pero no es eso lo que me deja estupefacta. Un Kovar de la destrucción tiene su atención fija en la fisura.

La abertura parece que deja de crecer. Pero mis ojos notan que los bordes bailan, se expanden y se contraen con tal rapidez que es apenas perceptible.

¿Pero cómo es esto posible? Para obtener tal precisión, las mentes de los dos Kovars tendrían que estar ancladas y funcionar en sincronización milimétrica.

Es entonces cuando contemplo un tercer everen que observa en silencio. No hace nada, pero siento su control mental.

Es la pieza que me faltaba. Así es como consiguen esquivar el control de Callon.

La mente de los dos primeros Kovars están conectadas por el mental y de esa forma expanden el portal lo suficiente para cruzarlo pero a la vez lo destruyen para que no acabe de crearse.

Ryo me suelta lo justo para empujarme hacia delante.

—Ábrelo.

La orden no es para mí, si no para ellos.

—Así es como nos movemos, pequeña Khione —dice Ryo en voz baja, y que me haya llamado pequeña me eriza cada poro de mi piel—. Sin dejar huella.

El tentáculo vuelve a tensarse en mi muñeca y no hay tiempo para reaccionar. El mundo desaparece bajo mis pies y todo se vuelve pesado, líquido, como si me estuviera hundiendo en algo que no es agua. Pero se parece demasiado a lo que sentí cuando atravesé el portal hacia la Facción Escarlata…

Kaia y Neal.

Todo se ha torcido, nada de esto debería estar pasando. Intento respirar, pero no puedo, el portal tira de mí, me rompe, me arrastra…

Y entonces todo vuelve de golpe, el aire y el suelo también y al fijarme veo que ya no estamos en el mercado.

La piedra bajo mis pies es distinta, más oscura y pulida, como si llevara siglos construida. El aire es más seco y denso a la misma vez, y me cuesta respirar.

Levanto la vista y la veo.

La torre se alza frente a nosotros, dorada, rompiendo el cielo.

Pero no es un dorado cálido, sino apagado, sucio, como si la luz no terminara de tocarla del todo.

Sus paredes se elevan en espiral, perdiéndose entre la niebla.

Y no solo eso, los árboles que vi en Belion también rodean gran parte de este lugar, sus hojas se mueven a merced del aire, creando un efecto visual hipnótico.

Un escalofrío me recorre la espalda siento que hay algo en ella que tira de mí. Es como una sensación de malestar que se apodera de mi cuerpo.

—¿Qué es este sitio? —pregunto, aunque ya no estoy segura de querer la respuesta.

—Tu origen —responde Ryo sin detenerse.

La respuesta es seca y las piernas me fallan. A mi lado Galen que ha conseguido levantarse del suelo me sujeta del codo.

Y pese a la cercanía de su tacto, lo siento más lejos que antes...

—Khione… —Su voz es baja y angustiada—. Lo siento.

Sus ojos conectan con los míos y entonces entiendo algo: él también se siente traicionado. Como si de verdad esperara que nada de esto hubiera ocurrido.