52
Me limpio las lágrimas que caen por mi cara, y unos sollozos se me escapan, despertando a Galen.
—¿Qué te pasa? —Sus palabras suenan arrastradas por el sueño.
Oigo el colchón hundirse a mi espalda y, en cuestión de segundos, ya está de pie frente a mí.
—Soy una cobarde —sollozo y me lanzo a su pecho.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso? —Se aparta un poco para verme.
—Le dije a Micah que borrara todos los recuerdos que tenía de mi pasado… —trago saliva—. Cuando Kohen murió.
Cobarde.
Cobarde.
—No podía… —mi voz tiembla—. No podía vivir con eso, Galen. Con la imagen de su cuerpo, sin escuchar su voz... —niego con la cabeza—. Elegí olvidarlo. Elegí borrarlo todo como si así fuera a doler menos.
Levanto la vista hacia él, sintiendo cómo el pecho se me rompe.
—¿Qué clase de everen hace algo así? —me pregunto a mi misma.
—Así que por eso tus recuerdos fueron más recurrentes después de…
—¿Tú lo sabías? —Me aparto de sus brazos, poniendo distancia entre nosotros, pero él no lo duda y me sigue.
—No exactamente —dice, y su tono cambia—. Pero sí había oído hablar de vosotros.
—¿De nosotros? —Frunzo el ceño.
—De dos hermanos —añade mirándome a los ojos—. Con habilidades poco comunes.
El aire se vuelve más tenso entre los dos.
—¿Y no me dijiste nada?
—No estaba seguro —responde y avanza un poco hacía mí—. Nunca os había visto juntos. Y… —duda un segundo antes de seguir—. No quería confirmártelo hasta estar seguro
—Eso no te correspondía a ti. Tendrías que habérmelo dicho —digo alzando más la voz y mi pulso se acelera.
El silencio cae entre nosotros.
—Khione, por favor. Déjame explicártelo. —Se intenta acercar, pero retrocedo un paso más.
Niego con la cabeza, sintiendo cómo el pecho se me vuelve a cerrar.
—No, ahora no Gal…
Su nombre se queda atrapado en mi garganta. Si me quedo un segundo más, voy a romperme del todo. Y no quiero. No delante de él.
Antes de que pueda detenerme, me doy la vuelta y salgo de la habitación.
El pasillo se siente demasiado estrecho y silencioso. Mis pasos resuenan contra la madera mientras avanzo sin rumbo fijo, con la respiración entrecortada y las manos temblorosas.
—Cobarde.
Se me corta el aire y me detengo en seco.
Esa voz se me clava en el pecho antes incluso de poder reconocerla. Kohen.
—Cobarde.
Aprieto los dientes, intentando apartarla, pero cuanto más lo intento, más fuerte se vuelve.
No sé cómo encuentro la salida. Solo sé que, de pronto, el aire frío del exterior me azota el rostro y mis pulmones se llenan de golpe, como si llevara demasiado tiempo conteniendo la respiración.
Sigo caminando.
No pienso. No quiero pensar.
El camino me lleva hasta el mercado casi sin darme cuenta. El bullicio me envuelve de inmediato: voces, risas, discusiones, el sonido de monedas, pasos, telas agitándose con el viento. Todo demasiado vivo para cómo me siento por dentro.
Los everen pasan a mi lado, rozándome, empujándome ligeramente, pero no reacciono. Es como si estuviera ahí, pero no del todo.
Un olor dulce y especiado me llega desde un puesto cercano. Alguien grita precios, un niño corre entre la multitud. El mundo fluye con normalidad mientras el mío está a punto de volver a desmoronarse .
Noto como mis manos empiezan a temblar más fuerte y decido tomar las riendas.
—Respira… —susurro para mí misma, pero mi voz apenas sale.
Intento centrarme en el puesto que tengo delante. Hay una variedad de pañuelos y chaquetas, pero mi mente vuelve una y otra vez a la misma imagen.
A Kohen, a su cuerpo inerte en el suelo.
—Para… —Cierro los ojos con fuerza, llevándome una mano a la cabeza.
El ruido del mercado se distorsiona por un segundo. Doy otro paso hacia delante, esta vez sin pensar, y mi pie no llega a tocar del todo el suelo. Una sensación irreal me invade, como si no estuviera completamente ahí.
Como si pudiera desaparecer, como si ya no perteneciera a este lugar.
—Khione.
La voz me atraviesa antes de que pueda reaccionar, levanto la vista y entonces lo veo.
Galen.
Está a unos metros de mí, con el ceño fruncido y la respiración agitada.
Y sé que ha venido corriendo detrás de mí.
Nuestros ojos se encuentran y en ese instante, todo ocurre demasiado rápido.
El aire parece tensarse a nuestro alrededor y la misma sensación vuelve a instalarse en mi cuerpo, esta vez con más fuerza.
El mundo vibra, se distorsiona y los everen empieza a moverse más rápido a mi alrededor.
Un golpe de pánico me recorre el pecho y se refleja en una oleada de frío que me recorre la espalda.
Una presión me oprime mi garganta.
—Galen…— mi voz tiembla.
Él ve lo que me está pasando y no duda. En dos zancadas se sitúa frente a mí, colocándose entre la multitud y yo, como si pudiera protegerme de algo que ni siquiera yo entiendo.
En realidad, sí lo entiendo, estoy teniendo un ataque de pánico, y esta vez no voy a permitir que el miedo domine mi cuerpo.
Levanto una mano a modo de advertencia, Galen se para en seco, porque sabe que necesito hacer esto sola.
Intento estabilizar mi frenético corazón respirando lentamente tres veces.
Mi mano se desliza por debajo de la ropa y, en cuanto la yema de mi dedo índice toca el collar de medialuna, lo acaricio suavemente mientras sigo centrada en inhalar y exhalar profundamente.
Finalmente, cuando me siento preparada, alzo la mirada en dirección a Galen, que se acerca y su mano busca la mía.
—Eh, estoy aquí —dice con urgencia, obligándome a centrarme en él—. No va a pasar nada.
La presión que sentía hace un momento se ha transformado en una ola de fuego que se expande por todo mi pecho y una sonrisa involuntaria asoma en mi cara. Por primera vez he sido capaz de controlar mis miedos.
El mismo orgullo que siento lo veo reflejado en sus ojos. Con gusto me dejo llevar y me pierdo en su mirada.
El momento se corta en seco, el mundo vuelve de golpe y el ruido ensordece, me aferro a su mano cuando una voz interrumpe a mi espalda .
—Galen.
—Ryo.