Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 51
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—Cuando estuve encerrado escuché algo. —Galen no deja de tocar cada peca que tengo sobre mi cuerpo.

—¿Qué escuchaste? —Lo busco con la mirada, levantando mi cabeza un poco de su pecho.

—¿Te acuerdas de cuando dijeron en la sala que algo había funcionado?

—Asiento mientras el eco de aquella frase regresa a mí: «Señor, le digo que ha funcionado» —.

Resulta que llevan años haciendo experimentos con esa masa roja flotante.

Es algo que crearon los primeros dragones para ocultarse de los everen que ansiaban tener dos poderes.

—Me alejo un poco de su lado sin dejar de prestar atención—.

Han estado extrayendo el líquido dorado, eso que parecía venas, y se lo han estado inyectando entre ellos desde que encontraron Solara, desde que hallaron esa…

—Cosa —lo corto, y pese a que no ha apartado sus ojos de mí, ha dejado de acariciarme.

Entonces todo en mi cabeza hace clic .

Las motas doradas en los ojos de Daron, el hecho de que tuviera dos poderes... Y no solo eso: Galen también tiene las mismas características.

Ojos verdes con motas doradas y dos dones.

—Entonces…

—Sí. No sé cómo, ni dónde y mucho menos cuándo. —Hace una pausa y yo entrelazo mi mano con la suya—, pero en algún momento de mi niñez experimentaron conmigo. Aunque por mucho que intente recordarlo, no puedo.

—¿Tus padres no te lo han contado nunca?

—No. —Suelta un suspiro y mira nuestras manos—. Ellos murieron cuando yo era muy pequeño.

—¿Pero no fue tu padre quien te enseñó el verdadero alcance de tu poder?

—Él fue quien me crió y, a pesar de que no compartimos sangre, siempre será un padre para mí. Creo que, por esos experimentos, tengo el poder de la intangibilidad y el del agua.

—Yo también tengo…

—Lo sé. Tú, a diferencia de Daron y de mí, no tienes esas motas. —dice, y nuestros ojos conectan—. Ya no sé qué pensar, Khione.

—Pero no tiene sentido, Micah me lo hubiera dicho, ¿verdad?

No puede ser, ¿he sido modificada?, ¿mamá conocía a los de la Facción Escarlata? ¿Qué soy?

La Facción no solo busca reclutar everen, quieren ser iguales o superiores a los dragones.

—¿Por qué no tengo las motas doradas? —pregunto aun sabiendo que ninguno de los dos tiene una respuesta .

—Todo esto se nos escapa de las manos —dice y empieza trazar círculos alrededor de mi dedo gordo, con la mirada perdida en un punto fijo, como si intentara encontrar una solución a mi pregunta—.

Primero, el ataque al bosque de Munea, destruyendo casi Eros por completo.

Luego la Facción, que justo dejó una pista buscando reclutas.

Y ahora, nos mandan a nosotros a una misión que ni siquiera era nuestra, para acabar en una emboscada.

Hace una pausa. Su mirada sigue perdida, pero su gesto se tensa un poco más.

—Y encima esto… —añade al final, más bajo—.

Tienes dos poderes y aun así no hay motas.

También siento no haber podido rescatarte antes.

—Lo miro con confusión—. Las cadenas me impedían usar mis poderes.

Cuando mi guardia se despistó y se acercó demasiado a mí, lo tiré al suelo.

Me costó dejarlo inconsciente, pero conseguí hacerme con las llaves por eso…

—Galen… —lo llamo y centra de nuevo su atención sobre mi—. No pasa nada, estamos bien…. y eso es lo que importa. Ya averiguaremos lo mío. Lo único que sé es que estamos vivos. Y deberíamos avisar a Kaia y Neal para que salgan de allí cuanto antes.

—Tienes razón. —Con ambas manos acuna mi rostro y me deja un suave y cálido beso en los labios y siento como mi cuerpo se deshace, anhelado más.

Pero ahora lo más importante es avisarlos y reunirnos con ellos cuanto antes. Solo espero que estén bien.

Me levanto de la cama con un soplido, porque lo único que quiero ahora mismo es perderme en sus brazos para siempre. Tras rebuscar en mi morral, agarro los botes, juntándolo todo en un recipiente y Galen me acerca un poco de agua que trae del baño.

Y pese a que mis dedos ya han recorrido casi cada centímetro de su piel, no puedo apartar mi mirada de su pecho y abdominales para recrearme, de nuevo, por lo que siento al tocarle.

No sé qué es lo que tiene este hombre, pero sé que nunca me voy a cansar de él. Ya no solo porque físicamente me atraiga, es por todo lo que ha hecho por mí en este tiempo.

—¿Qué miras tanto? —Pasa su dedo por la comisura de mi boca, como si estuviera limpiando la baba que se me cae, para después unir nuestros labios.

—Nada… —Sonrío contra su boca.

—¿Te he dicho ya lo hermosa que eres?

Niego varias veces, pero él no se detiene. Sus manos bajan hasta mis muslos y, con un solo gesto, me alza contra su cuerpo, obligándome a rodearlo con las piernas. Me sostiene con facilidad con una sola mano, y con la otra aparta el cabello de mi rostro.

—Joder, Khione. Creo que nunca me voy a cansar de ti.

—Ni yo de ti, porque hay una cosa que tengo clara desde que salí aquel día de la cabaña, y es que te quiero. Te quiero Galen Kyrsen.

Desliza su mano hacia mi cuello y me atrae besándome de nuevo, pero esta vez es un beso más lento y profundo, lo que consigue erizarme la nuca.

—Tengo que terminar de preparar el ungüento. —Me separo a regañadientes, apoyando nuestras frentes.

—No tardes. —Suelta un suspiro y me deja en el suelo .

Agarro la camiseta de Kaia y tras conseguir la textura miel, escribo en mi brazo: Estamos bien.

Por poco , pienso

Y espero a que vaya desapareciendo para seguir con el mensaje: Salid de allí, cuanto antes.

El cosquilleo me avisa que la mezcla ha funcionado y en cuando dejo el tarro en la mesa, mis pies dejan de tocar el suelo y lo veo todo al revés.

Aunque no me quejo de la vista que me ofrece la musculosa espalda de Galen.

Una vez en la cama de nuevo, todo son risas, besos y caricias. Disfrutamos la compañía uno del otro, olvidándonos de todo lo demás, siendo solo nosotros.

Poco a poco el cansancio termina venciendo, sintiéndome segura en sus brazos.

*   *   *

A la mañana siguiente me despierto con sudores fríos y el cuerpo lleno de adrenalina por lo que acabo de revivir en sueños, aunque las imágenes ya empiecen a borrarse.

Galen sigue dormido, boca abajo, con el rostro medio hundido en la almohada y la respiración lenta y regular. Una de sus manos descansa cerca de donde yo estaba hace apenas unos segundos, como si incluso dormido supiera que debía buscarme.

Me quedo mirándolo un instante más. Salgo de la cama despacio, procurando no hacer ruido, y me dirijo a la mesa.

Rebusco en mi morral hasta que hallo el papel. Mis dedos tiemblan ligeramente cuando lo desdoblo, y lo primero que veo es la K.S .

Me fijo mejor en las letras y es entonces cuando frunzo el ceño.

La última no es una S. Son dos K.

Y la hice yo.

El aire se me queda atrapado en el pecho y mis dedos se tensan alrededor del papel. Todo se nubla de golpe, y revivo el recuerdo:

Siento las manos de Micah temblar sobre las mías.

—Khione… —dice en voz baja—. Si hago esto, no volverás a recordarlo nunca.

—Lo sé. —apenas consigo pronunciar algo más porque mi garganta se cierra.

—También tendré que llevarme todo lo que conduce hasta aquí, tu pasado. Y a él.

Levanto el cuerpo inmóvil de mi mellizo, y lo situó entre mis piernas, una última vez. La sangre de su cuello se ha secado.

—Kohen…—susurro.

Micah guarda silencio y cuando levanto la vista, sus ojos están clavados en mi hermano.

En este momento es cuando me doy cuenta de que solo tengo una opción: reunirme con él. Porque no puedo concebir una vida en la que no esté.

—Despierta, por favor… —sollozo en su rostro.

—Él querría que vivieras, Khio. —Se sienta a nuestro lado y me abraza, nos abraza.

—¿Y cómo hago tal cosa? Sin él…

«Sea como sea, tienes que vivir. Aunque eso signifique que no me recuerdes » .

Sus palabras me atraviesan y sé que hicimos esa promesa por algo. Porque sabíamos que la posibilidad de que uno de los dos muriera siempre había estado ahí y que así sería más fácil escondernos.

—Hazlo Micah —digo y cuando nuestros ojos se encuentran, no hace falta decir nada más.

—¿Estás segura?