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Se me estremece el cuerpo cuando Seal sonríe antes incluso de acercarse.
Galen se coloca a mi lado al verlo, y noto el roce de su mano contra la mía. Sus dedos se cierran apenas un segundo.
—Relájate, Intocable —dice dando un paso hacia nosotros—. Solo estábamos comprobando que los animales estuvieran bien.
—No queremos que os pase nada. —Darnell acaricia a uno de los ceres y este ronronea.
El rubio se aproxima demasiado y el aire entre nosotros se vuelve tenso.
—Aléjate —dice Galen tajante.
—¿Y si no quiero? —Seal ladea la cabeza divertido y Darnell interviene con voz fría:
—Aquí no decides tú.
La enredadera surge del suelo sin previo aviso y atrapa a Galen de pies y manos, exactamente como hace unas horas.
—¿Solo sabes ese truco? —Ni siquiera se inmuta cuando nuestro superior ejerce más presión sobre él.
Algo se rompe dentro de mí.
El hormigueo en mis manos se transforma en una presión que lucha por salir. La reconozco demasiado bien.
—Suéltalo —digo con la voz cargada de rabia.
Darnell me ignora y Seal acorta la distancia que nos separaba. Hace el amago de acariciarme, pero me aparto.
Chasquea la lengua molesto, y cruza una mirada con su amigo.
El suelo tiembla y de un momento a otro siento unas ramas trepar por mis piernas y brazos, ejerciendo presión.
Me agarra el mentón con fuerza, obligándome a mirarlo. Sus ojos café brillan con algo oscuro mientras se inclina despacio.
—¿Ves? —dice cerca de mi oído, aunque lo bastante alto para que Galen lo escuche—. Esto es lo que pasa cuando te encariñas de alguien.
Acerca su rostro al mío pero no termina de realizar la acción que tenía en mente, porque un puño impacta en su cara.
Galen se ha liberado usando su don de intangibilidad. Yo sigo atrapada, las enredaderas tensas alrededor de mi cuerpo.
—¡Detrás de ti! —grito cuando Darnell empuña un cuchillo y se lanza hacia él.
Vuelve a usar su don, provocando que el arma roce la mejilla del rubio. Este suelta un quejido, llevándose una mano a la herida.
Algo crece dentro de mí. Rabia al no poder ayudarlo.
Es más rápido que ellos dos. Se agacha y golpea con el codo a mi opresor antes de empujarlo hacia mí.
En cuanto cae sobre mí, agarro su brazo y empiezo a desgarrar sus músculos, notando cómo los míos también se tensan, aunque sin ese dolor que él está sintiendo. Las ramas desaparecen justo cuando Seal lanza una llamarada que le quema la cara a Galen.
Su grito me rompe por dentro.
Y, al ver otra llama surgir de su mano, el recuerdo del bosque de Munea me golpea de lleno. No dejo que ese sentimiento me paralice y me lanzo hacia Seal sin pensarlo. Ambos caemos al suelo de costado.
—Veamos lo rápido que te puedes curar —sonríe e intenta quemarme.
Lo que no sabe es que mi poder me protege del dolor.
El cosquilleo en mis palmas se vuelve insoportable. Intento contenerlo, pero la rabia me traiciona. La energía estalla en una explosión cegadora y lo lanza lejos de mí.
Me levanto a toda prisa y veo que Galen está ya sacando a dos ceres del establo. Corro hacia las puertas que dan al exterior y las abro de golpe.
En cuestión de segundos ambos estamos subidos en los animales y marchando fuera de la Facción Escarlata, sin mirar atrás.