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Kaia y Neal guardan silencio cuando volvemos a la habitación. Tras un gesto de Galen a su amigo, los dos salen al pasillo y nos dejan a nosotras dos solas en el interior.
—Me has asustado —dice sin reproche.
Me siento en el borde de la cama y dejo caer los hombros. El cansancio me golpea de repente, justo ahora que la tensión acumulada ha desaparecido en gran medida.
—Lo siento.
Mi amiga se acerca y se sienta frente a mí, apoyando los antebrazos en mis rodillas, obligándome a mirarla.
—No. —Niega despacio—. No lo sientas. Esta situación nos está superando a todos.
—Te tengo que contar algo. —Mi tono es más serio de lo que pretendo—. Galen y yo conseguimos entrar en la zona vigilada. Y no es un lugar que parezca abandonado.
Kaia frunce el ceño, girándose hacia mí .
—Entonces, ¿qué creéis que es? —pregunta ella y yo trago saliva antes de seguir.
—Había algo— digo buscando las palabras exactas para definir lo que vi—. Como una masa suspendida en el aire. Es de color rojo y tenía como filamentos que parecían venas. —Niego con la cabeza—. Parecía estar viva, parecía como si respirara.
—¿Respirar? —repite Kaia confundida y a la vez tensa.
—No sé explicarlo mejor —admito—. Pero no parecía una piedra normal. Y tampoco es natural de aquí.
Nuestras miradas conectan y mi amiga pregunta:
—¿Qué pueden estar haciendo con eso ahí dentro?
—¿Experimentos? —murmuro, aunque ni yo misma estoy segura—. Pero sea lo que sea lo que han hecho, parece que ha funcionado.
—Al menos no os atraparon dentro —dice mientras se sienta a mi lado.
—No. —El calor me sube a las mejillas antes de poder evitarlo, y rompo el contacto visual—. Por poco.
—Khione… —Golpea su hombro contra el mío con una sonrisa—. ¿Os habéis besa…?
No le dejo terminar la pregunta porque coloco mi mano sobre su boca y esta empieza a reírse. Niego sintiendo más calor en mi rostro y contagiándome de su risa.
Al poco tiempo aparecen Galen y Neal y por la cara del último deduzco que también se lo ha contado.
—No sé qué está pasando en este lugar, pero tengo las mismas ganas de irme que las que tuve por venir aquí. —El moreno se desabrocha un poco la camisa y se deja caer sobre la cama de Kaia.
—En unas horas salimos hacia Balion —dice Galen, leyendo la información antes de doblar el papel que nos han dejado.
Me giro y descubro que, además de las hojas con la ruta indicada, también hay ropa de color granate, más básica y sin los emblemas de la Facción Escarlata.
Suspiro y mi mirada conecta con la de Galen. No puedo evitar pensar que tal vez vayamos a una misión suicida y un nudo se forma en mi garganta.
Él no deja de observarme mientras Kaia y Neal empiezan a moverse por la habitación, ayudándonos a preparar las cosas para el viaje.
No quiero irme. Quiero quedarme aquí y buscar a los culpables que mataron a Micah y al resto. Tampoco quiero hacer esta absurda misión, cuando en un principio ni siquiera nos pertenecía.
—Nos mantendremos en contacto —digo, y los tres me miran.
—¿Cómo? —pregunta Neal cerrando el morral de Galen.
—Croanil, damenyo y…
—Gendes —finaliza Kaia por mí mientras se le dibuja una sonrisa en el rostro—. Creo que tengo las tres cosas.
—¿Cómo lo haremos con esas hierbas? —vuelve a preguntar el moreno, acercándose a nosotras.
—Al mezclarlas, hay que crear una textura específica. —Empieza Galen y yo no puedo evitar arrugar el ceño, pero sonrío.
—Una vez creadas, reaccionan entre sí y, cuando entran en contacto con nuestra piel mientras sostenemos un objeto perteneciente al everen con el que queremos hablar, empiezan a emitir un cosquilleo —explica Kaia mientras saca uno de los ingredientes.
—Y mientras la palabra desaparece de tu piel, aparece en la misma zona del otro everen —termino en un suspiro.
Mi amiga se acerca a sus pertenencias y rebusca entre ellas, provocando el tintineo de los frascos de cristal al chocar unos contra otros.
—¡Los tengo! —exclama al encontrarlos. Un instante después, me los tiende.
—También necesitamos una pertenencia vuestra. —Me levanto y le entrego a Kaia la única sobrecamisa que me traje de Neve y ella hace lo mismo, dándome una blusa.
Es la que usé el día de la ceremonia en Eros.
Micah cruza mi mente y me pregunto, por un instante, si de algún modo sigue acompañándome, aunque no me permito pensar más allá. Por mucho que quiera seguir llorándole, sé que en el fondo, él habría querido que siguiera avanzando y no vivir como lo hice después de la muerte de mamá.
Ahora que los dos están juntos siento un vacío rodearme.
Cómo os echo de menos.
Los chicos se intercambian unos objetos, mientras que guardo el dibujo que me dio Galen la otra noche en un lateral de la morra, junto con la camisa de mi amiga.
Tras dejarla en la cama y girarme, Kaia se abalanza sobre mí envolviéndome con sus brazos.
—Lleva mucho cuidado —susurra con la voz entrecortada, como si estuviera a punto de llorar.
—Lo prometo. —La abrazo más fuerte, sin poder evitar que una lágrima ruede por mi mejilla.
—Venga, basta de tantas niñerías. —Neal nos hace separarnos y lo miro con el ceño fruncido —. Ven aquí anda.
Y no sé si es la forma en la que lo ha dicho o sus gestos, tan parecidos a Micah, que no dudo ni un instante en acortar la distancia. Poco después se unen Kaia y Galen y entre lágrimas y risas, donde el tiempo parece no avanzar, me vuelvo a sentir en casa.
* * *
—Khi, date prisa. —Mete a toda velocidad su ropa en su zurrón y yo me siento incapaz de moverme.
—¿Y si nos pillan?
—No lo harán. —Se acerca a mí y me ayuda a recoger las cosas —. Te lo prometo.
—¿Y si…? — Levanto la cabeza.
Incluso en la oscuridad de la habitación, puedo ver salpicaduras de sus pecas finas, que contrastan con la seriedad de su presencia.
—Te prometo que no dejaré que nos cojan, Khi. —Sus ojos azules me miran con cariño y también con seguridad.
Lo abrazo tan fuerte que me duele y me dejo llevar por su olor, mientras escucho el crepitar de la chimenea y su respiración, constante y firme, que parece decirme que todo estará bien.
—Tenemos que hacerlo como hemos practicado estos días. —Antes de separarse deposita un beso en mi sien.
Al girar de forma brusca emite un quejido de dolor.
—Déjame curarte al menos —digo y me aproximo hasta quedar a su lado.
—Estoy bien. — Se lleva una mano al abdomen dolorido.
—Por favor …
Me despierto sobresaltada, intentando fijarme en un punto de la habitación y el pecho se me oprime con la sensación de haber perdido algo que ni siquiera sé si es real.
Un movimiento entre las sombras llama mi atención y veo cómo Galen empieza a colocarse la camiseta. Mis ojos se detienen un segundo de más en su abdomen, pero aparto la vista de inmediato, sonrojándome.
—Es hora de irnos. —Sonríe y después mira hacia la ventana.
El cielo empieza a aclararse, tiñendo la habitación de un azul pálido que anuncia el amanecer.
Me visto con la ropa que nos dieron el día anterior y antes de salir, vuelvo a despedirme de Kaia, quien me da otro abrazo.
—Por favor, no dejes de mantenerme al tanto. Neal y yo iremos a ayudaros en cualquier momento, sin dudarlo.
—Lo haré.
Galen y yo salimos por la puerta con el morral y todo lo necesario en la espalda.
El sueño vuelve a mí de nuevo y la sensación que tuve con él se me hace tan cercana…
Aprieto los dedos contra la mochila y doy un paso adelante, obligándome a centrar mi atención en lo que es importante ahora.
La misión.
—¿Has dormido algo? —La voz de Galen me saca de mis pensamientos y lo miro.
—No mucho. He vuelto a soñar con ese chico. —Me devuelve la mirada sin dejar de andar—. Esta vez era mucho más real y lo más raro es que…
Me callo y niego varias veces con la cabeza. No es lógico que me sienta de esa forma con alguien que no si existe.
—Dime. —Giramos hacia la izquierda y al final del pasillo veo las puertas del establo.
—Junto a él me sentía en casa —finalizo con un largo suspiro.
El portón de los ceres se alza ante nosotros, pesado y desgastado.
—En cuanto terminemos de recuperar las escamas, te prometo que voy a ayudarte a averiguar de quién se trata —dice Galen, empujando una de las hojas.
—¿De verdad crees que él existe?
Me mira de reojo.
—No lo sé. Pero si es así, la encontraremos.
Al entrar las criaturas no están solas.
Seal y Darnell ocupan el centro, demasiado tranquilos como para ser una simple coincidencia.