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Durante unos segundos nadie dice nada y parece que el eco de sus pasos aún flota en el aire.
Kaia es la primera en acercarse y su expresión lo dice todo.
—No me han gustado nada sus caras —murmura agarrándome del brazo.
Seal y Darnell permanecen unos pasos atrás, apoyados contra la roca, sin perderse una palabra.
Neal llega justo detrás de ella, pero no habla de inmediato. Se limita a observar el pasillo por el que se han ido, con el ceño fruncido.
—Habla —dice cruzándose de brazos—. ¿Qué os han dicho?
Siento cómo el nudo en el estómago se aprieta un poco más, al saber que ya no hay marcha atrás.
—Nos han asignado una misión que inicialmente era para Seal y Darnell —Galen los señala brevemente con el mentón—. La han adelantado y quieren que vayamos a por unas escamas de dragón que están en una especie de almacén.
Ellos no dejan de mirarnos. El rubio ladea la cabeza divertido, llevándose dos dedos a la frente y apartándolos hacia fuera de manera lenta y burlona.
—¿Escamas de dragón? —pregunta Neal algo confuso. Y a decir verdad yo también lo estoy.
—Son muy raras de encontrar —dice Kaia y los tres le prestamos atención—. Hay rumores, leyendas que cuentan que las escamas de un propio dragón son las únicas capaces de matarlo.
—¿Y para qué quieren…? —La pregunta de Neal muere antes de que termine de formularla.
Un pensamiento me golpea de imprevisto.
—La Facción Escarlata quiere matar a un dragón —digo en voz alta la conclusión a la que todos hemos llegado.
—Con lo que tienen allí dentro… —Galen señala con el mentón la dirección en la que está la zona vigilada—, podrían hacer muchas cosas. Y si es verdad lo que dicen de las escamas, esto no es una misión simple y ellos no solo buscan reclutar candidatos. Buscan derrocar a los dragones.
Un grupo se aproxima hacia nosotros y cambio de tema para evitar que escuchen de lo que estamos hablando.
—Salimos mañana —intento decir, pero mi voz sale temblorosa—. Al amanecer.
—¿Mañana? —dice Kaia frunciendo el ceño y me aprieta el antebrazo un poco más—. Pero si apenas…
Galen asiente despacio y sé que, pese a que ha seguido con el cambio de tema, la noticia les pilla de sorpresa. A todos .
—No sé si esto es normal aquí, pero no me gusta la idea. —murmura Neal pensativo.
El silencio nos rodea un segundo que parece eterno.
—Ayesha no es un terreno fácil que digamos —dice mi amiga más para ella que para nosotros—. Si os manda con tan poco margen es porque…
—Porque lo que quieren, es urgente —finaliza Neal por ella.
—Volveremos. —La voz de Galen sale con tanta calma que una parte de mí quiere creerlo—. Los dos.
Su mirada verde se ancla con la mía y, en un gesto casi imperceptible, entrelaza sus dedos con los míos.
Los cuatros nos encaminamos hacia la habitación sin decir nada más. No hay mucho que decir o qué podemos hacer al respecto. El tema de la misión sigue rondándome la mente pero aquí no tenemos ningún poder y somos unos mandados, unas marionetas del sistema al que nos hemos unido.
—Mientras estáis fuera, Kaia y yo intentaremos buscar más información sobre por qué hicieron ese ataque a Eros. —Neal cierra la puerta al entrar y encaja la silla bajo el picaporte.
Galen saca de su bolsillo los papeles que hemos robado y nos acercamos para verlos. No hay mucha más información que cuatro garabatos alrededor de la masa flotante que no tiene sentido: dorado, líquido, efecto y un signo interrogatorio.
Todo esto me está sobrepasando, así que me alejo de ellos y digo:
—Necesito una ducha —digo, mientras empiezo a dar vueltas por la habitación.
No me atrevo a mirar lo que hay sobre mi cama. No puedo. Primero necesito descargar todo lo que llevo dentro .
La prueba del laberinto, esa masa roja que parecía estar viva, la misión de las escamas…
—Khione. —Me freno antes de chocar con Galen, que se ha colocado frente a mí mientras no he dejado de moverme—. Respira conmigo…
—Todo va a salir bien. —Noto la mano de mi mejor amiga sobre la mía pero me doy cuenta de que me cuesta más de lo normal coger aire.
La habitación me empieza a dar vueltas y lo único que quiero es salir de estas cuatro paredes que parecen hacerse más pequeñas a cada segundo que pasa.
Aparato la silla y salgo hacia los pasillos, sintiendo un golpe de aire caliente contra mi rostro.
Empiezo a caminar mientras mi poder, aquel que tanto me esfuerzo por ocultar, lucha por liberarse.
No sé a dónde voy, pero necesito estar lejos de los everen a los que quiero, porque no sé dónde termina mi control y empieza el peligro.
Una mano se cierne sobre mi muñeca y al levantar la vista veo a Galen, que tira de mí a través de varias paredes hasta llegar a unos baños que por su estado parecen abandonados.
Me encara hacia él y repite:
—Respira Khione, por favor. —Su tono suena angustiado pero firme.
—No… puedo…
—A la vez que yo. —Coloca mis manos sobre su pecho e inspira profundamente. Intento imitarlo .
Libero el aire que acabo de inhalar, sin embargo, el alivio no llega. La garganta se me cierra y eso provoca una sensación de cosquilleo en mi pecho.
Noto cómo se tensan mis músculos y, en un acto reflejo para aliviar la opresión en mis pulmones, empiezo a toser sin control.
Miro a Galen a los ojos repitiendo el proceso de llevar aire a mi organismo, al mismo ritmo que su propia respiración. En su mirada encuentro desesperación por ofrecer consuelo, casi igual de angustiado que yo, aprieta con más firmeza mis manos sobre las suyas, asintiendo brevemente.
—Eso es, vuelve a coger aire.
Intento hacer lo que me pide pero sigo sin lograrlo. Abatida y guiada por la frustración, suelto un grito, con el poco oxígeno que queda en mi cuerpo, desgarrándome la garganta.
Al hacerlo causo unos destellos blancos a través de mis manos, como hice en el bosque. Caigo al suelo recibiendo el impacto contra mis rodillas pero el dolor desaparece un segundo después.
Galen copia mi postura y me atrae hacia él, abrazándome.
La luz sigue brotando de mí y con ello sé que lo estoy hiriendo.
Sé que sea lo que sea que está saliendo de mí sin control, lo está quemando, pero aun así no me suelta.
No sé si pasa una eternidad o apenas unos segundos, pero sus brazos siguen sobre mí.
Dejo que mi cuerpo libere todo el dolor y rabia que lleva aprisionando estos últimos días.
Cuando la calma se vuelve a apoderarse de mi cuerpo poco a poco, me dejo caer sobre él, quien aguanta mi peso, tanto físico como emocional .
No sé el tiempo que pasamos así, pero me dejo llevar por el latido constante y rítmico de su corazón.
—Lo siento —susurro contra su pecho.
—No pasa nada. —Se aparta un poco para mirarme a los ojos y veo varias quemaduras en su rostro.
—Galen…
—Estoy bien —sonríe sin dejar de mirarme.
Alzo mi mano y acaricio cada herida que le he causado, curándolas en el momento.
La piel me arde, pero me da igual. Él me ha ayudado sin pedirme nada a cambio y es lo mínimo que puedo hacer.
—Es la primera vez que curas a alguien desde que Micah…
—Lo sé.
—También es la primera vez que te atreves a tocarme por voluntad propia.
Noto como mis mejillas empiezan arder ante sus palabras.
—Me gusta cuando te sonrojas. —Desliza su pulgar por mi pómulo—. Te hace más…
Hago que se calle situando ambas manos sobre su boca y él empieza a reírse bajo mi piel.
—Y a mí me gusta el sonido de tu risa —digo y no puedo evitar imitar su gesto.