Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 36
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El sol ya se ha alzado cuando atravesamos los pasillos principales de Solara.

Donde antes había silencio y vigilancia, ahora hay voces junto al constante sonido de botas golpeando la piedra.

Decenas de jóvenes avanzan en distintas direcciones, todos vestidos con el mismo uniforme granate, aunque algunos llevan una insignia en el lado izquierdo del pecho.

Algunos caminan con seguridad, otros con nervios evidentes, como los que yo siento ahora mismo.

—Bienvenida a vuestra nueva rutina —murmura Kaia uniéndose a mi lado, arreglándose el pelo y observándolo todo con una mezcla de curiosidad y tensión.

Y en este momento es cuando desearía que Micah estuviera aquí. Casi puedo sentir el roce de su hombro contra el mío, como cuando intentaba tranquilizarme sin palabras .

—Cuanto antes descubramos que hay detrás de todo esto, antes nos podremos marchar. —Neal aparece de repente, cerrando los botones de su uniforme.

No puedo evitar mirar a mi mejor amiga, quien no aparta los ojos del moreno y este le devuelve una sonrisa ladeada.

—¿Habéis conseguido dormir algo? —pregunta Kaia.

Ninguno ha estado en la cama esta mañana.

Justo después, un bostezo se escapa de mi garganta.

Los dos negamos a la vez, y parece que Kaia tampoco ha descansado, porque se le escapa otro bostezo.

Galen parpadea lentamente, manteniendo los hombros tensos, como si no pudiera permitirse relajarse, y Neal no deja de frotarse los ojos.

A pesar del cansancio, mantenemos la rutina, intentando no dejar que se note demasiado.

El reflejo del sol sobre la piedra clara me obliga a entrecerrar los ojos.

La explanada es amplia y está excavada directamente en la roca del cañón de una manera muy limpia. Hay marcas en el suelo, todas ellas se dirigen a una plataforma elevada al fondo. No hay columnas ni adornos, solo la sensación de orden y vigilancia.

Y eso me provoca un poco de incomodidad.

Los cadetes empiezan a agruparse de forma desordenada, formando pequeños corrillos. Algunos parecen conocerse ya; después de todo, probablemente solo seamos unos pocos los recién llegados que nos incorporamos hoy.

Los murmullos resuenan por todas partes junto con risas tensas y miradas que se cruzan con curiosidad, y otras con recelo .

Varios de ellos estiran los hombros como si de esa forma pudieran liberar la tensión que se ha formado en su interior y otros juguetean con las mangas del uniforme granate, nerviosos.

Somos muchos más de los que imaginaba.

No sé qué es lo que nos delata, pero es evidente que los que venimos de Eros no pasamos desapercibidos. Lo noto en los susurros y en las miradas que se detienen un segundo más.

Galen se coloca ligeramente por delante de mí, de manera sutil, pero lo suficiente para que lo note. Neal permanece a mi otro lado con los brazos cruzados y una expresión seria. Kaia, en cambio, enreda su extremidad con la mía, manteniendo la barbilla alta, como si se negara a sentirse menos.

Una figura asciende a la plataforma.

Es la misma sacerdotisa de la noche anterior. Su túnica granate se mueve con el suave viento cálido y su presencia silencia la explanada sin necesidad de alzar la voz.

—Antes de nada, me gustaría darles la bienvenida a los novatos. —Hace una pausa junto con un breve gesto de cabeza y continua—. Desde hoy, dejáis atrás vuestros lugares de origen.  Aquí no hay linajes, ni templos, ni nombres que os protejan. Solo vuestra disciplina.

Hace una pausa, examinándonos.

—La Facción Escarlata no se organiza por afinidad ni por tipo de poder —habla con expresión firme—. El orden aquí se basa en vuestros méritos.

Un murmullo se expande entre los presentes, bajo pero inquieto. Algunos intercambian miradas rápidas y otros sonríen con suficiencia .

—Seréis divididos de forma aleatoria. Aprenderéis a confiar en desconocidos. A obedecer sin entenderlo todo. A luchar sin elegir bando.

No me gusta cómo suena, pero al mismo tiempo entiendo que es justo eso lo que buscan, causar confusión.

—Hoy no habrá entrenamiento —continúa—. Hoy mostraréis vuestros dones al resto.

—¡Actos! ¡Consecuencias!

Gritan todos los que pertenecen a este lugar y esas palabras me obligan a tragar saliva.

Un joven, de cabello claro y expresión altiva, da un paso al frente desde uno de los grupos. No lleva insignias visibles, pero camina como si el lugar le perteneciera.

—¿También los que pertenecen a Eros? —pregunta sin disimular el desprecio—. Tengo entendido que allí solo saben defenderse… o más bien defender un árbol…

Uno de sus amigos le da una palmada en el hombro, como si estuviera celebrando sus palabras y su sonrisa se ensancha.

A nuestro alrededor, se instala un “oh” contenido que se desliza entre sus amigos. No es sorpresa, sino expectación. Como si acabaran de arrojar una chispa en un campo seco y todos esperaran ver quién arde primero.

Siento cómo Kaia se tensa a la misma vez que yo y Neal ladea la cabeza de una forma peligrosa.

En cambio, Galen no se mueve.

La sacerdotisa no responde de inmediato. Sus ojos se deslizan despacio, hasta que se detiene en mí.

—Tú —dice señalándome—. Da un paso al frente.

Mi estómago se contrae y mi pulso se acelera.

Aun no entiendo cómo funciona este lugar, pero lo poco que he visto basta para saber que aquí todo es más hostil. No estoy en Eros, y aquí las cosas funcionan de una manera muy diferente.

Galen gira apenas la cabeza en mi dirección, lo justo para que vea su mirada, en la que puedo distinguir una especie de confianza hacia mí.

El chico arrogante me observa de arriba abajo, con una sonrisa ladeada.

—¿Ella? —suelta de forma altanera—. Parece frágil.

No puedo evitar observarle de forma desafiante, aunque mi corazón late con fuerza y en mis manos se instala un cosquilleo que reconozco de inmediato.

El poder de la creación.

El miedo de que me controle aflora pero intento enterrarlo en lo más profundo de mí. No puedo dejar que descubran que tengo este poder.

Ni aquí, ni ahora. Así que, con nerviosismo, obedezco.

Él arquea una ceja divertido, como si mi gesto le resultara inesperado.

—¿Así que tienes agallas?

Un escalofrío recorre mi espalda, pero no puedo apartar la vista. Hay algo en su arrogancia que me provoca una extraña mezcla de irritación y desprecio.

—No confundas mi silencio con debilidad —respondo casi sin pensarlo.

Galen inclina la cabeza, como evaluando cada palabra y gesto. Luego su sonrisa se ensancha, orgulloso .

—Bien. Parece que hay más de lo que aparentas —dice con un brillo casi imperceptible de picardía en su mirada café.

El aire entre todos se vuelve pesado, cargado de una tensión que es difícil de ignorar.

—Muestra tu control —ordena la sacerdotisa exasperada.

No especifica cómo, y sin nadie a quien tocar es imposible hacerlo.

Además, desde que murió Micah, no he vuelto a usarlo y el recuerdo de lo que pasó me hace dudar.

Frente a mí, yace en el suelo una pequeña piedra afilada y no dudo en cogerla. Me provoco un gran corte en la palma de mi mano, lo que provoca que la sangre empiece a fluir y caiga en el suelo.

Muestro la herida a todos, pero en especial a la sacerdotisa y al chico. En cuestión de unos segundos siento una leve sensación de quemazón tras mi oreja izquierda, indicándome como siempre, que mi cuerpo se empieza a curar solo.

Y esta vez me centro en cada partícula que se regenera sobre la piel abierta, hasta quedar sellada por completo.

Sin ninguna cicatriz visible.

Un murmullo recorre el lugar. Parece que nadie había visto algo así hasta este momento.

Mis ojos buscan los de mis amigos. Galen asiente, apenas con un gesto mínimo pero cargado de aprobación; Kaia suelta el aire que, por lo visto, tenía contenido y me dedica una sonrisa cálida, mientras que Neal curva sus labios brevemente hacia arriba y, con disimulo, alza el dedo pulgar en mi dirección.

La sacerdotisa hace un leve gesto afirmativo, satisfecha .

—Interesante —dice con firmeza—. Y lo has hecho sin poner en peligro a los demás.

En mi interior siento una mezcla de alivio y adrenalina. He mostrado mi poder, aunque solo ha sido una parte de él.

—Un perfecto poder para una cobarde —dice y su expresión no ha cambiado—. Curarse a uno mismo.

Unas risillas suenan de fondo pero la sacerdotisa las calla enseguida:

—Formación en dos grupos. Darnell y Seal serán los líderes.

Los nombres empiezan a sonar.

Y por primera vez desde que conocí a Kaia no estamos juntas.

Galen acaba en el mismo equipo que yo, y Neal junto con mi mejor amiga. Pese a que sé que podría haber sido peor, una sensación de incomodidad se instala en mi estómago.