31
En cuanto cruzamos, el mundo se rompe un segundo.
El olor me golpea incluso antes de ver nada: una combinación de tierra y humedad flota en el aire. Hay un leve mareo, como si el suelo hubiera cambiado de sitio bajo mis pies.
El pasadizo es angosto y las paredes muestran marcas irregulares, como si alguien hubiera moldeado la roca a propósito para abrirse paso a través del cañón. Bajo mis botas, la arena fina se fusiona con placas de roca lisa, colocadas a propósito para formar un suelo estable.
Kaia se acerca a mí y enrolla su brazo con el mío, mientras que Neal camina delante, imperturbable.
Todos hemos cambiado, pero Neal es al que más se le nota. Apenas pronuncia más de dos palabras seguidas y no hace rabiar a Kaia como lo hacía antes .
En cambio, Galen se mantiene detrás nuestra, mirando y memorizando cada detalle. Yo solo consigo ver la misma pared lisa por la que hemos avanzado.
La figura encapuchada no habla, pero la luz que se ve al final del túnel marca un camino en esa trayectoria.
—Esto no me da buena espina —susurra Kaia para mí.
—Ya estamos dentro. —Neal, que también le ha oído, inclina la cabeza hacia atrás, solo para que nosotros le escuchemos.
El pasillo termina de forma brusca y la luz del exterior nos envuelve.
Salimos a una terraza amplia excavada en mitad del cañón.
No es una cueva, sino una plataforma construida en distintos niveles.
Es un complejo de piedra clara y muros rectos que se eleva hacia el cielo como una torre incompleta, encajada en las paredes del desfiladero.
La arena se ondula por la suave y cálida brisa que atraviesa el cañón, creando dunas alrededor de ella.
En la puerta de piedra, reconozco el símbolo grabado a color carmesí, el mismo que nuestro guía lleva en su túnica roja.
—¿Qué es este lugar? —pregunto sintiendo un escalofrío que no logro contener.
La figura encapuchada se gira. Sus rasgos suaves delatan que tiene nuestra edad, y un mechón de cabello rubio oscuro se asoma bajo la capucha.
—Bienvenidos a Solara, antiguo corazón de los primeros Dragones.
Un silencio pesado cae sobre nosotros.
—¿Qué significa todo esto? —La voz de Kaia es apenas audible.
—Lo descubriréis en su momento — responde el rubio tranquilamente.
—Este lugar no aparece en los mapas —habla Kaia sin levantar demasiado el tono.
—Porque nadie es capaz de verlo —responde el chico.
Neal mira el símbolo con una calma inquietante y pregunta:
—¿Y ahora qué?
—Las pruebas para formar parte de la Facción Escarlata os esperan nada más cruzar el umbral.
El chico se quita la capa y sonríe. Su postura es recta, como si cada movimiento estuviera medido. La luz que entra por la abertura del lugar le recorre una parte del rostro suave y marcado. El pelo le brilla y se puede ver que lo tiene desordenado pero intencionadamente cuidado.
La incertidumbre me invade y, sin saber qué nos espera al otro lado, no me detengo.
Cruzamos el umbral uno tras otro y durante unos segundos solo existe la oscuridad. El sonido del exterior desaparece y la sensación de estar abandonando el mundo que conocíamos se instala en mi pecho.
Cuando vuelvo a distinguir algo frente a mí, comprendo que ya no hay vuelta atrás.