Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) 28
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Kaia no deja de dar vueltas por la habitación. Ahora que sabe todo lo que ocurrió en el bosque el día anterior —el poder prohibido de la creación y mis dos dones—, parece incapaz de quedarse quieta.

Estar aquí, rodeada de las cosas de mi hermano, me hace sentirlo un poco más cerca.

—No puede ser… —Se lleva las manos a la cabeza y las baja lentamente.

La agarro del uniforme, obligándola a sentarse a mi lado en el borde de la cama.

—No han vuelto a venir y eso es una buena señal. Tal vez al ver tanta magia junta, mi poder pasó desapercibido —intento tranquilizarla y parece funcionar, o al menos eso es lo que quiero creer, que estoy a salvo.

—Eres una Kovar molecular y también de la crea….

—Shh. — Coloco mi mano en su boca para acallarla.

—¿Y qué vas a hacer? —Puedo notar la preocupación y cansancio en sus palabras.

—Seguir siendo una Kovar molecular. Es un poder muy raro, pero mi vida no estará en peligro.

La puerta se abre de golpe dejando ver a Galen y Neal. Es cuando me doy cuenta, por primera vez, de que mi mentor es un poco más alto.

—Erilian quiere ver a todos los iniciados en el patio principal —dice el castaño.

Neal nos mira más serio de lo habitual y siento que también ha cambiado, igual que todos nosotros.

El ambiente en Eros sigue siendo extraño a pesar de que han pasado días desde el ataque.

He notado que, a medida que andamos por los pasillos, las conversaciones se apagan cuando alguno menciona los nombres de los caídos.

Antes estaban llenos de ruido; en cambio ahora parecen demasiado grandes para los pocos everen que los recorremos.

Cuando llegamos a la zona indicada, prácticamente toda la Academia está reunida. Hay guardianes, instructores y alumnos que ocupan el espacio de piedra frente al edificio principal. El murmullo es constante hasta que Erilian aparece acompañado por varios profesores.

El silencio cae de golpe sobre el patio y el dragón espera unos segundos antes de hablar.

—Sé que muchos de vosotros habéis perdido amigos, familiares o compañeros durante el ataque. —Su voz resuena con claridad—. Y sé que queréis respuestas.

Nadie dice nada.

—Yo también las quiero. —Sus palabras me obligan a alzar la vista—. Durante los últimos días hemos investigado lo ocurrido en el bosque de Munea. Nuestros rastreadores han encontrado indicios suficientes para confirmar algo que hasta ahora solo eran rumores.

Veo cómo algunos profesores intercambian miradas.

—Existe una organización detrás de estos ataques. —Un murmullo se extiende entre los alumnos—. Se hacen llamar la Facción Escarlata. Por el momento, no sabemos quiénes son sus líderes ni cuál es el alcance real de su influencia.

Erilian guarda silencio un instante.

—Y precisamente por eso os pido que no hagáis ninguna tontería. —Su mirada recorre a todos los presentes—. No intentéis investigar por vuestra cuenta ni seguir rumores. Nosotros nos encargaremos de encontrar respuestas. —Su voz suena cansada—. Ya hemos perdido demasiados everen y seres queridos.

Un peso extraño se instala en mi pecho porque mientras habla solo puedo pensar en Micah, en Lyara, Maden y en todos los que ya no están.

La reunión termina poco después y los alumnos empiezan a dispersarse. Las conversaciones regresan poco a poco y yo me quedo quieta observando cómo Erilian se aleja acompañado por varios guardianes.

—Khione. —La voz de Galen me obliga a girarme.

—¿Qué? —pregunto y no puedo evitar cruzar los brazos porque me siento desprotegida, es como si pudiera leer lo que estoy pensando.

—Ni se te ocurra hacerlo —susurra cerca de mi oído para que nadie más lo escuche.

—No sé de qué hablas.

—Claro que lo sabes. —Durante unos segundos ninguno aparta la mirada.

—Si ellos mataron a Micah, quiero saber por qué —mi voz sale con rabia, y no es hacia él, pero toda esta situación me supera.

—Y yo quiero que sigas viva. —Sus palabras me golpean con más fuerza de la que esperaba.

—No puedo quedarme aquí sin hacer nada —respondo sin pensarlo y Galen suspira.

—Lo sé.

Y su respuesta es peor de lo que imaginaba porque significa que entiende exactamente cómo me siento.

A unos pasos de nosotros, Neal se ha quedado inmóvil observando el lugar por donde ha desaparecido Erilian junto con el resto de los profesores. Kaia tampoco parece tener intención de marcharse.

Y por primera vez comprendo que ninguno de nosotros está pensando en obedecer.

*   *   *

No dejo de dar vueltas en la cama pensando en lo que Erilian ha dicho hace unas horas. He intentado alejar el tema de mi cabeza, hablar con Kaia e incluso leer uno de los libros de botánica que tenemos en la habitación.

Pero nada funciona. Cuanto más intento ignorarlo, más fuerte regresa la misma pregunta.

¿Y si nos están ocultando algo ?

Cierro los ojos con la esperanza de conseguir dormir algo, pero lo único que hago es recordar la expresión de Erilian cuando nos reveló la verdad que ninguno de nosotros estaba preparado para escuchar.

El corazón me late con fuerza solo de pensar en lo que estoy a punto de hacer.

Es una locura.

Si me descubren, sé que habrá una represalia o incluso algún castigo. Pero seguir sin saber nada empieza a resultarme la peor opción de todas.

Finalmente, el impulso de saber lo que está pasando vence al miedo de lo que pueda pasar si me encuentran. Resignada, me levanto sin hacer ruido para no despertar a Kaia y salgo fuera de nuestra habitación.

Un escalofrío me eriza la piel al sentir el cambio de temperatura del pasillo. Y con decisión y dispuesta a asumir cualquier castigo me pongo rumbo al despacho del dragón.

Una vez delante de la puerta giro el pomo con la esperanza que este abierto pero no es así.

Mierda…

De repente una mano agarra la mía y antes de que pueda reaccionar o gritar siento como el mundo se desvanece. Cuando enfoco la vista me percato de que los dos estamos dentro del despacho, gracias a una lámpara de aceite que está a punto de consumirse. La otra palma de Galen está sobre mi boca.

—¿Sabes? eres más ruidosa de lo que piensas.

De un golpe aparto su mano y empieza a reírse .

—Y tú un idiota. —Los nervios me provocan un hormigueo en los dedos y me alejo del castaño—. Podría haberte herido.

—Pero no lo has hecho. —Siento su aliento rozarme la nuca.

Veo varios papeles encima de la mesa pero al leerlos veo que no son nada importantes y los vuelvo a dejar en su sitio.

—¿Qué estamos buscando exactamente? —pregunta situándose detrás de mí.

—No lo sé… algo que nos diga dónde están escondidos.

Intento abrir un cajón pero no lo consigo ya que está cerrado con llave. Sin previo aviso me sujeta de la muñeca y tira de ella atravesando la madera.

Me quedo embelesada al sentir su poder recorrer parte de mi brazo y cómo nuestras manos desaparecen ante nuestros ojos.

—Si hay algo de información —murmura y mis ojos encuentran los suyos—. Debe estar aquí dentro, cógelo y …

El sonido de una llave me hace sobresaltarme y Galen me arrastra hacia otra puerta que está detrás de nosotros.  La oscuridad más absoluta nos rodea y siento una de sus manos en mi cintura, mientras la otra sigue aferrada a mi muñeca.

Mi respiración es agitada en comparación con la de él, porque estoy segura de que no es la primera vez que hace algo así. Justo cuando alejo la cara de su rostro, alza su mano para apartarme el pelo del oído y susurrarme:

—No tardará mucho en irse.

Asiento, aunque no puedo moverme mucho y cada vez que respiro noto el roce de su uniforme contra el mío, poniéndome nerviosa. Intento concentrarme en los pasos que suenan al otro lado de la puerta, pero es imposible ignorar que Galen sigue sujetándome la cintura.

—Ya puedes soltarme —murmullo.

—Estás pisando mi pie.

—Eso no es verdad. —Al bajar la cabeza, mi nariz roza con su barbilla y siento como el calor me sube a las mejillas.

—Llevo un rato sin sentirlo.

El silencio vuelve a instalarse entre nosotros. Debería estar pendiente de los pasos al otro lado de la puerta, y preocuparme de que no nos descubran.

Pero mi atención sigue en Galen, en la forma en la que traza pequeños círculos sobre mi cadera pese a que le he dicho que podía soltarme.

Y no solo eso, también en la tranquilidad con la que parece afrontar cualquier situación.

No debería de estar pensado en esto y menos con todo lo que ha pasado.

Desde aquí me llega el olor a polvo pero no solo eso, también consigo percibir un olor especiado y dulce se filtra en mis fosas nasales, debido a la cercanía de Galen.

Y por primera vez desde la muerte de Micah, parece que consigo respirar con normalidad.

Las pisadas al otro lado de la puerta terminan alejándose.

Esperamos unos segundos más.

Cinco.

Diez

Quince.

—Ya está. —La voz de Galen apenas es un susurro .

Su mano abandona mi cintura y, por alguna razón, siento el vacío que deja. Salimos del pequeño cuarto y cuando regresamos al despacho, la lámpara sigue parpadeando sobre la mesa.

—Tenemos que darnos prisa —murmura.

Asiento y vuelvo al cajón. Cuando me quiero dar cuenta nuestras manos atraviesan la madera, mis dedos encuentran algo.

Lo saco rápidamente y Galen se coloca a mi lado mientras lo despliego sobre la mesa.

Por un momento creo que es una carta, pero es un mapa.

El castaño alcanza la lámpara lo que me permite ver mejor varias marcas rojas rodeando la zona norte de Theyra.

—¿Qué significa esto? —Mi pulso se acelera y no sé si que Galen esté cerca es una de las razones.

—No lo sé. —Sus ojos recorren los símbolos dibujados en uno de los márgenes—. Pero estoy bastante seguro de que no deberíamos estar viéndolo.

Mi mirada se detiene sobre una anotación escrita a mano.

Facción Escarlata.

—Galen… —La respiración se me atasca pero él también lo ha visto.

Durante unos segundos ninguno dice nada, porque ambos sabemos que hemos encontrado algo real. Algo que podría conectar directamente con ellos.

—Tenemos que enseñárselo a Neal y Kaia —digo y no dudo en doblar el papel y guardarlo en el bolsillo del uniforme.

—Y después hablar con Erilian. —Lo miro como si acabara de perder la cabeza.

—¿Hablar con Erilian? —pregunto acercándome a la puerta.

—Antes de que decidas hacer algo estúpido.

—¿Algo estúpido como qué?

—Ir a ese lugar tú sola. No pienso permitirlo.